Laura Rodríguez: “No Me Gusta Conformarme” (+Fotos)

 Laura Rodríguez y Carlos Acosta en Don Quijote. Foto: Buby Bode

Por Rubén Ricardo Infante

En los últimos dos años la he visto bailar en las diferentes temporadas de la compañía Acosta Danza en Cuba. Por cercanía espacial, también la he visto ejercitar su pasión por las plantas y la decoración de su casa. Hemos compartido juntos, ella, Enrique Corrales, su novio y yo algunos cafés en las tardes, siempre con el placer de una conversación amena e inquisidora —de mi parte— por su profesión.

Este diálogo es una deuda contraída hace algunos meses y ahora que permanece en casa se ha interesado por contestar mis preguntas con la sinceridad de una amiga y el rigor de una bailarina que reconoce la relevancia por pertenecer a una compañía de alto prestigio en Cuba y el extranjero. Confiesa que vive “orgullosa de haber sido una de las fundadoras”.

¿Cómo llegas al ballet? ¿Desde niña deseaste ser bailarina o fue algo que sucedió por diversas razones?

Llego al ballet gracias a mi mamá. Su gran sueño de niña era ser bailarina, pero como se comenzaba a estudiar desde muy pequeña y además vivía –vive— en Ciego de Ávila… también sucedió que mi abuela no se lo permitió. Entonces cuando yo nací mi mamá vio la posibilidad de poder realizar su sueño a través de mí, pero no fue algo que me impuso, se puede decir que de cierta forma ella conspiró. Pero finalmente fui yo quien me enamoré y elegí mi profesión.

Junto a Javier Rojas en un ensayo de Carmen. Foto tomada de la cuenta de twiter de Acosta Danza

¿Dónde estudiaste?

A los nueve años comencé a estudiar ballet en la Escuela Vocacional de Arte Luis Casas Romero, allí cursé los primeros cinco años de la carrera y los últimos tres sucedieron en la Academia de las Artes Vicentina de la Torre. Ambas escuelas están situadas en Camagüey, además de las asignaturas escolares sumaron a mi aprendizaje varias asignaturas de la especialidad.

Es una profesión que requiere de muchos sacrificios…

Es una profesión sumamente sacrificada, pero, ¿cuál profesión no requiere sacrificios? No creo que haya diferencias para ningún sexo, creo que depende de la determinación, la constancia, la exigencia, la disciplina… etc., que cada cual debe poner en práctica. Aunque no dejo de reconocer que los hombres suelen ser más codiciados debido al menor número de ellos que se desarrollan en nuestra profesión.

Laura Rodriguez y Javier Rojas, bailarines de Acosta Danza, en los instantes finales de End of Time, coreografía de Ben Stenvenson. Foto: Buby Bode

¿Crees que resulta más difícil para las mujeres?

Creo que en el único aspecto que a las mujeres se les dificulta un poco más es cuando deciden ser madres, pero, aun así, conozco varias bailarinas que han tenido una excelente recuperación, continúan bailando y obteniendo éxitos profesionales.

Antes de Acosta Danza ¿dónde trabajabas?

Antes de llegar a Acosta Danza trabajaba en el Ballet de Camagüey, institución a la que agradezco muchísimo por el desarrollo profesional y artístico que me permitió alcanzar. En ella tuve la satisfacción de interpretar diversos roles que me llevaron a alcanzar la categoría de Bailarina Principal, además tuve la posibilidad de darme a conocer en la mayoría de los escenarios de nuestro país y tener mis primeros encuentros con escenarios internacionales.

¿Cuáles han sido tus satisfacciones profesionales?

He tenido muchas satisfacciones profesionales, por eso no puedo dejar de agradecer a todas las personas que de una forma u otra han sido y son responsables de mi formación y crecimiento como bailarina. Pero sin lugar a dudas una de mis más grandes satisfacciones es haber tenido el privilegio de bailar con Carlos Acosta, para mí era algo imposible de imaginar y el hecho de haberlo materializado ha sido para mí una experiencia indescriptible y no hablo solo de las veces que hemos bailado a dúo. Agradezco todas y cada una de las veces que he tenido la oportunidad de compartir sus escenarios y sobre todo sus aplausos, es inevitable no sentirse privilegiada.

Son cinco años de fundada la compañía ¿cuáles logros sientes como tuyo de ese espacio?

El hecho de que la compañía naciera y fuese creciendo hasta lograr consolidarse es uno de los logros que siento como mío, vivo orgullosa de haber sido una de las fundadoras de nuestra compañía. Para mí han sido cinco años de constante superación, experimentación y crecimiento en todos los sentidos. Mi mayor desafío fue adentrarme en el mundo de la danza contemporánea, tener que aprender, entender y pulir físicamente una disciplina danzaria muy diferente de la que yo provenía. Pero asumirlo y haber alcanzado lo que hasta hoy tengo es otro de mis logros dentro de la compañía, aunque soy consciente de cuánto más tengo que aprender y continuar trabajando, por eso no me conformo.

Has participado en eventos y giras internacionales ¿qué te han aportado esos intercambios en el orden profesional y espiritual?

Participar en eventos y giras internacionales ha sido de gran significación, pues además de darme a conocer internacionalmente, para mí ha representado una especie de premio a los años de estudio, sacrificio, trabajo, dedicación etc. Desde el punto de vista profesional: poder intercambiar con diferentes públicos y en diversos escenarios, tener la oportunidad de compartir clases con figuras internacionales de la danza, visitar y presenciar ensayos en reconocidas compañías como el Bolshoi, el Birmingham Ballet, el Royal Ballet, Rambert Dance Company han sido experiencias sumamente enriquecedoras y estimulantes en mi carrera.

Convives con un bailarín ¿qué te resulta más cómodo e incómodo de ello?

Somos una pareja con desavenencias como cualquier otra y es lógico que al ser los dos bailarines algunas de ellas puedan estar propiciadas por esa razón, pero no las veo como un factor que deteriore nuestra relación. Vivir con un bailarín no me resulta incómodo, creo que a veces eso nos ayuda a sobrellevar mejor las cosas, además porque tenemos personalidades muy diferentes. Coincidir en horarios, lugar de trabajo, estar muchas horas juntos u otro tipo de cosas que en otras parejas deteriorarían la relación, en la nuestra, hasta ahora, no han sido un problema.

Laura Rodriguez y Javier Rojas en Carmen, coreografía de Carlos Acosta inspirada en la novela homónima de Prosper Mérimée. Foto tomada de la página en Facebook de Acosta Danza

¿Quién es Laura Rodríguez, fuera del escenario?

Fuera del escenario Laura continúa siendo un poquito bailarina, me cuesta un poco desligarme de mi profesión, pero también me gusta la transformación en ama de casa, me gustan las labores hogareñas, sobre todo organizar y cocinar. Siempre estoy buscando algo que hacer, algo que inventar, mi novio a veces me regaña porque dice que no puedo estar sin hacer nada, y yo me sonrío porque sé que es verdad. Además, me apasiona hacer manualidades y la jardinería, aunque reconozco que esta última no se me da muy bien.

¿Hacia dónde proyectas tu futuro profesional y aspiraciones que te quedan por cumplir?

No me gusta mucho pensar en el futuro, prefiero enfocarme y trabajar en el presente porque considero que de ello depende buena parte del futuro. Aspiraciones siempre van surgiendo, cuando uno logra alcanzar algo que parecía muy distante comienza a trazarse nuevas metas, y esa insatisfacción es la que nos hace seguir creciendo. Yo soy muy exigente conmigo misma, sobre todo en el plano profesional, no me gusta conformarme, pienso que siempre hay mucho más por aprender, por descubrir. Realmente tengo muchas inquietudes danzarias, pero mi gran pasión sigue siendo y será el ballet clásico, como diría Carlos Acosta “es adictivo”.

 

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