Sobrevida de una transgresora

Por Omar Valiño

Retorna la vida. También vuelve el teatro. Después de largos meses sin las habituales funciones en las salas, abren nuevos ciclos de programación y el público, siempre fiel, acompaña.

Argos Teatro, la destacada compañía a punto de cumplir su primer cuarto de siglo, presta su apoyo y su sede, en Ayestarán y 20 de Mayo, al estreno absoluto de Favez, una producción que involucra por completo al matrimonio de Liliana Lam y Alberto Corona, con los auspicios del Consejo Nacional de las Artes Escénicas y otras diversas instituciones.

Lam y Corona firman el texto, Alberto la dirección y Liliana da vida al personaje que nos desafiará desde las tablas. Se trata de Enriqueta Favez, aquella mujer nacida en Suiza a finales del siglo XVIII ante cuya vida nuestras pequeñas historias palidecen.

Liliana Lam la atrapa en un pequeño y sintético espacio diseñado por Omar Batista. Sin perder la voluntad esencial de la voz única del monólogo, convierte el hermoso escenario en celda, casa, cárcel, convento, desde donde la encarna y la evoca al mismo tiempo. Repasa su vida, esa de lucha permanente por romper esos claustros adonde la confina la época, la ley, la religión, la miseria humana contra su deseo de ser en libertad una persona plena y útil más allá de un corsé de género.

Liliana, entre suaves ondulaciones en la línea de ritmo, un limpio decir y una visceral interpretación, nos cuenta, entre otros muchos hechos, la relación de Favez con su tío, el desgarramiento por la pérdida de su único hijo, sus estudios de Medicina en La Sorbona vestida de hombre al asumir, en parte, la identidad de su marido muerto. La corta dicha al lado de su cónyuge Juana de León en la aislada Baracoa cubana de principios del XIX.

Y luego, acelera ese ritmo para transmitir el vía crucis del personaje sometido a los vejámenes de la injusticia secular contra la mujer. Juicios, habladurías, traiciones y destierro en «agradecimiento» a su entereza, su amor sin doblez y su entrega al prójimo en un ejercicio médico adelantado a su tiempo.

La vida de Enriqueta Favez, en su enérgica riqueza, emerge elocuente de este espectáculo motivado por el libro Por andar vestida de hombre, de Julio César González Pagés, con esa virtud de vida en presente que nos ofrece el teatro.

No por casualidad los acercamientos a la trayectoria de Enriqueta Favez, antes y después de esta importante publicación, se multiplican en tanto símbolo de una mujer que con sus transgresiones empujó los límites de una época. Aun hoy, cuando Cuba discute un nuevo Código de las Familias, su vida nos sirve, desde la escena o desde el bronce en que la fijó Villa, para aquilatar toda la necesidad de justicia.

Fotos tomadas del perfil de facebook de la actriz

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