Fotografía y Ballet en Cuba, un recorrido desde el lente (Tercera parte)

Por Isachi Durruthy Peñalver

Desde mediados de los setenta y principios de los ochenta, la celebración de eventos artísticos de gran relevancia como el Festival Internacional de Ballet de La Habana (desde 1960), el Encuentro Internacional de Academias de Ballet, las jornadas conmemorativas por el aniversario del Ballet Nacional de Cuba, la creación de las revistas especializadas Cuba en el Ballet (1970) y Tablas (1982), se convirtieron en plataformas de notable preferencia para la difusión y promoción de nuestros fotógrafos.

Nombres como Paco Bou y Falcón se mantuvieron realizando sesiones de fotos a notables bailarinas como Alicia Alonso o Loipa Araujo. Bou se mantuvo como colaborador asiduo de la revista Cuba en el Ballet y buena parte de las exposiciones de ballet de la década, tanto en Cuba como en el extranjero, fueron protagonizadas por él.[1]

A partir de una inclinación personal, pero, sobre todo, por requerimientos culturales muchos creadores comenzaron a ser cada vez más demandados por las instituciones nacionales o directamente por las compañías danzarias. En este grupo han sobresalido también Nancy Reyes o Graciela Gómez cuyas tentativas iniciales devinieron en un riguroso trabajo.

Oscurio por el Ballet Nacional de Cuba. Foto Buby Bode

En el caso de María Eugenia Bode la mirada atenta hacia todo lo acontecido en nuestra escena ha favorecido una valiosísima galería de imágenes. Sin embargo, no ha sido esta una captación meramente lineal, se percibe el interés por despojarse de la imagen convencional, rígida o artificialmente construida. El bailarín trasciende, perpetuado en momentos transmisores de excitación humana; las emociones fluyen, las recurrentes laceraciones corporales y espirituales, la abnegación, resistencia física, también forman parte de ese esfuerzo cotidiano que es importante registrar. La armonía de la danza se articula entonces en resultados visuales impactantes.

Existe además una producción latente más allá de los archivos preservados por instituciones como el Museo Nacional de la Danza, la Fototeca de Cuba, el archivo del Consejo Nacional de las Artes Escénicas o el Museo Nacional de Bellas Artes. Nombres que emergen como parte de nuevas variantes discursivas y cuya obra exige su inclusión en este modesto recuento sobre la fotografía de ballet en Cuba. Se trata de jóvenes creadores que han tributado a la perpetuidad de una imagen que comporta ineludibles valores estéticos y testimoniales: Gabriel Dávalos, Yuris Nórido, Jorge Gavilondo, constituyen sin dudas sobresalientes ejemplos del panorama contemporáneo.

Sincronía. Foto: Jorge Gavilondo

El deleite de sus imágenes se manifiesta en la proyección inteligente de una realidad aprehendida desde la esencia misma de la manifestación: a veces romántica, otras desgarradora, emotiva, pero siempre dinámica. Se devela entonces la potencialidad artística de la fotografía, su innata capacidad para comunicar ese universo de agonías y sentimientos, el carácter dramático, ya sea en el salón de ensayo, directamente en la escena o en espacios públicos de la Ciudad.

Indudablemente nuestros fotógrafos han dejado un valioso testimonio para la historia de la danza y la cultura cubana. Experiencias de palpable trascendencia, dinamismo y fecundidad artística, constituyen expresiones plásticas que ensalzan las imaginativas y peculiares aproximaciones a la temática en Cuba. Tal y como señalara Pedro Simón:

En muy contadas ocasiones puede el arte fotográfico conjugar su misión documental -como instrumento de la memoria – con la creación de una realidad estética que transforma el resultado de su acción en un objeto de belleza. [2]

Esta ha sido precisamente la labor de nuestros creadores: crear, testimoniar, relatar, difundir y perpetuar nuestra historia danzaria. Saciar una inquietud artística que tiene en lo efímero de las variaciones, balances, giros y saltos, un mundo de recurrentes incitaciones gráficas que otrora se nos escapaba de las manos.

En portada El lago de los cisnes. Foto: Nancy Reyes

Referencias bibliográficas

[1] En 1990 fue presentada la exposición Imágenes del Ballet Nacional de Cuba en el Festival de Teatro y Danza de Valladolid, España. Este mismo año la galería Juan David en La Habana acogió esta muestra. En 1996 la exposición Danzarías, se inauguró en la galería Domingo Ravenet.

[2] En Simón, Pedro. Alicia Alonso y Vladimir Vasiliev: Giselle. Editorial Arte y Literatura. Ciudad de La Habana, 1988. p.9

Contenidos Relacionados:

El Club Fotográfico de Cuba, elemento importante para el desarrollo de la memoria gráfica del ballet en la isla

Tito Álvarez, más allá de la escena

 

(Visitado 134 )

Exportar a PDF:

Comparta nuestros contenidos en redes sociales:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Leer más
“El gran disparo del arte”: Click. Click. Click

El gran disparo del arte, obra escrita y dirigida por Agnieska Hernández (Pinar del Río, 1977), se presentó en la...

Cerrar