La representación escénica es –entre tantas cosas- un acto de síntesis y contundencia

Por Kenny Ortigas Guerrero

Veo una obra de arte como un concentrado de ideas que giran en torno a un tema. Aunque de su estructura se desprendan esquirlas que –aparentemente- parezcan inconexas entre si –elemento muy de moda en la contemporaneidad- siempre puede vislumbrarse el eje central alrededor del cual se mueven los demás elementos como piezas de un rompecabezas. Aunque este concentrado está compuesto de varias sustancias (hilos argumentales, giros inesperados, alternancias de ritmos, simultaneidades, fragmentaciones, entre otros) ninguno puede exceder en cantidad al otro, pues entonces se desvirtúa el contenido, de disloca la concreción de los presupuestos conceptuales  y se diluye la trama en el caso de las artes de la representación escénica. El poder de síntesis y el tener claro ¿qué quiero decir? son fundamentales para establecer diálogo certero.

Quien asiste a un espacio, cualquiera que este sea, para disfrutar de una representación artística dispone de tiempo limitado como para emplearlo en  algo fútil. Difícilmente un espectáculo puede establecer una empatía directa con el espectador desde el atiborramiento de recursos que más allá de ser inteligibles, llegan a astringir la comprensión del mismo, y en su opuesto –pero con el mismo efecto de futilidad- se puede observar un espectáculo desaliñado y carente de matices por la ausencia de un buen diseño y realización de su imagen.

Quiero señalar, que cuando me refiero al término de “comprensión” no me sino al sendero que nos lleva por el cauce narratológico tradicional, no, la atomización de la realidad ficcional, en algunos casos produce un efecto voluptuoso que más allá de lograr el entendimiento de una historia con inicio, nudo y desenlace provoca un goce más sensorial que racional. Pero aun esa forma requiere de “organización” para poder tocar el alma, recordemos que también en el caos puede existir orden. El acto de contemplar una obra de arte implica un contacto directo, preciso y contundente; entre el objeto y el perceptor. Expongo esta serie de elementos tras presenciar algunas puestas en escena relacionadas no solo con obras teatrales, sino también con revistas músico danzarias donde al parecer no siempre se encuentran las herramientas más eficaces que coadyuvan a la unidad total de la representación.

Es cierto que cuando uno “da a luz” una obra, en muchos casos se encariña en demasía y descuida sobre todo las formas en que edifica ese producto para ser presentado al público y puede creerse que mientras más aditamentos se le pone, mejor puede lucir, o a la vez por temor a equivocarse, se queda corto en el empleo de recursos. Sí, la obra artística es la imagen onírica que se traduce a la realidad de la escena, pero no puede obnuvilar la perspectiva de que está siendo construida para ser observada por otras personas.

Encontramos espectáculos con una escenografía deslumbrante en colores y parafernalia, sin embargo ésta, no aporta al concepto general de la puesta, o en otros casos, la escenografía responde a la cosmovisión que se persigue por el creador pero fallan la alternancia de ritmos, las sorpresas y caemos en lo mismo: una especie de estructura trunca que quiso llegar a ser, pero nunca fue. Algunos directores artísticos pueden incurrir en “ligerezas” que van siendo asumidas por un espectador nobel como un paradigma de “lo bueno” y esto conlleva a un grave peligro para la educación perceptiva y estética a la cual aspiramos.

Como dice el refrán: “De todo hay en la viña del señor”, así nos acercamos a propuestas para todos los gustos y preferencias, algunas más profundas y complejas que otras, y que en cada caso conservan valores dignos, pero es inadmisible que se atropelle el proceso coherente de generar una obra con un acabado exquisito que realmente traslade a una dimensión superior a quienes disfrutan de ella.

La investigación cabal de las temáticas, el apoyo de especialistas de diversa materias, dígase: musicalización, sonido, iluminación, diseño, entre otros…que son llamados a colaborar cuando el director necesita completar su conocimiento –siempre y cuando el ego no lo consuma- pueden marcar el éxito del proyecto. Toda regla tiene su excepción, y existen creadores que dominan con maestría determinadas especialidades que le tributan al ejercicio de la dirección y el resultado último fructifica sin muchos contratiempos. No obstante a las opiniones que cada quien tenga sobre este complejo universo del espectáculo y la escena, la responsabilidad ética y el tratamiento profesional de los presupuestos ideo estéticos son medulares en la composición de la obra a representar; desde el drama más inefable, hasta el cabaret más popular, y además podemos incluir -¿por qué no?- la gala que se monta con la concurrencia de varios artistas para determinada celebración u homenaje. En este último caso el caer en lugares comunes es habitual y el romper con la cinestesia del espectador, resulta harto difícil. Hacer el guión para una gala se convierte –en no pocos ejemplos- en una longaniza de números culturales que se colocan en fila para llenar “huecos” en escena, pero que no aportan al sentido global.

La dramaturgia entra a jugar un rol decisivo, como la disciplina que se encarga de colocar con sutileza las acciones y el tiempo en el espacio. Una obra de arte debe concebirse bajo el precepto de marcar una huella indeleble en el imaginario y el intelecto, eso la convierte en algo útil y necesaria, en ese constante afán de trascendernos a nosotros mismos.

Foto de Portada: Pixabay

(Visitado 58 )

Exportar a PDF:

Comparta nuestros contenidos en redes sociales:
Leer más
El capitán del barco

Ahora que otro proyecto de Teatro de Las Estaciones (Al menos el período de filmación, ahora viene el proceso de...

Cerrar