Teatro en pandemia. El gesto virtual de la resistencia

Por Isabel Cristina López Hamze

Históricamente el teatro ha sido foro, lugar de encuentros y sitio para juntar los cuerpos. Así era en los tiempos en que 30 mil espectadores se reunían para experimentar la catarsis en el teatro de Atenas, justo entre el viejo templo de Dionisio y la ladera. Así era en los corrales españoles cuando los aguadores llevaban mensajes de amor prohibido de un lado a otro de las gradas. Así era en El Globo, a orillas del Támesis, en las afueras de la ciudad de Londres. Así fue en todas las épocas, incluso en las creaciones más experimentales donde un intérprete actúa para un solo espectador. El teatro es un arte colectivo. Proceso y resultado dependen de la unión de personas, de los cuerpos y su conjunción.

Varios han sido los textos que analizan, promocionan o describen la situación del teatro cubano en pandemia. Uno de ellos, quizás el más completo de todos, es el material creado por Eberto García Abreu publicado en el mes de junio del año 2020, en la revista argentina Funámbulos. Después de la pandemia… el TEATRO, compila las voces de varios teatristas a lo largo de la Isla. El autor reflexiona sobre la inusitada situación sanitaria que trajo consigo el cierre de los teatros, y marca, junto a los teatristas que colaboran con sus testimonios, el ritmo de la Cuba teatral de aquellos días. En ese momento, el país se encontraba recuperándose de una primera oleada de casos positivos al coronavirus y, luego de una férrea cuarentena, se veía con optimismo la nueva normalidad. En las voces que se alzan en el texto está el deseo de volver a la escena, la esperanza de poder hacerlo con renovadas fuerzas y la certeza de esa luz que titila en el fondo de todas las oscuridades.

Ha pasado un año desde aquella publicación, en la que actores, críticos, investigadores y directores de teatro cubano hablaban del miedo y de la incertidumbre provocados por la COVID-19. Pero también hablaban de nuevos caminos, de nuevas teatralidades, de nuevos imaginarios escénicos.

Hoy estamos en el peor momento de la pandemia. Suben los casos y baja la percepción de riesgo. Tenemos vacunas y candidatos vacunales con un efecto positivo, pero las personas siguen muriendo por el virus ya que el resultado de la inmunización se verá a mediano plazo. Los teatristas han sufrido el impacto devastador de la enfermedad y la muerte. La pérdida más cercana para mí, es la del actor guantanamero Rafael Rodríguez director de Teatro Ríos. Rafa era, junto a Tula Campos, el único fundador en activo, de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa, era un enamorado del teatro y de la montaña, un soñador infatigable que solía decir con su guitarra al hombro: “Mientras yo tenga un poquito de salud, mientras yo pueda caminar, esta Cruzada es mía.” Así recordaremos a Rafael y a su payaso Quirimbolo, alegrando a los niños y a los grandes por todo el lomerío.

La pandemia, además de los nuevos escenarios, nos ha traído un dolor inmenso. Sin embargo, nuestro gremio, no ha parado de inventar teatralidades para mantenerse cuestionando, proyectando la realidad desde su mirada múltiple y honda. Los teatristas no han dejado de crear, de soñar, de construir, de poner en escena. Ahora se trata de una escena trasmutada, en la que el cuerpo se implica de otra manera. Los dedicados a la docencia, a la creación, a la investigación, a la crítica, a la edición, a la asesoría, han seguido trabajando, con un ímpetu que provoca admiración.

Aunque el aislamiento social ha traído un impase para las artes escénicas, ha llegado también la hora de repensar las historias de los grupos, los caminos del teatro cubano y las relaciones con el espectador. Este tiempo ha generado la reflexión, la indagación e investigación en solitario.

A pesar de todo lo terrible que representa el virus para la humanidad, el confinamiento nos ha regalado tiempo. Muchas veces los teatristas no tenemos el tiempo, ni el espacio propicio para investigar, escribir y trazar los planos de nuevos procesos creativos. Estos meses en casa han sido una pausa que los mejores creadores han sabido aprovechar y veremos los resultados en el futuro. Como los músicos cubanos han escrito canciones que reflejan el impacto de la pandemia, ya llegarán los espectáculos sobre este tiempo convulso. Ya veremos en escena Cuarentena, del dramaturgo, investigador y narrador Ulises Rodríguez Febles. Este y otros estrenos como registro de una época, pero también como vaticinio de nuevos rumbos para el teatro cubano y la humanidad.

Además de ese trabajo en solitario que incluye la escritura, la introspección y el análisis de los procesos, los artistas también han indagado en nuevas prácticas y contactos con el público.  El cine, las redes y los medios de comunicación masiva han sido vistos por muchos como la competencia del teatro. Algunos apocalípticos han querido ver la muerte del arte escénico a manos de las grandes pantallas y dispositivos móviles. Los más románticos siguen creyendo en la naturaleza efímera del teatro, como la garantía de la vida eterna. Están los que han sabido readaptarse a las exigencias de los escenarios virtuales y los que se resisten a poner sus obras en Internet o en la televisión, los que sienten y piensan, de forma igualmente legítima que, si no hay contacto físico en tiempo real, no es teatro.

En esta época de crisis y aislamiento, la tecnología y los medios han salvado al teatro, han salvado los afectos y han generado nuevas prácticas de convivencia.Y vemos foros digitales para el diálogo entre teatristas y escenas creadas para internet y fotos de los titiriteros haciendo mascarillas y títeres en la misma máquina de coser, y textos que van y vienen por los correos electrónicos y que tal vez pronto veamos en la escena. Tecnovivio, resistencia, alianza con lo virtual, escena pandémica, teatro online… Muchos han sido los nombres para definir el ímpetu de los creadores y su compromiso con el teatro. Las maneras de usar la tecnología han sido diversas. El teatro ha llegado a WhatsApp, Facebook, Instagram, YouTube, Zoom, Google Meet, Just y a cuanta plataforma se ha podido acceder sin o con VPN, burlando todos los cercos, buscando los datos con la misma pasión con la que se busca la tela soñada para la confección de un vestuario.

En la pequeña pantalla de mi teléfono existe un universo teatral que vibra con una fuerza increíble. Ahí están las noticias, entrevistas, historias de repertorios, fotos, recuerdos. Están las clases que imparto por WhatsApp a los grupos de Actuación del ISA, están los debates entre los profesores del departamento de Teatrología y Dramaturgia que intentan cada día acercar más a los estudiantes al teatro, a pesar de las distancias. A través del teléfono hemos participado en eventos internacionales, se han dado conferencias, talleres, cursos. Y nos hemos puestos, los teatristas cubanos, a la par del resto del mundo. Gestionando, inventándola en el aire, como hacemos con los espectáculos y los eventos presenciales.

Quizás los empeños más visibles sean los del gremio del teatro para niños y de títeres, con el influjo maravilloso de Rubén Darío Salazar y Teatro de Las Estaciones, que no se cansan, no se rinden, no se resignan al silencio y al vacío. Cada publicación en Facebook enciende una llama de esperanza y amor, en medio de tanta tragedia. Gracias a ese ardor por el teatro hemos disfrutado de muchas experiencias, dígase puestas en escena en diferentes formatos. Ahí están varias series para internet, entre ellas Un minuto con Pelusín del Monte, el programa de televisión Corazón Feliz, el video clip Sinsonte, en colaboración con Ivette Ávila y Cucurucho Producciones y tantos otros proyectos hermosos que, desde Matanzas, nos llenan de inspiración.

En Las Tunas Teatro Tuyo también ha aportado un gran número de iniciativas como Payasos a domicilio, que fueron clases vía WhatsApp para estudiantes de la Escuela Nacional de Clown. Ernesto Parra y su equipo también estrenaron La Casa de Papote, que recrea las aventuras de este ya antológico personaje ahora para la televisión.

La cuarentena y el aislamiento han unido a las familias, y fomentado la construcción de nuevos puentes intergeneracionales entre padres e hijos. Han variado las normas de la comunicación y los aprendizajes dentro de la casa. Un ejemplo de esta nueva dinámica de la familia teatral en aislamiento es el proyecto televisivo El teatrino de Diego, de Teatro La Salamandra, que nace de la sensibilidad y el trabajo colectivo de Mario David Cárdenas y Ederlis Rodríguez, quienes decidieron hacer un teatrino de papel y recrear pequeñas historias narradas por su hijo Diego de doce años de edad.

Otra de los aportes que le han brindado las redes al teatro es el intercambio directo, profundo y constante entre los creadores de diferentes partes de Cuba. Yosmel López del Teatro Guiñol de Guantánamo y la actriz Niurbis Santomé, de Teatro La Proa llevaron a cabo uno de esos intercambios felices y prósperos. El joven director inició una serie titulada Acércate al teatro titiritero, donde publicó compilaciones de títeres para hacer de forma fácil, por su lado, aquí en La Habana, la titiritera comenzó a construir y manipular varios de aquellos títeres. Los videos de Anímese en casa, creados por Niurbis a partir de las sugerencias de Yosmel son ya parte de la historia de nuestro teatro en pandemia.

Pocos son tan inquietos como los muchachos de Teatro La Proa. Arneldy Cejas y Erduyn Maza son los impulsores de muchas series para Facebook como: Los títeres hablan, El Público de teatro La Proa, Días para agradecer, o Teatro La Proa celebra su cumpleaños 17. No se trata de simples post de Facebook, sino de recorridos históricos, de entrevistas y miradas acuciosas al mundo de los títeres. Otra de sus iniciativas fue El concurso de Masabito, un espacio para el conocimiento y la diversión, cantar y promover lo mejor del teatro para niños en el escenario virtual.

Otro de los colectivos que podemos encontrar en ese vasto contexto digital es a El Mirón Cubano. Con el liderazgo de Rocío Rodríguez, el teatro y su artesanía ancestral son proyectados a los niños en tono lúdico y seductor con Cuentos al oído y Tangram. El Mirón está de función permanente en Facebook, Telegram, Instagram y WhatsApp.

Puedo mencionar también el animado didáctico Tito reacciona, escrito por Maikel Chávez y dirigido por Ernesto Tamayo y a la serie Chamaquili y la Pandemia, una bellísima colaboración entre el poeta, narrador y repentista Alexis Díaz Pimienta y La Colmenita. Estas son otras de las creaciones surgidas del aislamiento social y el acercamiento creativo. Los proyectos de Titirivida, en Pinar del Río, los actores del Teatro Guiñol de Holguín quienes se encuentran, en este momento, haciendo programas de radio y los cuentos de Palabras al Viento por WhatsApp, también desde la Ciudad de los Parques, son experiencias que iluminan el panorama y nos dejan el sabor dulce de una fruta fresca a pesar de la aridez.

En el teatro para adultos también hemos visto una escena trasplantada, quizás en menor medida, pero con la intensidad que define a los más laboriosos y creativos. Muchas obras de teatro fueron subidas a YouTube o Vimeo como la alternativa para mostrar el trabajo y mantener el contacto con el público. Otras fueron llevadas a la televisión como Hierro, el más reciente estreno de Argos Teatro, dirigido por Carlos Celdrán. Se han compartido fragmentos de espectáculos por streaming, y se han compilado materiales sonoros como podcast. La necesidad de estar aislados, generó una recuperación del gusto por la lectura y también el teatro se benefició. Los dramaturgos publicaron sus textos en las diferentes plataformas virtuales. Y podemos ver el nivel de interacción grande con los públicos. Puedo citar como un ejemplo significativo el canal de Telegram de Trébol Teatro, donde los textos del dramaturgo Yunior García alcanzan las mil quinientas vistas.

Las alianzas entre los artistas escénicos y el audiovisual también han dado resultado en estos tiempos. Están los videos-arte y videos performance de los artistas de La Caja Negra, en Santiago de Cuba, los video-danza de Médula, agrupación danzaría guantanamera dirigida por Yoel González, y el video clip Cuando Calienta el Sol un featuring de Carmen Salina, la Orquesta Dámaso Pérez Prado y Teatro El Portazo. A estas se suman otras propuestas que mezclan el cine y el teatro y también los proyectos televisivos humorísticos en los que casi todo el elenco está compuesto por actores de teatro.

Otras creaciones nacidas de las urgencias en cuarentena llevan el sello de lo femenino y lo autorreferencial. Este tópico dentro de las teatralidades que hemos visto florecer desde nuestras computadoras y teléfonos móviles, me gustaría abordarlo en un próximo texto que se acerque, exclusivamente a las “pandémicas fememinas”. Puedo mencionar el Proyecto Transmedia TroyanasEnYoutube (Canal para Heroínas), dirigido por la teatróloga y escritora Ámbar Carralero Díaz. Se trata de textos sobre el universo femenino puestos en cámara/escena por actrices jóvenes que llevan la marca de personajes clásicos. Helena&Andrómaca, Hécuba, Casandra y Elektra parecen hablarle de frente a las mujeres de este tiempo. Por otro lado, y en una cuerda completamente diferente, tenemos a Claribel, el personaje creado por la actriz Lola Amores. La sensación que ha causado esta mujer espontánea y simpática en sus diez apariciones en las redes, se debe quizás a su condición de youtuber clawnesca. El teléfono funciona como la técnica del espejo que la actriz ha trabajado durante muchos años en el teatro. La distinguen una gran dentadura y unos mohines desparpajados, además de las temáticas que aborda, entre lo íntimo femenino y lo social. Ambas experiencias, junto a otras creadas por mujeres merecen un estudio teatrológico que abarque sus dinámicas, sus contenidos y su producción.

Las redes, tildadas de banales y falsas, han servido de estímulo vital para los creadores, pero sobre todo para los que recibimos, esos que antes, en tiempos normales, nos sentábamos en lo más oscuro de la platea. Cada día de mi vida asisto a una actividad relacionada con el teatro. Ya sea a una puesta en escena en Vimeo, o a las entrevistas que realiza la dramaturga Daniela Alí a los actores jóvenes para Galería Teatral en Hypermedia Magazine. Estoy cerca del teatro cuando leo algún post de Facebook de Norge Espinosa, siempre agudo, lúcido e inspirador, o cuando veo las publicaciones sistemáticas de Escena Matancera a cargo de Ulises Rodríguez Febles. Lo teatral también está en la felicitación de cumpleaños de la pequeña Viviana, quién fue afortunada de recibir la videollamada del mismísimo Pelusín del Monte, y en la celebración por los 30 años de matrimonio de Adis Nuvia y Juan González Fiffe, el núcleo de la familia teatral de Teatro Callejero Andante. Porque la línea divisora entre teatro y vida, aún durante estos meses terribles de pandemia, sigue siendo delgada y frágil. Por eso guardo a mi “Carlitos de la suerte” esa imagen hermosa de Carlos Díaz que se hizo viral en nuestros escenarios virtuales y que replicamos como si se tratara de una carta de triunfo, como el amuleto que nos promete volver al teatro.

Cuando la pandemia se asomó a nuestra Isla no sólo cerraron los teatros, sino que se interrumpieron los procesos de creación y formación. Obras en cartelera, y en proceso de montaje y el trabajo en las escuelas se suspendieron bruscamente. Cuando la nueva normalidad vuelva al teatro cubano, llegarán con ella nuevos temas y nuevas perspectivas para aquellos procesos que quedaron a medias. Quizás algunas obras perderán su sentido y otras serán reinventadas para contar la historia de un aislamiento creativo, donde el cuerpo a cuerpo fue interrumpido, aunque las ideas y las motivaciones de los que aman el teatro siguieron conectándose.

El teatro se salva a sí mismo y resurge en estos tiempos con un gesto virtual, una especie de guiño a su propia esencia. En medio de esa efervescencia creativa algunos pensamos en que se imponen nuevas formas de relación con el espectador. Otras maneras que seguramente influirán en la gestión, la promoción y la circulación de las obras, en los temas y las estéticas, en los procedimientos creativos y por ende en todos los oficios que rodean al teatro. Creo que, cuando todo acabe, la pandemia nos habrá dejado fortalecidos como gremio, como un movimiento más fuerte y más unido. Habremos aprendido sobre la tolerancia que demandan las redes sociales y la libertad de expresarnos desde nuestros perfiles de Facebook. Habremos aprendido a manejar la tecnología, sin recelos y sabremos emplearla mejor para que tribute al teatro y su promoción en tiempos normales.

El coronavirus ha cambiado el mundo, algo que el teatro siempre se ha propuesto hacer y no lo ha conseguido. En este día, del siglo XXI, ya estamos viviendo el futuro en que un nuevo teatro seguirá intentando cambiar al mundo con la herencia ancestral de juntar a la gente. Y cuando llegue ese día en que nos encontremos no habrá cuarta pared que separe nuestros cuerpos. Yo no puedo imaginar la emoción tan grande que sentirán las mujeres y los hombres de teatro. Mientras tanto, yo seguiré apegada al universo teatral que habita en las pantallas. Hasta ese día glorioso en que nos volvamos a encontrar.

Fotos tomadas por la autora (capturas de pantalla)

Imagen de portada tomada de gaceta UNAM

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