REPIQUES DE UNA CAMPANERA

 Por Isabel Cristina Hamze

Fátima Patterson nació en el santiaguero barrio de Los Hoyos en 1951. Fundó el Estudio Teatral Macubá en 1992, colectivo que dirige hasta hoy. Macubá se sustenta en la labor de investigación y confrontación de vivencias. La estética de Macubá se define como un teatro de raigambre popular, con plena utilización de elementos formales y del movimiento escénico consustancial del folklore cubano. Acude a fuentes como patakines, supervivientes en Cuba del ceremonial Yoruba recogido por la santería, las tradiciones vivas orales del Palo Monte y la poesía antillana tradicional. Estudio Teatral Macubá entremezcla en su quehacer la memoria, lo onírico, la sabiduría, la religiosidad y la mitología popular.

 El grupo posee un rico repertorio que abarca obras teatrales, monólogos, recitales y espectáculos, entre los que sobresalen: Repique por Mafifa, Entre nosotros, De caminantes y caminos, Como me lo contaron, De hombres y orishas, Serpiente emplumada, Cuentos negros, Soy como soy, De vida y de muerte, Esto no tiene nombre, Ajiaco cubano, Ayé N´Fumbi, Iniciación en blanco y negro para mujeres sin color y Ropa de plancha, entre otros.

Fátima Patterson ha obtenido importantes premios por su labor como actriz, dramaturga y directora, entre los que figuran: Premio de Actuación Femenina Protagónica, con la obra Repique por Mafifa y Premio UNEAC de Texto Dramático, en el Festival y Concurso Máscara de Caoba de 1992. Premio Villanueva de la crítica teatral, por su puesta en escena Ayé N´Fumbi en el 2004. Premio Ño Pompa, en la Cuarta Bienal Internacional de Oralidad 2003, por más de tres décadas consagrada al arte de la oralidad. También ha obtenido la Placa Avellaneda y el sello 25 Aniversario de la AHS, entro otros tantos reconocimientos que avalan su trabajo sobre la escena. A estos galardones se suma el Premio Nacional de Teatro entregado el 22 de enero, por la obra de toda una vida dedicada a las tablas con la conciencia de que el teatro puede cambiar el mundo.

Con motivo de estos festejos comparto una entrevista realizada a la teatrista hace varios años, que hasta ahora había permanecido inédita. El pasado año 2016 la Patterson celebró sus 65 años de vida y este 2017, su grupo Estudio Teatral Macubá, está celebrando su 25 aniversario. El premio Nacional de Teatro, llega entonces en el momento justo para juntar alegrías.

Comenzó su trabajo como actriz en la radio y en la televisión santiagueras. Luego comienza en el teatro con el Conjunto Dramático de Oriente. ¿En qué circunstancias entra a este grupo?

Yo descubro mi vocación por el teatro cuando trabajaba en la radio y la televisión, porque sentía insatisfacciones de tipo espiritual. A veces me quedaba un vacío después de trabajar y me di cuenta que necesitaba un espacio más pleno.

Cuando entro al teatro todavía existía el Conjunto Dramático de Oriente, y pocos meses después, es que se hace la famosa reunión en la casa de los Tejada, de José Joaquín Tejada[1] en Heredia, que era el local  que le habían dado al grupo. En esta reunión se decide por mayoría y de acuerdo con el trabajo que haciendo el grupo, llamarlo Cabildo Teatral Santiago. Así que no soy fundadora del Conjunto Dramático de Oriente, pero sí del Cabildo Teatral Santiago.

Participa entonces en Cómo Santiago Apóstol puso los pies en la tierra, esa emblemática obra estrenada en 1974. ¿Cómo recuerda esa experiencia?

Me incorporé a Cómo Santiago Apóstol puso los pies en la tierra, pero después del estreno, todavía estaba en la radio y en la televisión. Entonces fue el encuentro con Raúl Pomares, con Rogelio Meneses, con Ramiro Herrero. Iba muy a menudo al teatro, y solicité la posibilidad de incorporarme al espectáculo, en una presentación que se iba a hacer en un recorrido por todo El Caney, desde El Viso[2]. Para mí era una cosa espeluznante porque nunca había estado expuesta de esa manera, con un vestuario que no era nada hermoso, pero sentí una cosa bien bonita, me gustó. Después estuve en la función que se dio en el Morro, hasta que decidí irme de la radio y de la televisión e incorporarme al grupo.

¿Estando en el Cabildo Teatral Santiago ya escribía para teatro de relaciones?   

Escribo a partir de mi experiencia con el Cabildo y mi contacto con Joel James y los propósitos que había del Festival del Caribe, de la Calle Heredia[3]. Hacíamos unos recorridos por toda la ciudad buscando locaciones para dar funciones en la calle, en las escalinatas, contactábamos con mucha gente y comenzamos a hacer un trabajo en el Foco[4] de Los Hoyos, de la Conga de los Hoyos, allí empiezo a escribir pequeñas relaciones para los carnavales. Hice dos o tres cosas para el carnaval, las escribía y las montaba. Nos dividíamos en brigadas y montábamos esas obritas para el carnaval que eran muy divertidas. Los días 24 y 25 de julio recorríamos toda la ciudad presentando las relaciones.

Cuando estábamos en el Foco de la Conga de los Hoyos, hacíamos un proceso de trabajo de investigación y yo empiezo a contar historias, a partir de las historias de los barrios, de las leyendas afrocubanas, pues habíamos tenido contacto con los compañeros de los templos religiosos, de origen africano, por supuesto. Después de esa experiencia es que yo escribo mi primera obra contundente: Repique por Mafifa, esta mujer que tocaba campana en La Conga de los Hoyos, que era una agrupación de hombres solamente y le permitían a aquella mujer vagar con ellos por las ciudades, por los pueblos. Ahí emprendo el camino como dramaturga.

¿Cómo ha sido su relación con la Conga de Los Hoyos? ¿Cuánto ha ayudado a formar  su estética teatral esta agrupación centenaria?

Yo nací en este barrio, que se llama Los Hoyos, donde tú estás conversando conmigo. Crecí oyendo el sonido de La Carabalí[5], de La Tumba Francesa[6], todo eso lo escuché, la conga que subía y bajaba por aquí. Sé tocar los tambores de La Tumba Francesa, toco un poco de los tambores batá, hago ritmos y me encanta ese sonido. Ese sonido creo que ha moldeado mi pensamiento, mi manera de ser, mi manera de moverme. Y mi barrio, mi gente, a mí me gusta vivir aquí, aunque a veces me asuste, aunque en los últimos tiempos pueda asustarme, pero yo convivo en esta zona y me aporta, porque lo que yo escribo es lo que pasa en mi zona, en mi barrio.

La marginalidad es un tema que me motiva muchísimo porque quiero mejorar la vida de mi gente, de esa gente que está al margen, de mulatos, negros, blancos e indios, los que sean. Hay una cosa que no se puede negar, yo soy una mujer nacida en Los Hoyos, mujer negra, pobre, eso es una realidad y me da una visión del mundo especial, ni mejor ni peor, es una visión por la historia que me ha tocado vivir. Por eso quiero que mi gente se vea reflejada en lo que yo escribo, para ayudar.

¿Por qué decidió crear su propia agrupación, Estudio Teatral Macubá en el año 1992?

Fueron varias cosas, ya el Cabildo iba en deterioro, la línea estética no era tan sólida y había tendencias que eran claras: una era hacer teatro más clásico, y otra, hacer teatro más popular. Estaban esas dos tendencias, pero en un momento se convirtieron en ambiciones personales, luchas por el poder de la dirección del grupo, y eso no me interesaba. Yo estaba creando historias y decidí ponerme a trabajar de manera individual. Necesitaba gente joven y dos o tres personas se me unieron. Hablé con algunos compañeros y se decidió hacer una reunión, como la misma que había hecho que el Cabildo se fundara, para plantear los proyectos. Lo que pasó con el Cabildo fue que la gente decidió hacer proyectos. Todo el mundo pensaba que me iba a unir a Meneses con el que habíamos acabado de hacer Baroko, y obtenido un premio del Festival de Camagüey y un premio en la UNEAC. Pero dije que no, que iba a hacer un proyecto y se llamaba Macubá, Estudio Macubá.

Entonces éramos seis personas: Agustín Mateo, fundador del grupo, Tomás Echavarría un percusionista de muchos años de experiencia, Maria Teresa García, integrante del Cabildo, Yadira Herrera, procedente también del Cabildo y Consuelo Duany, que venía a otras cosas pero en el bregar se subió al escenario y se convirtió en una actriz del proyecto.

 ¿Por qué Macubá?

Macubá fue el primer nombre que tuvo esta ciudad y además porque Macubá es el apócope de Madre Cuba, era un nombre raigal, era un nombre femenino y las temáticas que iba a tratar y que ya estaba tratando eran temáticas femeninas. Me interesaba mucho el tema de la mujer que es poco tratado realmente. Macubá es un nombre de tradición, es el primer nombre de la ciudad y yo soy una santiaguera reyoya, enraizada en este lugar, enamorada de mi ciudad, a pesar de todo, es una relación de amor tormentosa.

Ese era el nombre, no otro.

¿Cómo se conformó el grupo en el período fundacional y cómo se escogen los miembros ahora?

No es un grupo que crezca mucho. En aquel momento era por afinidad, la gente que tenía la mirada puesta en una misma cosa, en una misma estética. Mateo por ejemplo, trabajaba en el Cabildo pero había estado trabajando conmigo montándome algunos cuentos y unas historias, Tomás era un percusionista portador de la cultura popular, Teresita simpatizó con el proyecto. Fue por afinidad.

 Ahora se escogen nuevos miembros también por los intereses de la línea estética del grupo. Yo les digo a las personas que Macubá puede ser considerado como una escuela o como una iglesia, porque la gente tiene que rimar en una misma cuerda, porque no es un grupo como otro, que la gente viene, va, hace montajes… El proceso de trabajo nuestro es un proceso antropológico, que viene de lo que nos proporciona la cultura popular y la gente tiene que conocer de estas cosas.

Existe una relación interdisciplinaria en los procesos de creación del grupo, coexisten la danza, la música, la narración oral, las tradiciones populares, la religión. ¿Cómo se funden estas aristas en los actores del grupo?

Sí, por supuesto, Macubá es como un templo, porque nosotros entrenamos normalmente, hay una disciplina de trabajo, hay un entrenamiento físico que contempla todo el aspecto psicofísico pero hay un entrenamiento que incluye además danza folklórica. También hemos trabajado mucho en la danza contemporánea con el profesor Manuel Ángel Márquez, ya desaparecido.

Además de ese entrenamiento nosotros recibimos clases de percusión. La narración oral es normalmente un ejercicio del grupo. La gente tiene que estar preparada para todo eso, porque si vamos a hacer una improvisación de determinada situación, de determinada leyenda, o de determinado problema contemporáneo, la sacamos a partir de ese entrenamiento. Nuestros presupuestos estéticos se sustentan a partir del trance, de las energías, a partir de ahí nosotros nos movemos.

¿Cómo se integró su hija al grupo?

Ella quería, pero yo no quería, porque es muy duro. No es fácil por muchas razones. A lo mejor lo que estoy diciendo es un disparate, pero yo creo que es así. Mi hija es una mujer hermosísima, parece un azabache y dicen que los azabaches dan suerte, así que yo le dije: te voy a dar una oportunidad, súbete al escenario y habla, si yo no siento, si no me entra lo que estás diciendo, es que no sirves para esto. Y lo hizo bien, empezó en los inicios del grupo y todavía está ahí.

¿Ayé N´Fumbi, además de obtener el Premio Villanueva 2004 de la crítica, tiene un significado especial para el grupo?

Si, cómo no, pienso que Ayé N´Fumbi marca la mayoría de edad de Macubá, es otra visión del universo y puede poner a competir todo lo que se ha venido entrenando, todo está junto. Ayé N´Fumbi es un muestrario de todo lo que porta el grupo y de todo lo que es posible hacer. Dramatúrgicamente marca mi trabajo.

¿Cómo se unen en usted la dramaturga, la directora y la actriz?

Mi trabajo como dramaturga se da a partir de estar en la escena. Para mí es muy difícil sentarme a escribir para hacer, yo estoy en el escenario y después que salgo del escenario escribo, ese es mi método de trabajo. La verdad es que yo me considero una mujer que tiene inquietudes y las plasma, las pone en un lugar. A mí siempre me asusta mucho que me digan dramaturga, de hecho, dramaturgo es el que escribe teatro pero yo escribo lo que veo, lo que siento, lo que pienso y lo que hago en la escena que necesito organizar.

He tenido en el grupo un asistente, Agustín Mateo, que es una persona que me conoce mucho y trabajamos a dos manos, eso es importante, a veces me he independizado cuando son temáticas femeninas y tengo que estar yo sola porque es la visión de la mujer la que necesito.

A mí me gusta mucho actuar, no creo que podría dejar de actuar. Y dirigir… pues me gusta organizar. Y escribir es una cosa tortuosa, para mí muy dolorosa, muy dolorosa.

Es considerada una personalidad en Iberoamérica en el campo de la narración oral. ¿Cómo valora el lugar que ocupa la narración oral en el teatro y cuánto a aportado a sus visiones de la escena?

Lo de personalidad me asusta porque todavía soy una guajira. La narración oral la han querido ver de muchas maneras, que si los actores son una cosa, los narradores orales son otra y los narradores escénicos son otra. Pienso que la falta de talento se ha escudado en estas denominaciones. Un buen actor, narra muy bien, un mal actor no va a narrar bien. Con perdón de muchas personas yo pienso que a veces la mediocridad se ha escondido detrás de eso, si no puedo ser buen actor entonces me voy a meter a narrador.

Soy una mujer que cuenta, una actriz que hace historias, una actriz que hace cosas, lo mismo te hace un cuento, que dramatiza una obra que escribe, que actúa en una obra que ha escrito otra gente. Realmente no veo diferencias en eso, hay una cosa que está en el escenario, uno se sube y establece comunicación con el que está abajo y ahí está, como le quieran llamar. Soy narradora, pero me niego a que me encasillen. Me comunico con el público de una manera especial, puede ser. Soy una mujer, que soy actriz, que a veces hago historias, y ya.

Yo soy una mujer de teatro. Me gusta hacer historias, hacer cuentos, aunque me duela, pero me gusta.

Los que conocemos a Fátima y hoy pensamos en ella con orgullo y felicidad, seguramente podemos sentir desde cualquier parte de Cuba el ruido intrépido de las motos en ese subir y bajar por las ardorosas calles santiagueras, el humo que huele a fiesta de fin de año, a borrachera y a bardo, los antiguos gritos del enfurecido Algimiro en la peña de Plaza de Marte porque Pacheco no quitó al pitcher y casi ganan los Industriales, a Enramadas llena de gente y de sol, la algarabía del Parquecito Serrano y una nueva relación “Historia de príncipes negros y muchachas”, el andar presuroso del vendedor de guineos y el andar pausado del viejo meditador, el toque inconfundible de los quintos y bocuses y los ojazos de Fátima moviéndose, albos y brunos, en perfecta combinación con esa voz suya que es sigilo y es pregón.

Todo eso se siente cuando pensamos en ella, porque Fátima es también su teatro, su barrio, su ciudad.

Foto tomada de Cubahora

[1] Pintor santiaguero, fundador de corrientes académicas cuyo nombre lleva la Academia Provincial de Artes Plásticas de Santiago de Cuba.

[2] Fortaleza española enclavada en El Caney, escenario de acciones combativas en la Guerra Hispano-cubano-americana.

[3] Se refiere a las Noches Culturales de la calle Heredia que se desarrollaban en Santiago a inicios de los ochenta.

[4] Los Focos Culturales son instituciones atípicas creadas en Santiago de Cuba para preservar los valores de los grupos portadores de la cultura popular tradicional. Comprende la concesión de sedes para estos grupos, presupuestos y especialistas.

[5] Se refiere a la Carabalí Izuama agrupación centenaria del barrio de Los Hoyos, donde tiene su sede. En Santiago existe también la Carabalí Olugo, cuya sede se encuentra en la calle Trocha.

[6] La Tumba Francesa La Caridad de Oriente, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad (en la categoría de cultura inmaterial). Solo existen otras dos Tumbas Francesas en el país: la de Bejuco en Holguín y la de Guantánamo. Sus toques, instrumentos y danzas son auténticamente portadoras de una tradición histórica en el complejo franco-haitiano del Oriente cubano.

 

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