EN LA INTIMIDAD DEL TEATRO NACIONAL DE CUBA

Por Magda Iris Chirolde López

En Paseo y 39, Plaza de la Revolución, rodeado de una exuberante y variada flora cubana, reposa un edificio de moderna arquitectura.

Como cualquier otro lugar de Cuba, La Habana es una de las provincias donde emergen y se mantienen casi intactas múltiples edificaciones que tienen historia como el Teatro Nacional de Cuba.

La combinación del verde de la naturaleza con las obras escultóricas y de cerámica de destacados artistas nacionales como Rita Longa, Raúl Martínez, Roberto Estopiñán y Alfredo Lozano, entre otros, instalados en el jardín del inmueble, no escapan de la vista del transeúnte ni de las cámaras que fotografían el lugar.

Tampoco dejan de mirarse en los grandes cristales de la fachada del centro quienes caminan por los alrededores o llegan un día a disfrutar de un espectáculo artístico. Y es que hace más de 50 años el Teatro Nacional de Cuba es un complejo cultural recreativo que brinda infinidad de actividades de todas las artes existentes.

National Theatre in Vedado © Cuba Absolutely, 2014

Los primeros pasos para su edificación datan a principios de la década del 50 del pasado siglo cuando el ingeniero Manuel Febles Valdés, entonces Ministro de Obras Públicas, concibió los 1775.69 metros cuadrados del inmueble (actualmente 10 666.22) y fueron aprobados en febrero por el presidente de la República Carlos Prío Socarrás.

La construcción marchó lenta, y en 1959 con el Gobierno Revolucionario se intensificaron las obras de su terminación con la finalidad de inaugurarlo, pero no fue hasta el año siguiente que ocurrió dicho acontecimiento.

Comenzaron entonces los conciertos y recitales de la Orquesta Sinfónica fundada en el propio teatro con un amplio repertorio que comprendió música europea y norteamericana.

De igual manera surgió el Coro y ambas agrupaciones son hoy la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Nacional de Cuba. También sucedieron importantes obras teatrales como La ramera respetuosa de Jean Paul Sartre, Yerma de Federico García Lorca y Santa Juana de América, de Andrés Lizárraga, por citar algunos ejemplos.

Desde sus primeras funciones, incluidas las de Danza Moderna, el teatro recibió una variedad de público a pesar del aislamiento del lugar. Sus dos salas, Avellaneda y Covarrubias, fueron las sedes de dichos eventos nacionales y entre los internacionales figuraron el Conjunto Artístico de China con la Ópera de Pekín, el Ballet Folklórico Georgiano, el Ballet Bashkar de la India y el Ballet Nacional de México.

A partir de marzo de 1961 por las condiciones precarias dejan de presentarse espectáculos en la sala Covarrubias, lo mismo ocurre, más adelante, con la Avellaneda y no es hasta septiembre de 1979 que se inaugura definitivamente el teatro.

National Theatre in Vedado © Cuba Absolutely, 2014

En la actualidad el Teatro Nacional cuenta con esos dos auditorios, el primero (850 capacidades) en homenaje a Francisco Covarrubias, fundador del Teatro Cubano y uno de los primeros artistas en llevar a la escena los tipos, bailes y tradiciones del país.

El segundo, con 2 056 capacidades, fue en honor a Gertrudis Gómez de Avellaneda, figura imprescindible de la cultura cubana. Las dos salas poseen excelentes condiciones acústicas y están dotadas de modernas tecnologías en iluminación, sonido y tramoya escénica, así como de diferentes servicios, entre ellos maquillaje y vestuario.

Tiene además dos galerías de arte René Portocarrero y Avellaneda, un Café Cantante (Mi Habana) y un Piano Bar (Delirio Habanero) donde se ofrece música cubana en vivo acompañada de coctelería, gastronomía y de otros eventos sociales.

El noveno piso, situado en la torre central del inmueble, ha sido un área dedicada a representaciones de teatro experimental, talleres y laboratorios especializados de alto nivel, ensayos y grabaciones de videos, pero que hoy no presta servicios por sus condiciones constructivas.

Muchos son los los recuerdos. Tal parece que Frank Fernández recién realizó un concierto o que Pablo Milanés y Omara Portuondo interpretaron sus respectivas canciones; que la Orquesta Aragón y los Muñequitos de Matanzas pusieron a mover los cuerpos, y que sucedieron también importantes eventos de ballet con la representación del Lago de los cisnes, entre otros.

Y es que como dice el refrán “Lo bueno no pasa, se queda siempre”, como permanece en la memoria de los trabajadores del teatro los intensos días de ensayos de Olga Tañón para el concierto Paz sin fronteras, en la capital cubana.

Desde sus inicios el Teatro Nacional de Cuba ha aportado al movimiento cultural de la nación. Aún se mantiene insignia dentro de la programación y preferencia del público con funciones los fines de semana a las 8:30 de la noche y los domingos a las cinco de la tarde; a las 11 de la mañana de ese día es habitual la presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.

El resto de los días abre sus puertas a las 8:30 pm, cuando acontecen graduaciones o galas culturales y sociopolíticas. Para finales de octubre del presente año se prevé la realización del Festival Internacional de Ballet de La Habana Alicia Alonso y a principios de noviembre el evento Habana Magia, donde se darán cita grandes magos del mundo.

El Teatro Nacional de Cuba es mucho más que eso, es una escuela, una importante obra dentro de la arquitectura cubana, una distracción, una noche de conocimientos y encuentros, una familia artística y, sobre todo, un hogar donde pasar plácidos momentos, alegres y en armonía, sin importar el lugar de difícil acceso en el cual está enclavado.

Fotos Cuba Absolutely

 

 

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