La ópera, el cine y los fantasmas

Por Frank Padrón

De entre las muchas ocasiones en que el teatro lírico y la pantalla grande han contraído nupcias (fallidas o felices) la TV cubana en su espacio Clásicos (Canal Clave,  viernes, 10 p.m) escogió recientemente la muy popular El fantasma de la ópera (Gran Bretaña, 1962) dirigida por un “especialista” en el “cine de género”, Terence Fisher (Las novias de Drácula,  La momia, La maldición del hombre lobo).

Cuando la “prima donna” de la Ópera de París se retira, Christine Charles es elegida para sustituirla, pero es despedida por rechazar las insinuaciones del empresario. Esa misma noche es raptada por un enano deforme, que la lleva a las catacumbas del gran coliseo donde encuentra a un hombre horriblemente mutilado que vive escondido allí. Él conoce el secreto del fantasma de la Ópera y le cuenta una escalofriante historia de injusticia, depravación y codicia.

Remake de puestas anteriores (la primera versión data de 1925, aunque se han realizado en 1943, 90 y 2004) sobre la novela de Gaston Leroux, estamos frente a un híbrido desabrido e inconsistente que no convence  ni como filme  de terror ni desde la puesta en escena como musical.

Esta lectura cinematográfica  carece de interés y si acaso hay un poco antes de que se desate el conficto central (lo que lleva al incomprendido violinista a convertirse en el deforme habitante de los recovecos del teatro) enseguida abandona al espectador dadas la endeblez y anemia narrativa con que se plasman las peripecias (forzadas o atropelladas en su mayoría), la caracterización y maniqueísmo de los personajes y la deficiente integración de lo específico-teatral al texto fílmico.

Debe reconocerse cierto mérito a la dirección artística, sobre todo por esas  locaciones umbrosas y húmedas en lo escenográfico destinadas a crear suspense, pero ello no basta para  conferirle suficiente atractivo al relato.

La puesta en escena es apenas discreta, no consigue ni “asustar” desde el horror ( pecado imperdonable en cualquier thriller que se respete)  ni complacer  mediante  el manejo de la escena teatralizada propia del musical desarrollada como paratexto, de modo que no convence tampoco al amplio público melómano, que pudo ser una garantía en la taquilla ( pero fue todo un fracaso).

En ello  influye mucho lo desangelado y frío de las actuaciones (Herbert Lom – El fantasma / profesor Petrie; Heather Sears – Christine Charles; Edward de Souza – Harry Hunter…), algunos buenos cantantes pero sin suficiente fuerza histriónica para dotar de convicción sus desempeños.

 La crítica no fue nada benévola, ni en su momento ni tiempo después. Y es que, como señaló un colega, a esta versión “le falta “pimienta” para sazonar la historia y otorgarle más chispa y energía, es un filme que puede que atrape por su ambientación pero que deja una clara sensación a torpeza desde la puesta en escena y desde la parte artística, sin mencionar que el guión es bastante limitado en su estructura y además  demasiado abrupto en su resolución. Aprobada más por su valor histórico que por sus méritos intrínsecos” (Filmaffinity).

De modo que el espacio cinematográfico del Canal Clave está en deuda con los amantes del género lírico mediante una mejor versión, de las varias que como señalamos, existen sobre este clásico.

Fotos Cortesía del Autor

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