PARA NO DESFRAGMENTAR MÁS LA MEMORIA

Por Edgar Ariel

Sobre el escenario, vorágine de bailarines que se desplazan sobre sillas de ruedas. Un proyector muestra fragmentos del nunca estrenado Decálogo del Apocalipsis. Recuerdo (recuento) de un pasado –disculpe el lector esta redundancia, pero prefiero remarcar el tiempo, porque el pasado no es pasado y la sangre no se seca, con el perdón de Lorca– que pecó, para algunos, de donoura, con más de diez pecados capitales.

Mucho más de lo que cuento fue De la memoria fragmentada, obra estrenada en 1989 por  Ramiro Guerra, Padre de la Danza Moderna en Cuba, “el culpable de todo”, como nos lo presentara Marilyn Garbey en el primer encuentro teórico De la memoria fragmentada, La danza en el  siglo XXI: diálogos, cuerpos y escenas, que se desarrolló hasta el seis de octubre.

Alegría de pecador asumido. Ramiro Guerra sonríe después de decir “comiéndome un cable” al preguntarle Norge Espinosa “dinos cómo estás”. Ramiro Guerra luce –estoy sentado tres filas atrás y es lo que puedo ver–grandes espejuelos de marco dorado, gorra de tela que cubre su pelo enteramente cano y camisa de mangas largas azul lapislázuli con pechera de alforzas verticales, se vira y las veo. Encontré, en esas alforzas, el significado de Todo. El significado De la memoria fragmentada.

Acaba de fundarse, con el primer encuentro De la memoria fragmentada, un espacio para el diálogo, la socialización de investigaciones y el lugar donde se desfrunce la historia de la danza. Historia de la danza que conocemos fragmentada, fragmentos que cual alforzas arruga la tela lisa. ¿Lisa?

No sé muy bien qué decir al respecto; ya sabemos que los frunces, entendidos como lugares destinados al desconocimiento a posteriori, son intrínsecos a la historia. Ahora tendríamos que decir qué entendemos por historia, quién la construye, quién la vuelve evanescente y penumbrosa, pero esas son profundidades que ahora no estoy dispuesto a discernir.

Celebremos el intento de búsqueda por encontrar piezas olvidadas o escondidas de un rompecabezas que tal vez nunca llegue a consumarse. Esa búsqueda no solo trata de encontrar fragmentos pretéritos, sino de construir otros en el instante mismos del recuerdo. Recordar ya es una obra. Recordar para fundar y desarrollar la danza Toda. Eso es el primer encuentro De la memoria fragmentada, La danza en el siglo XXI: diálogos, cuerpos y escenas. “Sí –retomo a Lorca– hay que recordar hacia mañana.”

 

 

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