“Jiesta”: reflexiones del cuerpo en el carnaval en Latinoamérica

Profs. Jhon Barreto (Colombia)

Quizás este texto de la impresión de ser autobiográfico o autorreferencial, pero si he de dar a conocer que las preguntas que suscitan las escrituras del mismo, las referencias y las subjetividades que aquí se plantearán, yacen en mi experiencia como artista de folklore colombiano y como ciudadano del mundo. Aún así, este texto se sustentará también en referentes teóricos y artísticos que ayudarán a darle cause a mucha de la información que aquí se compartirá. Escribir este texto, más allá del compromiso académico, responde a la generación de un encuentro de este cuerpo que requiero que tiene experiencias que así se traducirán por medio del uso del mismo, para construir esta escritura que quien lo lea pueda conectarse desde y con sus referentes de vida y su relación con su cuerpo. Es decir, es un texto escrito con, desde y para el cuerpo.

Habiendo dicho lo anterior. Jiesta pareciera que está mal escrito fiesta, pero no, ¡Esta bien escrito! Como colombiano, nacido en la provincia de García Rovira en el municipio de Málaga, Santander, fui criado por mi familia campesina, y allí, en dicha provincia donde los hibridajes entre la cultura santandereana y boyacense se mezcla sin permisos y sin pudor (y no es que lo tengan que tener). Fui incitado al mundo a lo que hoy entiendo antropología cultural y estudios culturales. Jiesta como permuta lingüística de la f por j, corresponde al coloquialismo propio de los campesinos de la región, de los que hace parte mi familia materna Joya. Sumado a ello, mi mamá cuenta que desde los tres meses de nacido me llevaba a las verbenas populares de las fiestas patronales de los municipios aledaños, y desde allí comienza mi relación de habitar espacios del cuerpo en carnaval donde la música, las múltiples danzas, performancias y teatralidades que allí se devienen han generado eco en mi práctica artística hasta el día de hoy (a mis 30 años).

Comenzaré aclarando que Fiesta: tiene como raíz en el latín festa relacionado con el acto y rituales de celebración colectiva, en hebreo traduce hag[1] significa danza; por lo que las fiestas israelitas connotan alegría.

La “Jiesta” como evento social. Foto cortesía del autor.

Los festivales sagrados, ocupaban un lugar importante en la religión judía. Una de las diversas formas de manifestación de la fiesta es el carnaval, el cual etimológicamente hablando viene del italiano carnevale, haplología del antiguo carnelevare, de carne ‘carne1’ y levare ‘quitar’, del latín carnem vale (adiós carne);

“…atendiendo a un riguroso método histórico hemos de admitir, en primer término, que por lo menos desde que se fija la fecha del “carnelevamen” del “carnis privium” o de las “carnes tollendas” la idea de que en el año existe un período de “carnalidad” frente a otro de “espiritualidad” (expresado éste por la cuaresma misma) tuvo una gran difusión, reflejada también en el hecho de que otros nombres del “carnaval” como el griego “Apókreos”, el alemán “fastnacht” o “fasnascht” y otras similares incluso el vasco de algunas zonas que no es “iñaute” o “iyotia” sino “aratista” o “aratuste, palabra que alude también a la privación de la carne.” (Caro, 1965, p. 725)

Estas miradas del origen de carnaval y la fiesta, tiene un enfoque eurocentristas dada su herencia académica y social que influencia a Latinoamérica. Reconozcamos que las culturas nativas americanas tenían rituales de celebraciones relacionadas con sus cosmologías, al momento de la invasión española en el continente americano, y con ella los genocidios indígenas y los procesos de sincretismo, apropiación y colonización cultural. Se generan socialmente acuerdos relacionada con las deidades nativas y las judeocristianas y con ellas las celebraciones propias de cada acontecimiento constituyendo de esta manera la diversa oferta de carnavales, festivales, feria y fiestas patronales por Latinoamérica. Recordemos que hacia el año 392, el emperador Teodosio creó un edicto que llevó a que los súbditos del imperio romano volverse al cristianismo, prohibiendo con ello las olimpiadas, la danza y los rituales eleusinos[2] porque operaban en función del culto al cuerpo y la carne, es decir: exploraciones del cuerpo y su espiritualidad.

Teodosio, justificado principalmente en las palabras de Agustín de Hipona o más conocido como San Agustín[3] (considerado uno de los padres de la iglesia más importante) quien propone el concepto de “el cuerpo mismo es pecado”, que sumado al poder político, militar y territorial del imperio romano tienen aún hoy en día gran influencia luego de la caída del mismo. Por ello, luego de las cruzadas, el medioevo, al llegar el periodo de la colonia se impone en Latinoamérica luego de los genocidios cometidos y la imposición del credo cristiano, seguido por la inquisición, hacen que el mestizaje cultural que se da en el continente genera una significativa diversidad de festividades como escape de la cotidianidad y de la moralidad impuesta.

Recordemos que antes de la profetización judeocristiana, existía un consciencia cultura matríztica que se basaba en el equilibrio participativo, donde no importaba el género sexual para poder realizar oficios propios de cada comunidad, permitiendo que hombres y mujeres pudiesen ser liderezas, cultivadoras… chamanas. Estas últimas buscaban expandir los niveles de energía y conciencia que llevan al descubrimiento de si por medio de la experiencia, a diferencia de los sacerdotes quienes buscan repetir formulas, historias y doctrinas que lleven a las personas a creer y no pensar. Y estos, bajo los principios de San Agustín hacen que se potencia el patriarcado, que eventualmente desarrolla el capitalismo, donde según la premisa el que invita a ver el cuerpo como pecado hace que el proyecto moderno se lleve a la búsqueda de anulación de la identidad de la persona a una masa colectiva que opera en función de una felicidad basada en el materialismo, bajo estándares de aspiración de pequeños burgueses.

“Tirando un paso”. Foto cortesía del autor.

Llevando a las múltiples violencias hacia los cuerpos que hoy en día enunciamos misoginia, homofobia, xenofobia, racismo, gordofobia, transfobia…, entre otras. Violencias que han sido naturalizadas de manera histórica en todo el mundo, donde los cuerpos reprimidos por su diversidad material y de pensamiento, consideramos marginado o desviados[4]. En tiempos de la inquisición se denominaban herejes que viene de herejía que viene del Latín Medieval herēticus, del griego antiguo αἱρετικός (hairetikós, “libre de elegir”). Los espacios sociales y rituales desde la imposición del pensamiento judeocristiano en occidente, los cuerpos desviados han podido usar para su devenir sin moralismo los carnavales y las fiestas. Espacios donde la dilución de la moral permite que los pudores del cuerpo y sus identidades tengan la posibilidad de devenir-ser. Allí las construcciones de género, sexo, identidad… que no operan en función de la hegemonía hetero-patriarcal, dentro de la contemporaneidad-modernidad, tienen la posibilidad de presentar y representar sus desviades individual y/o colectiva.

Con lo anterior, comencé a cuestionarme como en mi vida la importancia de la fiesta, no solo por mi acercamiento a temprana edad a las fiestas patronales de los pueblos de García Rovira y del Carnaval del Oriente Colombia. Sumado a ello, como biohombre, homosexual de género fluido, es decir, un cuerpo desviado en muchas capas, encuentro gran relevancia en las diversas manifestaciones de fiesta en el día a día latinoamericano. Como ejemplo de ello, Colombia es el país con mayores días festivos de todo el mundo, añadiéndole el sin fin de excusas para la celebración, tanto que existe el dicho: “celebra hasta la movida de un catre”. Me atrevo a considerar (por mi experiencia personal) que aunque la fiesta se connota por ser un acto extracotidiano, en Colombia y Latinoamérica la fiesta tiene presencia como acontecimiento y/o happening en la cotidianidad.

En un mismo sentido, una consecuencia del proyecto de modernidad basado en el patriarcado y la religión ha sido el proceso de anulación de la identidad de los, las, les, lxs… pertenecientes de una comunidad. Hemos evidenciado históricamente como desde la primera ola del feminismo a principios del siglo pasado, permitió que se evidenciará la desigualdad de democratización de los derechos humanos en el mundo. Con ello, ha permitido que hoy se estén construyendo y replanteando discursos que invitan a entender los constructos de ser hombre, ser mujer, relación identidad sexual y desempeños profesionales, omisión de conocimientos ancestrales de medicina y cosmologías, racismo, clasismo… entre otras violencias hacia los cuerpos y formas de habitar la coexistencia de este mundo entre la multiculturalidad de comunidades que existen.

Lo anterior, es una invitación a poder comprender que nuestros cuerpos funcionan como un archivo performativo, donde todas las experiencias que este tiene quedan registradas de alguna manera, y generan huellas perennes independientemente de la significancia de estas. Sumado a ello, los devenires que hacen frente a la desviades de las imposiciones hegemónicas de los cuerpos, han variado y cada vez, logran mayor visibilidad social, aunque aun no es suficiente la visibilidad para poder generar políticas que reconozcan a todos como ciudadanos con los mismos derechos que cualquier otro, independiente del género, identidad sexual, religión, nacionalidad…

Podemos añadir al cuerpo como archivo performativo la noción de identidades rizomáticas. La cual nos invita a pensar que existe una constante deconstrucción de la identidad, donde la expresión juvenil nunca cambies pareciera hoy en día una condena de por vida. Es erróneo pensar que los cuerpos se mantengan fijos o estáticos: la función del pie humano es ayudar a estabilizarse constantemente, cada cierto tiempo tenemos regeneraciones de nuestros sistemas internos, sin contar las complicaciones de salud que varían según cada quien, donde existen desordenes o excesos que hoy podemos ver relacionados en enfermedades como el cáncer. Aclaro que, no quiero reafirmar la noción de la división de cuerpo y mente, por el contrario, invito a pensar la relación de la materialidad y la virtualidad del pensamiento esta intermediada por el cuerpo, es por medio de este donde las identidades son representadas, censuradas, resistentes y presentadas. Aquello que el cuerpo piensa de sí, lo somatiza y afecta su materialidad carnal, como especialistas de esta relación podemos encontrar los bioenergéticos e investigadores somáticos del movimiento. Por otro lado, es relevante tener en cuenta que en nuestra era digital hemos creado múltiples identidades en el mundo virtual, ya sea que nuestra interacción en redes sociales sea nula, comercial, narcisa, política… existimos en una matrix, siendo esta otra dimensión y extensión de nuestras identidades. Aunque, existen personas que se resisten a su participación en redes sociales, existe banco de datos digitales con el hecho de tener una identidad oficial, pasaporte, línea telefónica… con lo que se construyen avatar virtuales aunque sean genéricos. En suma, nuestros constructos de identidad son diversos y cambiantes, somos cuerpos en constante cambio, mutantes, somos cuerpos en tránsito.

Pareciera a este punto, que nos hemos desviado de donde iniciamos. Pero no es así, al igual que los cuerpos y cada persona se están actualizando, revisitando, deconstruyendo… esto mismo afecta a las comunidades y con ello a las formas de interacción de las mismas. Entre estas, tenemos los carnavales y las fiestas, como lo menciona Sol Montoya de su texto El Carnaval de Rio Sucio, Representación y transformación de identidades – Colombia:

“El carnaval vive de su permanente actualización. Retomar el momento por que la sociedad pasa y reelaborarlo para la fiesta, requiere de extrema agudeza y agilidad para ir reemplazando lo caduco, lo que se ha vuelto letra muerta, por lo actual.” (Montoya, 2003, p. 27)

Aunque la noción de letra muerta y actual no son de todo mi agrado, ya que considero relevante la noción de culturas hibridas que nos plantea Néstor García Canclini donde yace el postulado de la actualización cultural ya sea por efecto de la globalización y las múltiples apropiaciones culturales que traen estas interacciones. Con ello, también quisiera evocar a Dora P. De Zárate en su texto:

Nuestra posición frente a las teorías folclóricas[5], plantea:

“Lo antiguo tradicional, vive; lo antiguo sólo nos da la sensación de cosa inanimada y lo tradicional sino funciona ya no es tradicional, es cosa fósil, antigua.” (Montoya, 2003, p. 27)

Con Zarate, podemos confirmar la noción de que las tradiciones se mantienen vivas, su vigencia se debe a que han mutado según sus comunidades lo han hecho: principalmente por los cuerpos que las vivencian, reproducen, representan, quienes terminan salvaguardándolas por medio de sí mismos, sus memorias, su oralidad… entre otras maneras que pueden connotar tradiciones individuales o colectivas.

La humanidad independiente de las represiones y los diferentes sistemas y clasismos relacionados con la privatización del conocimiento, el ser humano como tal busca maneras de comunicarse y dicho acto se cobra valor en las transferencias de saberes, materializados ya sea por dibujos, música, textos, oralidades… gestos cotidianos como la risa, los refranes, las formas de estornudar… que dan cuenta de los imaginarios del mundo y representaciones que tienen las comunidades. En consecuencia, hemos creado de maneras múltiples y transdisciplinares la necesidad de visibilizar las nociones de mundo.

Hoy en día seguimos pensando que los conocimientos validados y registrados desde el pensamiento académico eurocentristas siguen estando principalmente en los libros. Hemos de considerar que existen múltiples maneras de construir conocimiento y no todo ha sido reconocido dadas las cadenas de poder que han privatizado desde la triada religión –patriarcado- capitalismos, de esta manera ha hecho que las formas de construcción y difusión del mismo opere desde los mismos filtros.

Volviendo a nuestra premisa del cuerpo como archivo, archivo que se compone de múltiples memorias que registran las afectividades que con las que percibe el mundo y se dinamiza con el mismo, estas pueden ser: uso constante de antibacterial, meditar, desayunar arepa de maíz pelado todos los días con caldo, tomar café, salir a trotar o cualquier otra práctica corporal. Eso sí, la realización de estas actividades no responde a una invención o descubrimiento propia de un ser, son un constructo social, filtrado por su propia mirada del mundo, que responde de manera histórica a otros eventos donde una comunidad vio la necesidad de comenzar a repetir, tecnificar, traducir y transferir dicho conocimiento.

Así mismo para no irnos muy lejos, evocaremos a la película The Devil Wears Prada[6] al personaje de Miranda Priestly (Meryl Streep), quien le explica a Andy Sach (Anne Hathaway) por qué su suéter azul celeste que ella (Andy) compró en una tienda de saldos, llego allí como un eco del capitalismo- Prêt-à-porter[7]. Sí, estoy mencionando una película de comedia blanca hollywoodense, con la intención de mencionar que: existen múltiples manifestaciones artísticas que desde los filtros y motivaciones que llevan a los artistas a realizar sus producciones terminan plasmando, archivando o registrando sus modos de habitar el mundo en ese momento, sus realidades, nostalgias, ansiedades, miedos, y aspiraciones. Sea cual sea su postura hacia este, el arte funciona como la posibilidad de imaginar y esa imaginación responde a los impulsos mencionados anteriormente, que dan cuenta de la episteme social. Valga aclarar que estas producciones son una mirada parcial del mundo y no una totalizante justo porque las posibilidades y privilegios son diversas, y es casi improbable que se pueda generar una mirada totalizadora del mundo y sus múltiples formas de percibirlo y habitarlo.

En este momento, me cuestiono maneras performativas de escritura, que inviten a que el texto sea cuestionable propone, replanteable, reinterpretable. No como una verdad, manual o norma, sino como la posibilidad de que quien lo lea pueda conectarse desde múltiples lugares, que pueda ser un texto al que sin tanto privilegio académico y clasista pueda conectarse con este y cuestionarlo. Así mismo pasa con los cuerpos, pienso en escrituras que den cuenta de las performancias de un cuerpo, que al ser traducidas en grafías (palabras o dibujos) puedan ser libres de ser interpretadas y que así mismo puedan generar movimientos solo con el hecho de contemplarlas, grafías que sean intervenibles.

Carranga/Carranguero. En la foto Jhon Barreto, tomada por Joseph Moreno.

Retomemos de nuevo al punto de partida de este escrito JIESTA, como derivado de la fiesta y el carnaval, he tratado de evidenciar un recorrido de los mecanismos de represión dadas por la colonialidad epistémica iniciada por la religión judeocristiana, el patriarcado y el capitalismo. Si bien, yo he podido desde temprana edad acercarme a festividades dadas de manera intuitiva por las comunidades donde he podido interactuar, no podemos negar como también lo he visto en otras festividades la mercantilización de lo festivo como lo menciona Javier Reynaldo Romero Flores en su texto “Pasos hacia una descolonización de lo festivo”:

“… la colonialidad como mercantilización de lo festivo, poco a poco, se apropió también del espacio de los danzarines. Este fue siendo invadido por la subjetividad de personas motivadas más por la imagen y su exteriorización en el espectáculo que por  la exteriorización de sus afectos. Actualmente aquellos abrazos y convites al llegar al templo han sido reducidos en alto grado.” (Romero, 2015, p. 118)

A lo cual nos invita a

… una vez clarificado este proceso, una vez identificado aquel dispositivo de colonialidad como demonización de lo festivo, fundado inicialmente en la enajenación, es importante iniciar un movimiento que lo tensione y vaya produciendo la des-enajenación, y se pueda recuperar el sentido liberador de lo festivo y desfetichizarlo del «folklore», del «turismo» de la «identidad» y de la «cultura popular». (Romero, 2015, p. 118)

Con esta invitación que nos realiza Romero podemos encontrar la potencia política que tiene en sí mismo la fiesta y el carnaval como espacios de desajenación de resignificación de las tradiciones vivas que han mutado y son la vigencia de conocimientos ancestrales, que componen en muchas maneras nuestras identidades rizomáticas. Aun así, aunque este texto de cuenta de unas reflexiones de como la triada patriarcado – religión – capitalismo siguen vigentes en nuestra cotidianidad dadas las huellas, que espero no logren se perennes en nuestras comunidades. Llevamos varias décadas con pensadores, artistas, líderes sociales, colectivos y manifestaciones alrededor del mundo que aún logran las voces y acciones que se requieren para que todos en el planeta podemos ser reconocidos con los mismos derechos y sin manifestaciones de violencia a cualquier diversidad no hegemónica.

Hemos de entender la fiesta y el carnaval como acto colectivo, que dejen de ser ajenos y se vuelvan parte del paisaje, tanto, que la presentación de identidades diversas no se relegue solo a espacios marginados. Esto no quiere decir que, no existan los carnavales y fiestas como extracotidiana y tradicionalmente los conocemos, es una invitación a diluir y deconstrurir el moralismo, clasismo, misógina, y otras violencias que en estos momentos vemos en muchas de estas manifestaciones. Las reflexiones que trato de generar aquí son también una invitación abierta accionar, a visibilizar las voces, a festejar la vida y la muerte, independiente de lo complejo que pueda ser la realidad misma.

Fuentes bibliográficas

Caro, J. (1965). Folklore experimental: El Carnaval de Lanz (1964).

FIESTAS – Diccionario Enciclopédico de Biblia y Teología. (2021). Retrieved 1 April 2021, from https://www.biblia.work/diccionarios/fiestas/

Reyes, M. (25/03/2021) Viaje al fondo del alma [Audio podcast] Recuperado de

https://lanoficcion.com/2021/03/25/viaje-al-fondo-del-alma/

Ahmed, S. (2006). Queer phenomenology: Orientations, objects, others. Duke University Press.

Barreto, J. (2018). Festival Nacional de Danza Folklórica: veintinueve años intercambiando saberes culturales (Titiribí, Antioquia). A Teatro. Medellín, Colombia.

Bonilla, S. M. (2000). Ritual y multivocalidad: el carnaval de Riosucio (Caldas) y el Carnaval de Barranquilla. Revista Colombiana de Antropología, 36, 156-179.

Bardet, M. (2012). Pensar con mover. Un encuentro entre danza y filosofía. Cactus. Buenos Aires, Argentina.

Baudrillard, J. (1990). La transparencia del mal. Anagrama. Barcelona, España.

Dannemann, M. (1975). Teorías del folklore en América Latina. CONAC Venezuela. Caracas, Venezuela.

García Canclini, N. (1990). Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad. Editorial Grijalbo. México.

Montoya, J. (2008). Explosiones lingüísticas, expansiones estéticas. Centro de publicaciones Universidad Nacional de Colombia. Medellín, Colombia.

Montoya Bonilla, S. (2003). El Carnaval de Rio Sucio, Representación y transformación de identidades. Editorial Universidad de Antioquia. Medellín.

Frankel, D (Director). (2006) The Devil Wears Prada [Pelicula]. EE.UU. Fox 2000 pictures.

Romero f., Javier. (2015) Pasos hacia una descolonización de lo festivo Tabula Rasa, núm. 22, enero-junio, 2015, pp. 103-122 Universidad.

Colegio Mayor de Cundinamarca Bogotá, Colombia fiesta Que es, Concepto y Definición. (2021). Retrieved 1 April 2021, from https://www.bibliatodo.com/Diccionario-biblico/fiesta

[1] 1 (“Fiesta Qué es, Concepto y Definición”, 2021)

[2] Los misterios eleusinos eran ritos de iniciación anuales al culto a las diosas Deméter y Perséfone que se celebraban en Eleusis (cerca de Atenas), en la antigua Grecia. De todos los ritos celebrados en la antigüedad, estos eran considerados los de mayor importancia.

[3] Es un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. Después de su conversión, fue obispo de Hipona, al norte de África y lideró una serie de luchas contra las herejías de los maniqueos, los donatistas y el pelagianismo.

[4] Sara Ahmed propone que todo aquello que no opera en función de lo straigth (que traduce derecho), es desviado ya que no opera en función del patriarcado.

[5] Dentro del libro Teorías del folklore en América Latina de Manuel Dannemann (1975)

[6] Distribuido en Latinoamérica con el nombre El diablo viste a la moda.

[7] Es una expresión francesa que significa textualmente Listo para llevar. Se refiere a las prendas de moda producidas en serie con patrones que se repiten en función de la demanda; es por tanto la moda que se ve en la calle a diario.

En portada: In-timo. En la foto Jhon Barreto, tomada por Dana Jane.

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