La Prudencia: Una Carrera Sin Descanso Por Hacer Reír

Por Roberto Pérez León

La Prudencia es una obra del dramaturgo argentino Claudio Gotbeter, forma parte del ciclo Comedias Negras de este sobresaliente autor, quien además dirige con mucha certeza sus propias piezas. El Estudio Teatral La Chinche, colectivo que cuenta con más de una década de trabajo, ha puesto esta obra en el Café Brecht, con dirección general de Lizette Silverio Valdés.

En el texto de Claudio Gotbeter hay tres mujeres con un desespero sin riendas; las tres, rigurosas y ásperas, esperpénticas y desatinadas, desembocan en una ofuscación irresistible para ellas mismas y que debería ser trasmitida, entre otras sensaciones, al público. Son tres amigas que se reúnen para festejar pese a que están aterrorizadas por la inseguridad que las rodea, y por tanto temor exageran la prudencia. Afanadas en que la fiesta que han armado no puede ser arruinada justifican lo cruel y absurdo de sus comportamientos.Sin embargo, la puesta en escena de Estudio Teatral La Chinche se empantana en hacernos disfrutar de una casi comedia de enredos y no de una comedia negra de la grandeza de las que sabe hacer muy bien el dramaturgo argentino. La puesta habanera cae en una intemperancia actoral que arruina lo penetrante, lo cabal y a la vez delirante del texto dramático.

No hay contraste entre las actuaciones; cada una de las intérpretes con leves matices hace lo mismo: esforzarse por hacer reír. No obstante, se puede avistar la capacidad histriónica tanto de María Carla Guevara Santana haciendo Trinidad, Camill Odette Baeza Morales en Margarita, y Laura Tarrao Rodríguez asumiendo a Nina; tienen una destreza corporal y unos registros vocales adecuados para los personajes que pudieron haber representado sin tan exacerbada parodia.

Se produce un desbalance entre el texto dramático de La Prudencia y el cotejo adecuado entre lo naturalista y lo grotesco. No se disfruta de un progresivo y dialéctico desarrollo del discurso expresivo corporal que a los pocos minutos ya se agota y como consecuencia se hace predecible y se diluye el efecto de lo teatral. Los registros actorales impiden la reflexión que conlleva un texto como el de La Prudencia.

Cuando se conciben personajes donde las acciones físicas conforman la médula de la enunciación actoral es preciso tejer con minuciosidad pausas, detalles de movimientos que sean capaces de hacer progresar en el tiempo y en el espacio gestual la presencia escénica.El texto de Gotbeter es por momentos irresistiblemente hilarante. Pero resulta que en esta puesta el empeño por caer bien diluye el humor. Trinidad, Margarita y Nina desde que aparecen resultan caricaturescas con visos de una excentricidad que no llega a lo sustancialmente clownesco que podría demandar La Prudencia.

Se pasa por alto en este montaje que La Prudencia de Claudio Gotbeter se caracteriza precisamente por un humor ácido, austero, que deja cierto amargor entre lo coloquial de unos diálogos tersos y ríspidos.

La Prudencia del Estudio Teatral La Chinche no alcanza los niveles de una dramaturgia global entretenida y reflexiva como corresponde a una comedia negra del esplendor de las de Claudio Gotbeter.

Fotos Ismael Almeida (Enfoque Cubano)

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