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“Si de resistencia creativa se trata, ahí está el Circo Areito”

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Por Kenny Ortigas Guerrero

Más que en el virtuosismo de sus artistas o en descollantes números de acrobacia, malabares, magia… me concentré -en esta ocasión- en las energías que brotaban de cada uno de los artistas del Circo Areito, en las funciones realizadas del 10 al 14 de agosto, en el Auditorio deportivo en las áreas del Casino Campestre.

La frase popular que dice “su rostro es un poema”, se podía aplicar perfectamente a cada uno de los miembros del elenco de esta agrupación, enfatizando sobre todo en los jóvenes que se van incorporando y a los que le sobra talento a pesar de no ser todos egresados de academias de arte, pero que llevan un riguroso sistema de entrenamiento.

El Circo Areito de Camagüey se va convirtiendo en un digno ejemplo de resistencia creativa -para hacer uso del tan citado término por estos días- ante los contratiempos que impone la realidad en la que nos estamos desenvolviendo. Las carencias materiales, que -desgraciadamente- no puede resolver la institución en determinadas circunstancias, y que los artistas asumen “multando sus bolsillos” para poder ejecutar cada producción, no mellan en el empeño y las motivaciones para sostener este colectivo, que cada día se preocupa y ocupa de elevar la calidad en su trabajo, sosteniendo una labor continuada en el perfeccionamiento del desarrollo artístico.

Por otra parte, en varios espacios he realizado la precisión de que no basta con mostrar un elevado dominio de la técnica, si eso no está acompañado de una energía que envuelve la proyección escénica y conecta con la sensibilidad del espectador, como logró hacerlo el circo. Un artista da algo para recibir a cambio otra cosa del público y viceversa. Se trata de trueques que por naturaleza existen en esa relación y que sin ellos surge un vacío insoldable carente de sentido y empatía.

El circo, como dicen algunos colegas del gremio, es el espectáculo de la familia toda, es el lugar común de encuentro para grandes y chicos, cuestión que pudo corroborarse en estos días de temporada. Desde otra perspectiva, también ha sido un arte al que muchos han intentado denigrar y colocarlo como una expresión de rango menor ante otras manifestaciones. Sus orígenes se remontan a festividades populares donde las personas desparramaban sus sentimientos y emociones más intensas a modo de catalizador de su contexto y reflejaban posiciones extremas que transitaban desde la más auténtica alegría o euforia hasta las zonas más oscuras del espíritu.

Pensemos en el antecedente del circo romano donde la violencia también formaba parte del gran espectáculo catártico. De aquellos tiempos se fue construyendo la expresión: “al pueblo dales pan y circo”, como forma de dominación y control que podía disipar cualquier atisbo de agitación social contraproducente a los intereses de las fuerzas gobernantes.

Hago esta breve explicación porque varios comentarios malintencionados trataron de tergiversar el sentido real de las presentaciones del Circo Areito, que se realizaron en un momento tan agobiante como complejo -que aun continua- atizado por la crisis energética y cuyas presentaciones estuvieron al borde de la cancelación hasta que, en el último minuto, se logró gestionar una planta eléctrica que aseguró cada una de las siete funciones. El pueblo cubano, lejos está de dejarse engañar desviando su atención de los problemas reales por los que atraviesa. Somos una isla de hombres y mujeres inteligentes que nos vamos creciendo cada día ante las múltiples adversidades. Que el arte y sus creadores acompañen esta difícil coyuntura también es un privilegio.

Las funciones del Circo Areito recaudaron más de 200 000 cup, lo que dice de la gran aceptación que tienen este tipo de espectáculos, incluso hubo que dar doble función -que estaba fuera de los programas- por la alta demanda que exigía el público camagüeyano, ávido de esparcimiento en esta etapa veraniega, donde la alegría y el bienestar que producen el arte y la cultura son una refrescante opción para aminorar las cargas.

Volviendo a la idea inicial, tuve la oportunidad de situarme en la línea limítrofe que dividía representación y graderío. Como ventilador automático mi mirada iba de un lado al otro y mientras artistas y público disfrutaban al máximo de la puesta en escena, yo disfrutaba de los rostros, de la empatía que llenaba la sala.

El Circo Areito, sin carpa por ahora, pero con paso firme en su camino de crecimiento ideo estético, refrenda su vocación de servicio, de compromiso social y poco a poco va recuperando ese territorio que había perdido por muchos años de inercia. Territorio este, que ahora a golpe de constancia y esfuerzo lo vuelve a situar en la preferencia de la familia agramontina.

En portada: El público del Circo Areito. Foto: Alejandro Rodríguez Leiva/Periódico Adelante