Pasión Havana, Arcoiris De Una Ciudad

Por Gladys Alvarado

La noche citadina se despliega en sus múltiples contrastes para recibir el espectáculo Pasión Havana, que durante el más reciente estreno de la Compañía Havana, los días primero y dos de febrero, abarrotó la platea del Teatro América.

Bajo la dirección artística de Germán Muñoz, quien junto al equipo de coreógrafos integrado por Juan Carlos Castaño, Yudisnavy Rabí y Liasel Plasencia han llevado a la escena un guión largamente acariciado por Muñoz como canto a la diversidad.

El vestuario sabiamente concebido por Abraham Rodríguez, transita desde los tonos ocres hasta la eufórica eclosión de la gama pastel, en consonancia con las aristas que aborda la propuesta. Desenfado y buen gusto se conjugan en cada uno de los trajes.

Aunque abundantemente llevada a los escenarios internacionales, por primera vez en Cuba el arte circense aborda el tema y lo hace con sapiencia y el más absoluto respeto. Al inicio nos advierten que lo que veremos está dedicado a la comunidad gay, pero no, es al amor en su amplio espectro, ese que se llena de alegría, sordidez o tragedia, según traza el destino los caminos del ser humano en esta vida nuestra.

El elenco de Compañía Havana ha ido adentrándose en la contemporaneidad, que impone un intérprete multidisciplinario y estos años de trabajo en Cuba y en los más prestigiosos escenarios circenses los han conducido hacia esa estética exitosa.

No sólo se regodea Germán en el juego de los cuerpos y sus proezas, inherente al arte de la pista circular, sino que teje sus historias con una coherencia histriónica que dota al virtuosismo técnico de una sensualidad a flor de piel.

Los bailarines invitados se engarzan al espectáculo con armonía y destreza. Estos jóvenes, que se dan a conocer como los High Heels hacen gala de la frescura y erotismo   que impone el estilo kasaki.

En estos veinticinco años de existencia, Compañía Havana ha ido concibiendo cada vez mejor sus propuestas escénicas y la fluidez interna de cada uno de sus números; está allí el ritmo propio de la escuela cubana de circo, la habilidad genérica, pero a su vez se danza y se actúa cada momento y se hace bien, lo cual multiplica el disfrute.

Hay momentos en el espectáculo que requieren de ajustes o de interiorización del conflicto de cada personaje, como los números del poll aéreo o la red, pero existen otros dignos de elogio por su concepción y acabado, como son la barra rusa y la acrobacia con suiza (final por toda la compañía), momentos en que se desborda ese humor sabroso del cubano que tanto se agradece en el espectáculo circense.

Solamente dos funciones no bastan para el crecimiento espectacular y el disfrute del público que, de seguro, espera poder asistir a Pasión Havana, por lo que ya se piensa en trasladar la propuesta al complejo cultural Carpa Trompoloco, en días y horario que próximamente se darán a conocer.

Así que, estimado lector, no pierda la ocasión de pasar una noche de adultos con los artistas de Compañía Havana quienes nos demuestran que el arte circense no es sólo un espectáculo para los infantes.

Fotos cortesía de Pedro Maytin

 

 

 

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