El Otro Lado De Norge Cedeño Raffo

Por Maritza López

Es muy difícil controlar las energías que desprende Norge Cedeño Raffo, líder del proyecto danzario Otrolado, pero logramos que nos cuente un poco de su trabajo, recién llegado de participar en el Colours Internacional Dance Festival, en Alemania.

¿Por qué decides crear tu propio proyecto?

La decisión de crear mi propio proyecto gira alrededor de necesidades personales, digamos circunstanciales de la vida, en este caso, la mía. Llevaba una carrera ya de diez largos años como primer bailarín y coreógrafo en mi gran escuela: Danza Contemporánea de Cuba, compañía madre de la danza moderna y contemporánea en el país.

Allí tuve la oportunidad de crear piezas de gran formato, lo cual ya es un gran privilegio, y también trabajé con la compañía Codanza, de Holguín, donde nací. Estas increíbles experiencias, en equilibrio con otras muchas, no solo sirvieron como entrenamiento, también comenzaron a recolocar mi manera de ver y entender la creación en el arte.

Hoy considero que las guías que llegan a definir la proyección de un creador radican en un fuerte basamento de experimentación, investigación o búsqueda y, ciertamente, las propias exigencias de una compañía tan grande y reconocida como DCC llegaron a limitar ese anhelado espacio.

Es decir, las exigencias de un repertorio tan variado hacían que ese tiempo de investigación y creación fuese cada vez menor. Cuando digo investigar y crear no estoy hablando solo desde un punto de vista físico, sino como un proceso de relación e intercambio con artistas de otras disciplinas, de enriquecimiento diario a partir de prácticas más allá de la fragmentación a la que están expuestas hoy las llamadas disciplinas artísticas.

Me refiero a ir nucleando nuevas maneras de relaciones dialógicas y armónicas que se establecen entre los artistas, que no necesariamente tienen que ser unidimensionales. Por otra parte, quería construir desde la intuición y la preparación de la que pudiese dotarme con mis propios esfuerzos, más allá de necesidades poéticas, sin presión de tiempo ni a la sombra de alguien, y mucho menos protegido por la gran sombrilla que puede llegar a ser mi eterna Danza Contemporánea de Cuba. Solo buscaba libertad, aún con los increíbles sacrificios que eso trae consigo. Quizás mañana piense diferente.

Thais Suárez y Niosbel González en Nudos. Foto Carlos Rafael Díaz Borges

¿Que caracteriza tu trabajo en estos momentos?

El trabajo creativo de OtroLado y de Norge Cedeño son el resultado de esos desbordes y carencias a los que estuve expuesto, por decirlo de alguna manera: causa y efecto. La mayoría de los coreógrafos están muy interesados en buscar una poética propia, reconocible y perdurable, algo que a mi juicio puede llegar a predeterminar y limitar. Exponernos a comodidades y facilismos. Si durante nuestra larga carrera en DCC, Thais Suárez, Niosbel González y yo tuvimos la suerte de trabajar con tantos coreógrafos y poéticas diferentes, ¿por qué prescindir de las ganancias de unos y otros? ¿Por qué no usar todo lo que albergamos dentro y fuera?

Lo más interesante es establecer nexos con el lector-espectador, es llegar a generar una conexión única entre todos los elementos que entran en juego en una puesta en escena. Lo más interesante sería ser capaz de mover el intelecto y la emocionalidad de la audiencia. Da igual desde qué postulados, herramientas o poéticas te posesiones mientras se logre. Sobre todos estos cuestionamientos erigimos nuestra filosofía, nuestro pensar y hacer la danza.

¿Que define el trabajo creativo de OtroLado?

El trabajo de OtroLado se cimienta en un núcleo de creación más allá de una poética fija, donde nuestra interacción con artistas de diferentes disciplinas logre hacer cada pieza abismalmente contrastante con la anterior. Es asumir el discurso o la dramaturgia de cada obra, desde la necesidad propia de la obra en sí misma, sin dejar de lado ningún tipo de actividad artística, sin obviar ningún tipo de entrenamiento, desempeño físico, emocional o intelectual dentro de la escena.

Se trata de intentar trascender facilismos y fórmulas, esto a la par de encontrar la diversión oculta en sus riesgos. Como tenemos estos principios claros podemos dialogar más libremente con esas distancias poéticas e intentar así, desde este espacio abierto a la creación y al intercambio, desde el arte todo, sobreponernos a la fragmentación y dinamitar con cada obra un paladar diferenciado. Claro que eso siempre es un reto, no es fácil.

OtroLado comenzó su trabajo ilegalmente por decirlo de alguna manera, por pura voluntad y deseo. Niosbel González Rubio, Thais Suárez Fernández y yo lo fundamos en julio de 2018. Luego de dejar de bailar con DCC, empezamos a crear pero no con la pretensión de generar un proyecto ni una compañía, sino por el instinto de investigar y crear a partir de la empatía que teníamos. Niosbel es un amigo muy cercano y Thais es mi pareja. Veníamos trabajando hacía mucho tiempo en DCC y teníamos inquietudes parecidas, así que decidimos dedicar tiempo a explorar, buscar y empezar a construir nuevos materiales.

Afortunadamente, tras nuestra participación en el Concurso de Danza del Atlántico Norte Codanza y Grand Prix Vladimir Malakhov, en Holguín, en septiembre del 2018, más allá de los premios, recibimos elogios de muchas personas cuyo criterio tengo en alta estima, los cuales sirvieron de impulso de ir por más.

Realmente eso nos hizo decidirnos a proyectarnos ya como grupo, cuando nos pensamos y nos presentamos con la idea de OtroLado/Other Side fue siguiendo el afán de mostrar siempre una cara desconocida o en reposo, y estas dos primeras piezas eran eso, esa idea de ir contrarios.

Escena del crimen, obra creada por Norges Cedeño para la primera bailarina Thais Suaréz, fue ganadora del Malakov 2018. Foto Carlos Rafael Díaz Borges.

Escena del crimen es un solo que creé para Thais y Nudos es un dúo de Thais y Niosbel, cuyo denominador es la fisicalidad y emocionalidad extrema pero diferente. Experimentación más búsqueda cuidadosa da como resultado resultados físicos y sensibilidades diferenciadas.

Luego tuvimos la suerte de colaborar con el Liceo Mozartiano y Teatro de la Luna, bajo la dirección de Raúl Martín, para estrenar en el Teatro Martí de La Habana la pieza Historia de un soldado / Soldier´s Tale.

Posteriormente hicimos una temporada a finales de año en Fábrica de Arte Cubano, donde presentamos parte de nuestro nuevo repertorio, con Escena del crimen, Nudos, Basado en hechos reales, y M una pieza que creamos para Mario Sergio Elías Leyva, actual bailarín de Acosta Danza.

En marzo-abril del año que cursa, nos vimos inmersos en una colaboración con DCC y su generación más joven, en un estreno durante la semana de la cultura polaca llamada 1050… y más. Lo más reciente fueron unas presentaciones que tuvimos en Alemania y Holanda, además de la oportunidad de crear una pieza para Gauthier Dance Company, en Stturgart, Alemania, llamada El espacio entre nosotros / The space between us.

El espacio entre nosotros / The space between us, pieza creada en Alemania. Foto Archivo OtroLado.

Acabas de regresar del Colours Internacional Dance Festival, en Alemania, ¿qué significa para ti esta participación?

Al Colours Internacional Dance Festival fui invitado por Meinrad Huber y Eric Gauthier que son directores de dicho Festival y de la compañía Gauthier Dance. “Meet the Talents”, el proyecto para el cual fui invitado, se basa en dar a conocer a través de creaciones con la compañía a jóvenes talentos de todo el mundo y llegar así a potenciar el trabajo creativo de personas que merecen más visibilidad dentro del panorama danzario internacional. ¡Mi agradecimiento a todos los implicados por la oportunidad y tantas buenas experiencias!

Fue increíble. Puede que hoy este festival sea uno de los más reconocidos e importantes del mundo y, ciertamente, no creo que sea solo mi humilde apreciación. Las actividades que se desarrollan, el movimiento que genera, la implicación de la ciudad en función de la danza, es maravilloso.

En equilibrio con lo antes mencionado, llegan las múltiples presentaciones que tienen lugar en el Teather Haus. Un Teatro con cinco salas fascinantes donde compañías de primer nivel se dieron cita para, desde la convivencia armónica entre poéticas bien distanciadas, exponer mucho de lo más valioso de la danza internacional de hoy.

Ahí estuvo Ballet BC de Canada, Kyle Abraham, Akram Khan Company, Maguy Marin, XieXin de China, junto piezas de creadores como Cristal Pite, Marcos Goecke, Cayetano Soto, Itsik Galili, Ohad Naharin, o cradores en ascenso como Eyal Dadon, Po-Chen Tsai, Jorge Arias y otros importantes exponentes del mundo de la danza.

El festival en sentido general para mí fue una experiencia de nutrición total. Ciertamente, esto de vivir en una isla desde este chovinismo maravilloso y exaltado que tenemos los cubanos de creer que somos buenos en todo y para todo, me impactó. En primer lugar, el festival permite que obras de alta calidad, con poéticas completamente diferentes, tengan lugar en el mismo espacio, y para mí eso es una cosa no solo grata e importante sino por la que vale la pena apostar. Diversidad, pero mucha unión.

Niosbel González, uno de los bailarines más interesantes de la danza cubana hoy, forma parte del proyecto. Foto Archivo OtroLado.

¿Y eso se distancia mucho de nuestra realidad?

Quizás esté errado, pero siento cierto distanciamiento entre las compañías y los creadores en Cuba y me sorprende cómo son tan pocos los que conozco, los realmente interesados en potenciarse a partir de la tolerancia y la convivencia armónica. Todos somos parte de lo mismo y esa sensación fue emanaba en cada uno de los participantes en Colours.

Esto me lleva a pensar que deberíamos cuestionar menos y producir más. Deberíamos, quizás, ser celosos veladores y actuantes activos de un movimiento artístico más allá de toda fragmentación y llegar a construir desde la fraternidad y la tolerancia una hermandad inquebrantable.

Quiero aclarar que cantidad dista mucho de ser calidad. Hablo de ser respetuosos con la creación y entre creadores. Todos pueden defender sus poéticas sin ser motivo de críticas o cuestionamientos, aunque los niveles de exigencias deben ser óptimos.

Hay que pensar más la Danza. Deberíamos recuperar el respeto por aquellos cuyo trabajo no va regido por políticas, fórmulas o convencionalismos. Deberíamos apoyar e impulsar a aquellos atrevidos “con preparación” hasta llegar a recolocar y recalificar nuestro entendimiento de arte. Como decía, se trata de estudiar mucho, de investigar y buscar las mejores maneras de comunicar, ser detallistas y profundos, ser originales y cuidadosos porque de eso también se trata el arte.

Eso se desbordaba allí. Sentía que la hermandad se respiraba, mucho deseo de ayudarse, mucha humildad, y desafortunadamente, a veces siento carencias de estos atributos en nuestros espacios.

Sesiones de ensayo de una nueva obra. Foto Archivo OtroLado.

Por otro lado, poder ver piezas de alto rango como las de Akram Khan o Cristal Pite, reestructuran un poco tu manera de proyectarte, te dice que siempre se puede lograr más, que siempre es bueno investigar más, que es bueno sacrificarse más. Honestamente, ver piezas de estreno, con una calidad semejante, te hace repensar una puesta en escena y el trabajo creativo en sí. Cuba es una fuente inagotable de artistas, de creadores de todas las disciplinas y todos estamos tan ocupados en defender nuestras perspectivas que se nos olvida que existen a nuestro alrededor personas con otros talentos que pueden ser potenciadores de nuestro trabajo.

Cada una de las piezas que admiré iba, claramente, más allá de un resultado coreográfico. Si de niveles físicos o compositivos hablamos, muchos creadores de la isla pudiesen estar a la altura, pero la diferencia radica en la visión integradora de las piezas.

Se trata de que cada uno aporte su grano de arena y de que ese grano de arena sea lo suficientemente profundo, identitario y detallista, para que la pieza cobre una dimensión diferenciada. Me refiero específicamente al trabajo de luces, que me parece muy deficiente en los teatros cubanos (diseños de luces que van más allá de alumbrar y apagar), bandas sonoras que son narradores de las piezas, que tocan la sensibilidad de la audiencia desde la aparente quietud.

También fue muy importante dialogar en el festival con increíbles niveles de organización y detalles, de respeto, de integración, esa gran familia que necesitan ser todas las instituciones dedicadas a hacer arte, las compañías, todos los actuantes en la escena y fuera de ella también, porque el resultado artístico depende también de ese otro grupo de personas que velan y hacen porque las presentaciones de un grupo logren tener la integridad necesaria. Es respetar y entender la valía de cada uno de los trabajos.

Y no puedo dejar de ser justo o pecar de extremista, pues de igual manera conozco muchas personas y compañías en Cuba que se levantan cada día defendiendo estos postulados, solo que si fuéramos más unidos, llegaríamos más lejos.

Thais y Niosbel en las sesiones de ensayo. Foto Archivo OtroLado.

Entonces, desde tu experiencia, qué le aconsejarías al gremio danzario en Cuba.

Lo primero que me viene a la mente es “humildad”. Necesitamos saber que somos nada, y no porque nos falte talento, no por ser diferentes o especiales, es porque hay un universo lleno de posibilidades, un universo lleno de actuantes con maneras diferentes, con altos estándares de producción y necesitamos ser humildes para lograr seguir aprendiendo.

La humildad es el camino a desarrollarnos todos los días, a entender que cada día podemos producir como si fuera el último, y al día siguiente desde esa misma humildad entender que las fronteras las ponemos nosotros mismos, pero con el fin de desdibujarlas.

En segundo lugar, la “integración”, porque en la carrera de un artista todo lo que funcione como productor de sensibilidades es un elemento detonador de nuevas perspectivas, nuevas proyecciones en la escena. Creo que es innecesario y obsoleto ver el arte fraccionado, el arte es arte porque mueve sensibilidades, porque crea relaciones y reacciones que quizás no podemos entender, pero mueven tus centros, da igual el mecanismo que usemos para lograrlo y si logramos entenderlo desde el todo, tal vez podríamos llegar a más.

Entonces dejemos de pensar en danza contemporánea, ballet clásico, danza del presentar, danza conceptual u otras manifestaciones como teatro, artes visuales o música, todo es arte y ese arte integrador nos va a poner en un camino desde la integración, el respeto, la tolerancia y desde la gratitud que genera ver obras, incluso cuando puedan no ser de tu agrado. Creo que de las cosas que más he aprendido en la vida y en la danza, son de aquellas que no he querido hacer y esas, también, merecen un respeto.

Entonces desde ese universo, desde ese mar de poéticas diferentes, nuestro trabajo puede coexistir, porque existe tu opuesto, simplemente persigamos desde un entendimiento de arte total.

Creo que en Cuba la carencia nos hace bailarines extremadamente físicos, y cuando salimos al mundo, la calidad, la potencia en el desempeño se nota, pero hay otras cosas que pueden ser potenciadoras de tu trabajo sin prescindir de esa fisicalidad. No se trata de negar lo que tenemos, por el contrario, estoy hablando de eso que tenemos que seguir buscando, explorando, desarrollando, para encontrar no nuevas maneras, porque sería para mi muy atrevido decirlo, pero sí maneras diferenciadas y sinceras, propias, sin reproducir esquemas, sin adoctrinar, porque eso es parte también de nuestra cultura, adoctrinar al que está a tu alrededor diciéndole que esto es mejor o peor, cuando en el arte no hay nada ni bueno ni malo.

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