ENCONTRAR LA REGLA DE ORO PARA LA DANZA

Por Mercedes Borges Bartutis / Fotos Yuris Nórido

Quedarse hasta el final en una función de danza en estos tiempos es un reto difícil de cumplir. Y el que lee pensará que es una exageración de intelectual inconforme, y sí, también lo es; pero sobre todas las cosas, es respeto a uno mismo, al tiempo que pasa implacable y no te permite retomar ni un segundo transcurrido.

Aplaudo con fuerza el reciente estreno, en el Teatro Mella, de Danza Contemporánea de Cuba, compañía que dirige Miguel Iglesias. Bajo el título de Equilux, salió al escenario esta pieza con crédito de la coreógrafa escocesa Fleur Darkin, resultado del proyecto Islas Creativas, que desde hace un tiempo viene desarrollando la compañía y el British Council.

Equilux abrió el programa y mostró a una formación muy renovada, con unos pocos bailarines de experiencia sobre el escenario. Sin embargo, era un fabuloso elenco, que aún rejuvenecido sigue mostrando la calidad del bailarín cubano, en general. Thais Suárez confirmó ser esa intérprete hecha para cualquier circunstancia, estilo, o reto. Ella, convertida, más o menos, en una protagonista encabezó la mayor parte de las escenas de una pieza, rara y brutal, pero a la vez hermosa, delicada y enérgica.

Equilux reveló el temple de Fleur Darkin, creadora llamada por la prensa como “una de las más teatrales coreógrafas de la nueva ola británica”.

En lo personal pienso que Equilux descansa sobre un fuerte soporte de imágenes, sobre todo imágenes seductoras, muy bien acopladas, bien distribuidas, encontrando hermosas secuencias para mostrar una masa compacta de bailarines que pueden organizarse y desorganizarse a la vez, con un aparente descuido, pero ciertamente con un milimétrico sentido de la construcción. Hacer y deshacer sobre la escena con igual destreza y buen gusto, no es algo que le esté permitido a muchos.

Completó el programa de Danza Contemporánea de Cuba la pieza Coil, con crédito del cubano Julio César Iglesias. Este creador tiene enorme capacidad de sorprender al espectador, unas veces te vuelves cómplice de sus propuestas, pero otras simplemente puedes saltar del asiento y salir del teatro. Eso fue lo que me ocurrió justamente en la función de Danza Contemporánea de Cuba, porque no siempre tus energías están listas para soportar tanto de negativo en la escena. Coil me provocó mucho rechazo al ver golpear a un chico negro tantas veces durante la pieza. No pude quedarme hasta el final y salí del teatro Mella en busca de un poco de aire. He seguido la carrera artística de Julio, he disfrutado muchas de sus obras, otras las dejo con un signo de interrogación, pero es un nombre que no puedes ignorar, porque siempre hay algo interesante en su trabajo. Sin embargo, Coil me venció.

De todas formas, nada de lo que escriba será suficiente para que, el que lea este comentario no asista a ver la pieza de Julio César, si la vuelven a subir a la cartelera de algún teatro. No hay nada como la experiencia personal. También es bueno volver a ver las obras un par de veces más, así uno logra reconciliarse (a veces) con las obsesiones de los coreógrafos. Sin embargo, como dice Patrice Pavis, la regla de oro es el efecto que te produce un espectáculo la primera vez, esa debería ser la experiencia única.

Yo vuelvo al teatro cada vez que puedo y trato de quedarme hasta el final de la función, porque me da tristeza ver cómo la gente se para y se va en medio de una velada. Pero los entiendo, nadie tiene derecho de jugar con el tiempo de los demás. El público de danza contemporánea, con el tiempo, se ha vuelto minoritario. Ya quedaron atrás aquellos años en que los teatros estaban abarrotados. La danza contemporánea necesita encontrar nuevamente su regla de oro y reconciliarse con los espectadores.

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EQUILUX PARA LA DANZA CONTEMPORÁNEA

 

 

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