Oficio de Isla en Camagüey

Por José Omar Arteaga Echevarría / Alejo Rodríguez

Como parte de la Jornada Ciudad Teatral, visitantes y oriundos de la urbe agramontina tuvieron la posibilidad de asistir a Oficio de Isla, puesta en escena de Osvaldo Doimeadiós con la Comunidad Creativa que lleva el mismo nombre.

A partir del guión cinematográfico Tengo una hija en Harvard de Arturo Soto, se recrea un hecho histórico que, aunque difuso en la memoria popular, marcó la vida de 1273 maestros (en su mayoría mujeres) quienes fueron seleccionados para realizar una estancia en la Universidad de Harvard a principios del siglo XX, cuando Cuba aún no se recuperaba de la guerra y dejaba entrar a los “buenos vecinos” del norte que ya la suponían otra estrella de su bandera.

Doimeadiós conjuga los lenguajes plásticos, musicales, teatrales y danzarios en un espectáculo donde actores y músicos permanecen todo el tiempo en escena. El conflicto hurga al interior de una familia cubana donde una joven a punto de casarse le llega la notificación de ser seleccionada para asistir a la Universidad de Harvard, a partir de aquí se desencadenan los sucesos que conducen al espectador por temas sociales como el machismo estructural, las posturas políticas divididas, el racismo, el poder que aún poseía la instancia religiosa, entre otros tópicos  enmarcados a inicios de la República neocolonial.

Oficio de Isla se permite trastocar las nociones aristotélicas para hilvanar una dramaturgia performativa que refuerza el entramado significante del discurso. El prólogo, el epílogo, los cuadros que se insertan en la puesta, vienen a ser, a la vez que rompimiento, elementos esenciales que aportan la progresión dramática. La rivalidad entre el danzón cubano y el two step americano, el mambí que irrumpe con reclamos de libertad, los personajes del bufo con sus diálogos costumbristas, nos llegan como postales sobre fenómenos que convergieron en ese período histórico. Se establece en Oficio… una urdimbre de elementos que se interconectan para y por un mismo fin.

La interpretación musical a cargo de la Banda de Boyeros dirigida por Daya Aceituno, permea toda la puesta como un ente primordial, la escenografía presentada como instalación minimalista, el vestuario que respeta la usanza epocal, ambos apuestan por la neutralidad del blanco como valor tonal, otorgando a determinados personajes toques de color en su indumentaria para acentuar determinadas características.

Nos encontramos ante una puesta en escena total cuya temática enmarcada a comienzos de 1900 dialoga con el ahora como un espejo en el que la sociedad actual se asoma y reconoce a sí misma. Oficio de Isla es de esas puestas que se disfrutan y que, después de abandonar la sala de teatro convocan a cavilaciones  en torno a los disímiles cuestionamientos.

El público colmó el salón todos los días de presentación, muchas personas también se quedaron deseosas de tener la oportunidad de entrar. El teatro convoca, moviliza a la añeja ciudad que posee una fuerte tradición en eventos de este tipo. Oficio de Isla llegó a Camagüey con una acogida abrumadora, otras propuestas habitarán la ciudad en lo sucesivo a manos del equipo de la Comunidad Creativa.