La narración oral escénica en Cuba, una construcción colectiva

Por Marta Leonor Figueredo Batista

Uno de los gurús del teatro contemporáneo, Peter Brook, dice al inicio de su afamado libro El espacio vacío: Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral.

A lo que se le añade: si el hombre que camina se detiene ante ese observador y comienza a contarle una historia, el ritual se amplifica, se llena de mayor contenido y logra un mayor impacto emocional en quien observa y escucha.

La escena es el espacio de juego, la lleva el artista consigo, como unos chicos que van a jugar un partido y llevan el balón, y en cierto modo también el campo. En cualquier lugar que cumpla unos requisitos mínimos jugarán un partido, como el actor representará en cualquier lugar que cumpla unos requisitos mínimos. Afirmar que un actor no realiza un hecho escénico por no hacerlo en un espacio homologado para ello, es como decir que un grupo de chicos jugando al fútbol con cuatro mochilas por porterías en un prado no están jugando un partido porque no lo hacen en un estadio.

Para hablar sobre la narración oral, o el arte de contar historias de viva voz, como arte escénico se debe empezar por definir el arte escénico en general. El arte escénico es una manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros. Dicha acción se realiza en un espacio escénico desde el cual se establece la comunicación con el público. Es una vivencia efímera que dura solo y exclusivamente el tiempo de la representación. Para que esto sea posible sus intérpretes tienen una formación previa y un período de preparación y ensayos de dicha acción.(Garzón Céspedes, Teoria y tecnica de la narracion oral escenica, 1995)

Como el actor, el narrador ejerce un arte dramático, pero el actor, en principio, necesita del escenario, mientras que la viabilidad de la narración de relatos no depende del escenario. En la medida en la que la narración oral es una presentación directa, creada para el público que asiste y no recibida a través de un medio de comunicación, es luego, un arte escénico. Como en el resto de las artes escénicas, la forma del escenario, el lugar donde se lleve a cabo el performance, no es importante, lo que cuenta es la inmediatez de la comunicación. Lo que cuenta es que artista y público compartan el aquí y ahora.

En nuestro país, la narración oral escénica tiene rostro de mujer. Figuras como Haydée Arteaga y Mayra Navarro son paradigmas del arte de contar historias. Navarro recuerda lo sucedido en la Biblioteca Nacional, tras el triunfo de la Revolución.

La figura primera en Cuba, históricamente hablando, dentro de la narración oral artística, es la de Haydee Arteaga, mujer cumbre, mujer de lealtad y de honestidad, mujer de talento capaz de alcanzar una y otra vez la lucidez humana, social y creadora, que contaba oralmente desde la primera mitad del Siglo XX y que paulatinamente fue pasando de lo oral artístico comunitario a lo oral artístico de la corriente escandinava, intuición y práctica que resultó enriquecida por los afanes posteriores, que venían desde fines de los años cuarenta, de María Teresa Freyre de Andrade.

Después de 1959 y desde su cargo de Directora de la Biblioteca Nacional José Martí, cuando decidió formar a las bibliotecarias de las salas infantiles y juveniles del país y de las bibliotecas escolares, y algunas otras como narradoras orales artísticas. En este empeño María Teresa Freyre de Andrade, que primero lo intentó a fines de la década del cuarenta, en La Habana y desde el Liceo, sin éxito por las circunstancias negativas de la época, sumó de dentro de la Biblioteca Nacional a dos figuras de excepción: María del Carmen Garcini y Eliseo Diego.

Mayra Navarro refiere la impronta de Haydée en el curso de la especialidad:

Y fue Haydée, de todo el contexto de la narración oral artística al modo escandinavo, quien, desde fuera, desde otras instituciones, realizó experiencias en otros ámbitos sociales, como por ejemplo la que llevo a cabo en la Sierra Maestra, uniendo a lo oral artístico para con todas las edades lo oral comunitario, en comunidades campesinas, muchas muy alejadas de las grandes ciudades. Ella fue programada en la Peña de Los Juglares, donde ya Francisco Garzón Céspedes (años más tarde el fundador de la CIINOE Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica) contaba oral artísticamente desde 1975, y lo hacía no desde la corriente escandinava que desconocía, sino desde su conocimiento de cuenteros familiares, comunitarios campesinos y comunitarios urbanos, y considerando que la narración oral artística era y tenía que ser cada vez más un acto escénico, en rigurosidad: oral escénico.

Desde la Peña, y conociendo en una de sus sesiones al prestigioso historiador Eusebio Leal, Haydée fue invitada por éste a fundar en la Casa de la Obra Pía su programa Haydée y los niños; uno de extensa permanencia, ejemplar en multifacéticos valores y presencias. (Navarro, 2012)

Otro de los pilares de la narración oral fue Garzón Céspedes:

En La Peña de Los Juglares, desde sus inicios y hasta finales de los años ochenta, el trabajo de Garzón Céspedes, se fue insertando como un nuevo arte de la palabra y el gesto fuera de los cánones tradicionales de la expresión artística teatral. Junto a las vivencias personales o colectivas, en las peñas se trasmitía el legado de la narrativa cubana y foránea a la vez que ofertaban una visión integral de la labor cultural histórica y contemporánea con sus profundas derivaciones socio-ideológicas, determinadas por sus vínculos con la historia, la psicología social, la escena y la literatura. De ahí, precisamente, que sus objetivos estuvieran estrechamente relacionados con los del mejoramiento humano y la solidaridad, el desarrollo del pensamiento, el fortalecimiento de la memoria colectiva y de la identidad nacional.

La Peña de Los Juglares generó un nuevo movimiento de peñas en torno a la música, la poesía, el teatro, las artes plásticas y la literatura en general, cuya expresión estuvo en los llamados Sábados del Libro y Sábados de la Plaza y en las Tertulias de la UNEAC. Como su hilo conductor era la conversación escénica pronto derivó en un proyecto de extensión de la cultura hacia diferentes espacios alternativos y funcionales, tanto abiertos como cerrados: plazas, museos, escuelas, teatros y en una suerte de periodismo en vivo. (Garzón Céspedes)

Los narradores orales escénicos se han multiplicado, en virtud del reconocimiento que han recibido por la valía de su labor artística en espacios teatrales, en los barrios, parques, comunidades.

Conversadores y cuenteros populares como Eusebio Leal, Francisco Martínez Hinojosa, Hermógenes Pérez, Lorenzo Jardines o Francisco López Sacha. Alumnos de las experiencias formativas de Francisco Garzón Céspedes y Mayra Navarro (Elvia Pérez Nápoles, Silvia Tellería, Osvaldo Manuel,  entre otros); o de Mayra Navarro en los Talleres básicos de Narración oral de la CIINOE, de la cual Mayra Navarro fue su delegada en Cuba desde su fundación en la década de 90 hasta el 2006 en que se crea, a propuesta de Octavio Pino y con el consenso de la maestra Mayra Navarro y un grupo de sus alumnos,  el Foro de Narración Oral del Gran Teatro de La Habana, Octavio Pino, Lucas Nápoles, Mirtha Portillo y varios otros alumnos de narración oral.(Garzón Céspedes)

Compañía de Narración oral Palabras al Viento.

Proyectos en diversas partes del territorio como los de Ury Rodríguez, Virginia López y otros narradores en la ciudad de Guantánamo. Fátima Patterson y la Bienal Internacional de Oralidad de Santiago de Cuba o los eventos de la Casa del Caribe y la Casa de las Tradiciones en esta misma ciudad. Otras zonas del país, Pinar del Río, Matanzas, Las Tunas, Holguín, Isla de la Juventud y en la capital desarrollan eventos de oralidad y cuentería de muy variado corte como Contar con La Habana, Primavera de Cuentos, Fiesta de la Palabra-Contarte, Río Cuentos, Bienal cubana de Narración Oral Escénica Cuenta Cuentos, Primavera de Cuentos, Barrio Cuento, Afro palabra, en la Casa de África, entre otros.

Como en todas las artes, escénicas o no, hay estilos, personalidades. Discusiones teóricas, diferencias de práctica y de puntos de vista, y así como nadie pone en cuestión que la danza sea un arte escénico cuando lo es, aunque todo el mundo pueda bailar y haya bailes folklóricos; la narración oral de historias es un arte escénico cuando lo es, aunque todo el mundo pueda contar y haya maneras diferentes de narrar oralmente.

La existencia de la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE), la Sección de Narradores Orales de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la Cátedra María del Carmen Garcini de Narración Oral, la Cátedra de Oralidad Carolina Poncet, el Foro de Narración Oral del Gran Teatro de La Habana y otros espacios teórico-prácticos son muestra del reconocimiento que tiene la narración oral en el país.

En los lugares apartados de la vida urbana, en los escasos lugares a donde no llega la electricidad o es inestable, la gente se reúne en su tiempo de descanso, también en los velorios, para escuchar narraciones. La oralidad es una forma de recreación, es una práctica cultural y una forma de vida.

Cuando alguien cuenta historias para un grupo de personas compartiendo espacio y tiempo, y quien cuenta tiene una intención artística, o sea, ni adoctrina, ni vende, ni enseña, contar cuentos e historias oralmente es un arte escénico. Hay en los cinco continentes público que asiste al sencillo y prodigioso espectáculo de un ser humano que habla y con su voz y su cuerpo construye mundos.

Pongamos, por ejemplo, las presentaciones de Ury Rodríguez en la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa. O una maestra de una escuela primaria que narra a los niños el cuento La muñeca negra, de José Martí. O la presencia de Osvaldo Manuel cada viernes en las plataformas digitales durante la etapa de pandemia contando una historia.

La narración oral escénica goza de buena salud en toda Cuba, y es una herramienta eficaz para desarrollar la espiritualidad en niñas y niños de las escuelas primarias. Diversos autores afirman que, con la presencia responsable del Instructor de Arte en la institución educativa, se enriquece el sistema de trabajo con los niños, adolescentes y jóvenes.

La misión de impartir talleres de apreciación, de creación e interdisciplinarios, en círculos infantiles, escuelas primarias, secundarias básicas, enseñanza técnica, escuelas de conductas, preuniversitarios, Universidades, Casas de Culturas situadas en la comunidad, propició la transformación del entorno sociocultural y se creó un estilo propio donde se integraban lo artístico, los valores humanos y lo patriótico, para favorecer la asimilación de juicios críticos y gustos estéticos correctos desde la más temprana edad.

La función docente del actual Instructor de Arte no minimiza su condición como conductor de procesos de creación artística, ni se contradice con su papel como activista de la promoción cultural artística. Por el contrario, existe una relación muy estrecha entre estas tres facetas que se le reconocen a la profesión: la de educador, la de creador y la de promotor. Pero debe aceptarse que ejercer la docencia directa en el aula implica para los jóvenes instructores un extraordinario reto, atendiendo a su inexperiencia en este campo y a las propias exigencias que plantea la pedagogía del arte en cualquiera de sus variantes.(García & Saurí Hansen)

El Instructor de Arte de Teatro atenderá la calidad de las unidades artísticas que forme, cumpliendo con la realización anual de un montaje teatral. La realización de acciones teatrales en espacios no convencionales como: desfiles teatrales, festejos populares, representaciones de escenas de creación colectiva, acciones teatrales de intervención pública en la comunidad que favorezca el gusto por el teatro y posibilite la mayor incorporación y disfrute de esta manifestación.(Indicaciones Metodológicas para el Sistema de casas de Cultura, 2020 )

Es el taller sin lugar a dudas el elemento que caracteriza la labor del instructor de arte como conductor de procesos docentes, de apreciación y creación, con todos los alumnos del centro escolar. El Instructor de Arte, en el cumplimiento de su función docente-metodológica, utiliza como sustento científico la didáctica, que en ese sentido brinda las herramientas teóricas- prácticas, que desarrollándose con la calidad necesaria, procura responder a las cuestiones fundamentales siguientes y establece acciones eficaces para la actuación del instructor y de los estudiantes: A quién se enseña. Para qué se enseña. Qué se enseña. Cómo se enseña. Quién aprende. Con quien aprende el estudiante. Qué aprende el estudiante. Cómo aprende el estudiante.

El Instructor de Teatro debe utilizar los talleres de narración oral como vía didáctica, para que el tallerista adquiera las herramientas básicas que le permitan fomentar la lectura para crear conocimientos y habilidades en la  expresión oral, que constituye el soporte para la comunicación entre las personas y desde luego para una educación y cultura literaria, idiomática y artística, posibilitando la creación, sustentadas en la fantasía y el gusto por contar, describir, actuar, dando riendas a la imaginación. Al mismo tiempo que se desarrollen técnicas corporales y vocales como instrumento del narrador y la preservación de la tradición oral.

Con la narración escénica, se logra el acercamiento a la Literatura, ya que ella es el reflejo artístico a las ideas. El Instructor de teatro debe tener en cuenta que la narración oral escénica en sus principios presenta una preparación multifacético, tanto teórico como práctico. Dicen los narradores que contar cuentos solo se aprende contando, pero hay que tener una preparación escénica, es por lo que la autora utiliza juegos escénicos y competencia en los talleres, tanto en los juegos infantiles como en la representación teatral la competencia es el estímulo que permite el desarrollo de los mismos.

Referencias Bibliográficas

Brook, P. (s.f.). El espacio vacío.

Garzón Céspedes, F. (1995). Teoría y técnica de la narracion oral escenica. Madrid, España: Ediciones Laura Aviles.

Navarro, M. (2012). Aprendiendo a contar cuentos (Vol. Segunda Edición). Editorial Pueblo y Educación.

Garzón Céspedes, F. (s.f.). Apuntes sobre la verdad histórica de la narración oral artística en cuba y en homenaje a Haydée Arteaga.

García, D., & Saurí Hansen, S. (s.f.). sitio web Instructores de Arte.

(Indicaciones Metodológicas para el Sistema de casas de Cultura, 2020 )

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