“Siempre hay algo nuevo que aprender y superar”

La actriz Amada Morado nos cuenta qué significó en su carrera personal y actoral, trabajar junto a la maestra Berta Martínez. Un recorrido por su trayectoria artística acompañada de “una gran maestra”

Por Amada Morado

Hablar de Berta Martinez es hablar de una extraordinaria actriz, directora y diseñadora; es hablar de una gran maestra. En Berta es difícil diferenciar una actividad de otra. Verla actuar es disfrutar de maravillosas interpretaciones. Inolvidables son sus personajes: la Muda Catalina de Madre Coraje, su Lala Fundora en Contigo pan y cebolla, la Diana del Perro del Hortelano, la señora de la Ronda y tantos otros personajes. Clases magistrales de actuación, derroche de talento.

Tuve el privilegio de trabajar con Berta en varias obras dirigidas por ella: Don Gil de las Calzas Verdes, La casa de Bernarda Alba, Bodas de sangres, Macbeth y Las Leandras.

Mi primer contacto de trabajo con ella fue en 1968. Fui a trabajar al grupo La Rueda donde Berta estaba invitada a dirigir La reina de Bachiche. Obra del dramaturgo cubano José Milián. Sentí una emoción indescriptible al saber que iba a trabajar con la actriz y directora cuyo desempeño actoral tanto admiraba.  Recibimos entrenamientos físicos y ensayamos durante varios meses. No se pudo estrenar la obra porque el grupo La Rueda tenía el compromiso de una gira a México con Los entremeses japonés y debían prepararse.

Berta se incorporó nuevamente a Teatro Estudio. En ese momento Raquel Revuelta había asumido la dirección general del grupo. Hablé con Berta para incorporarme a trabajar en Teatro Estudio y me dijo que debía hablar con Raquel. Sin perder tiempo fui a conversar con Raquel y a los pocos días me aceptaron. Estamos hablando de octubre de 1968. Han pasado 53 años.

Mi primer trabajo con Berta en Teatro Estudio fue el estreno de Don Gil de las Calzas Verdes. Era de un rigor y una entrega absoluta en su trabajo. Estaba pendiente del más mínimo detalle. El trabajo con los personajes y el coro era meticuloso. Cada ensayo era una clase, siempre lo fue. Ver y escuchar a Berta dirigiendo era maravilloso, era la maestra que impartía varias asignaturas. Conocía las características y posibilidades de los actores, los iba guiando.

Trabajaba con los personajes y con el coro con la misma intensidad, podía dedicarles horas, hasta que saliera lo más perfecto posible. Se detenía en cada personaje, su carácter, la limpieza de la cadena de acciones, la proyección, la caracterización…

Comenzaba a hablar de los grandes pintores del Siglo de Oro Español y de repente comenzaba a montar escenas, cuadros vivientes con los actores, todos formábamos parte de ese pincel con el que iba creando imágenes y colores. Pero no era suficiente, eso necesitaba de luces, contraluces, claro oscuro, sombras. Entonces, aparecía la diseñadora de luces para explicarnos el porqué de cada cambio, de la intensidad, de la fuerza dramática. Allí estaba la diseñadora de vestuario, de utilería, seleccionando el objeto preciso y más representativo. Berta también trabajó con otros diseñadores y se producía un intercambio de experiencias fructíferas. Muchos también fueron sus alumnos.

En 1970, Berta hizo una adaptación de La casa de Bernarda Alba. La nombró Bernarda. Fueron meses de duro e intenso trabajo físico y actoral. No pude llegar al final porque me encontraba embarazada de varios meses. El trabajo fue muy fuerte y contó con la entrega de sus intérpretes.

Más adelante se estrenó La casa de Bernarda Alba, Bodas de sangre, Macbeth, entre otras. Cada montaje necesitaría un estudio exhaustivo. Excelente experiencia, desarrollo personal. Berta me dio la posibilidad de interpretar personajes muy queridos por mí y que mucho han aportado a mi carrera. ¿Cómo olvidar el Don Pedro de Don gil, la Bernarda Alba, la Madre de Bodas…, la Manuela y la Seña Rita del Tío Francisco y Las Leandras y tantos otros?

¿Cómo olvidar la gran maestría en cada una de sus puestas, la caracterización de cada personaje y su época, el ritmo, las luces, la entrega, la precisión de los coros, la limpieza de los movimientos, la utilización de los paños, jarrones, abanicos, etc.?

¿Cómo olvidar las emociones, las alegrías, llantos y profundo orgullo al representar a Cuba en diferentes escenarios con Bodas de sangre?  ¿Los aplausos y las reacciones en Yugoslavia, en España, en Portugal, en Colombia y Venezuela? Y hablo de países y no de la cantidad de regiones donde actuamos en 1980 y 1983.

En 1998 y 1999 participamos en giras por España con la compañía Hubert de Blank y las obras Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba.

Nuevamente excelente acogida y recibimiento en todos los lugares visitados. Al regreso de la gira de 1999, se programaron funciones de La casa de Bernarda Alba en sala del Hubert de Blanck. Voy a citar una de las respuestas de Berta al periodista Jorge Ignacio Pérez del periódico Granma, el 30 de junio d 1999.

¿Fue muy riesgoso representar a Lorca en su propio país?

-Para sorpresa nuestra –cuenta Berta Martinez- impresionó positivamente este Lorca clásico, sobre todo a los jóvenes, algo que me satisfizo mucho. Tuvimos representaciones en los lugares más insospechados. Nunca imaginé que una de mis puestas se pudiera ver en una carpa, como sucedió en Almería, Andalucía. Veo en aquellas funciones un reconocimiento importante para el Teatro cubano.

Berta siempre se preocupó por los jóvenes y les prestó mucha atención y ayuda. Nos invitó a ser mejores cada día profesionalmente y como seres humanos. Decía:

 La carrera que han elegido requiere de talento, entrega y superación constante. Nunca se termina. Siempre hay algo nuevo que aprender y superar.

Consejos que no debemos olvidar. Gracias Maestra.

 

Foto de portada: La actriz Amada Morado en Don Gil de las Calzas Verdes. Foto cortesía de la autora.

 

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