DENYS RAMOS: “SOY LO QUE VES”

Por Magda Iris Chirolde López / Fotos Buby

Esa noche Denys Ramos llega contra el tiempo. Había terminado de filmar en la televisión. Disponía de alrededor de una hora y media para preparase e iniciar la vigésimo cuarta función de Dudo, título de la reciente puesta en escena de Teatro El Público, bajo la dirección artística de Carlos Díaz y basado en un texto de la dramaturga francesa Marie Fourquet.

Repara con la vista el escenario. Acomoda los objetos que utiliza en la obra. Camina de un lado a otro mientras vocaliza. Se para fríamente, mira a la cabina donde está el luminotécnico y pide repasar un fragmento del texto. “Silencio atrás”, alza la voz dándose vuelta hacia los camerinos, detrás del telón.

Está serio, muy concentrado en lo que hace. Es disciplinado y exigente con su trabajo, le gusta que todo salga bien. Medita un rato y olvida el estrés. El teatro está listo para recibir al público capitalino y a visitantes.

Luces apagadas, sala climatizada y un murmullo; los espectadores aún más ansiosos por ver el espectáculo, unos por primera vez y otros en una segunda o tercera cita.

Durante casi una hora de duración Denys Ramos les ofrece inquietudes, visiones y frustraciones de un hombre para el cual el principio sexual es parte indisoluble de su personalidad. El espectáculo juega con las partes o zonas prohibidas del cuerpo humano, que para Teatro El Público es tema de atención por más de 20 años.

“Es mi primer unipersonal. Conocía la obra. Me pasé alrededor de tres años leyendo un texto que no entendía bien, pero me gustaba mucho y sin saber por qué.

“Al cabo del tiempo cuando logré contactar con la dramaturga Marie Fourquet y me explicó que lo había escrito para tres actores con tres historias similares sobre el amor, decepciones amorosas y todo lo que dudan, entendí y decidí acortarlo de 19 cuartillas a 10.

“Sin embargo, mientras lo estudiaba vi las cosas de una manera muy diferente a lo que llegó a escena y creo que la transformación ha sido producto del tiempo que lo llevaba interiorizándolo y canalizándolo en mis venas. Un día Carlos me preguntó si tenía el texto listo y le dije que sí. Con 16 ensayos y los demás compromisos de él, decidí arriesgarme y presentarlo el 16 de junio, fecha prevista por la embajada francesa”.

La función concluye. Denys Ramos conversa en el camerino, detrás del telón, en tanto retira de su rostro el exagerado maquillaje que usan los actores y termina la copa de vino que se sirvió en la obra. En la otra mano un cigarro. Es como un ritual.

“Esto que estoy haciendo después de la obra no lo hago porque me estés entrevistando; yo salgo y me voy para mi casa o comparto con amigos, depende del cansancio, ahora lo estoy haciendo. Me gusta fumar, pero no es que lo haga constantemente. Me molesta mucho el mal olor que deja el cigarro y que lo sientan las personas que estén a mi alrededor”.

A pesar de los contratiempos esa noche fue una buena función para Denys. Asegura que incorpora nuevos conocimientos a su persona. “Con un personaje siempre se aprende para la vida y la profesión y es que todos los días encuentras algo diferente en las puestas, es una vivencia distinta.

“Este texto es bastante filosófico y todo lo que plantea creo que las personas en el mundo lo han vivido, nadie ha estado ajeno a sentirse desenamorado o enamorado”.

¿De qué te vales para transmitirle a los espectadores el mensaje de la obra?

“No tengo la menor idea. Yo me paro y actúo, como lo sienta lo hago. A veces hay un hilo conductor, pero no siempre realizo exactamente lo mismo, creo que me aburriría.

“Todos los días encuentro algo motivador, puede ser alguien del público que haya llegado o que hace rato no veía, más las exaltaciones internas de la vida diaria, de lo que uno experimenta, le pasa, de las personas que conoce y de las desconocidas.

“Durante el espectáculo me vienen muchas imágenes de esas experiencias, incluso, están presentes personas que han tenido mucho que ver conmigo en diferentes etapas de mis extensos 34 años y al verlas digo: hoy voy a pensar muchas cosas y eso se lo presto a mi personaje, a este ente que de pronto llega las noches de los fines de semana a entrar en mi cuerpo para poder expresar y decir algo.

“He tenido vivencias muy lindas, las cuales me llevo a casa con tremendo amor, pero también algunas desastrosas. Las frustraciones, los deseos y las ganas de hacer es lo que está junto a mí en esos días. Trato de vivir y sentirme bien con lo que hago.

“También depende de cómo fue tu día. Intento sacar todo de mí, utilizar sólo lo necesario. Es una selección un poco rara. No me despojo de todas las cosas de la calle o de Denys, de mi cotidianidad, porque me hacen existir encima del escenario”.

Denys Ramos no es más aquel niño del Vedado que jugaba en el barrio con sus amigos a hacer roles, que por azar de la vida entró en el grupo de Humberto Rodríguez gracias a un vecino, que más tarde participó en un taller de actuación que abrió Adolfo Llauradó por los años noventa del pasado siglo y que felizmente cursó en la Escuela Nacional de Arte y se graduó en el Instituto Superior de Arte.

Ahora el joven y talentoso actor integra el grupo de Teatro El Público desde hace casi nueve años. Actúa en la televisión; tiene una sesión en el programa televisivo 23 y M donde entrevista a músicos e informa del acontecer del arte; además, incursiona en la radio con los programas Opus Habana y Desde el corazón de La Habana, ambos de Radio Habana.

Para el 2020 saldrá en la nueva novela cubana El rostro de los días y entre otros compromisos profesionales continúa con Dudo en el teatro Trianón, los fines de semana hasta el mes de octubre y los domingos de noviembre estará en la Fábrica de Arte.

Casi media hora de conversación. Es interrumpido por otros actores. “Afuera te esperan unos fans y personas que quieren tomarse una foto contigo”, le dicen y a la vez se despiden de él. Toma la copa de vino, esa que utiliza en la obra, la agita decentemente y bebe un poco.

¿Se arrepiente de algo?

“De lo único que pudiera arrepentirme sería de morirme sin hacer las cosas que quiero hacer, de no vivir bien como lo deseo yo, de acuerdo a mi forma de pensar, a mi libertad, a mi manera de expresión, le guste a quien le guste.

“Todos los actores trabajamos por placer y el día que no sea así es que se ha dejado de sentir. El día que no sienta placer, me quedo en casa, digo que suspendan la función y no vengo más al teatro”.

Uno de los tantos sueños de Denys se ha hecho realidad: tener en su repertorio un unipersonal. La quimera más grande de él es la de ayudar, “que lo que haga sirva para algo. Para mí el arte es como el alimento del espíritu, es sanador, me sana a mí y si es así sana a los demás. Mis aspiraciones son ser lo mejor que no pueda absolutamente nadie ser”.

La injusticia, la guerra, el maltrato y la infelicidad son palabras que desearía desaparecer. Dice que no se siente infeliz, pero alguna vez lo fue. Todos en la vida pasan por momentos débiles, peligrosos o incómodos, pero de no ser así no valdría la pena vivir.

“Soy lo que ves”

“A mí me gusta la música como el Jazz, el Blus y las baladas. No me detengo a escuchar reguetón, solo lo bailo y me encanta bailar. Sin embargo, hago algo que nadie sabe y es danza contemporánea en mi casa, arriba de mi cama. (Ríe) Creo que es la primera vez que lo confieso.

“Me paro delante de un espejo y empiezo a hacer movimientos de danza, los que se me ocurran. De hecho, un día en una función hice algunos de esos. Bailar es importante para todos los seres humanos y si no les gusta mover el cuerpo, al menos bailan con los dedos.

“También me ocupo de mi casa y un poco de mí, de hacer ejercicios, vitales para las funciones. Trato de atender a mis amistades y a mi familia que bastante alejado estoy muchas veces.

“Realmente me gustaría tener tiempo libre. Cuando lo tengo descanso y resuelvo problemas como cualquier otro ciudadano. Me gusta mucho patinar, eso lo aprendí de un personaje; observar, me paso casi todo el tiempo observando cuando no me estoy sintiendo tan observado.

“Igualmente conocer personas y ambientes diferentes, ver cómo ellas se relacionan una entre otras, las motivaciones principales de cada ser humano, por qué están, qué les deleitan. Me gusta meditar, pensar y leer, no me atraen las novelas literarias, estoy tan acostumbrado a las obras de teatro que la descripción a veces me aturde un poco, me gusta mucho imaginar”.

Confiesa agradarle las ciencias y las matemáticas, cuestiones que por lo general no cautiva a los actores. En una ocasión le preguntaron si quería cursar sus estudios en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Vladimir Ilich Lenin y respondió que no.

“Quería entrar a la Escuela Nacional de Arte y estudiar actuación. Entonces todo lo que me interesa de la lógica trato de emplearlo en la lógica del actor, aunque muchas cosas que realizo últimamente no son muy lógicas, pero de siempre me gustó conocer el porqué de las cosas”.

¿Quién eres al salir a la calle después de una función?

“Al salir del escenario me cuesta un poco de trabajo decir: vuelvo al mundo real, el tránsito ese de ya terminé de decir lo que iba a decir en el escenario, delante de una cámara o detrás de un micrófono, ahora soy Denys. Ese es un proceso el cual disfruto saber que estaba en otro lugar y de repente retornar a la realidad. Se convierte en una adicción. Te confieso que cuando salgo de aquí no me acuerdo más del texto”.

El tiempo para la entrevista se ha ido de prisa. Los fans, amigos cercanos y otras personas le esperan a la entrada del teatro. Mas, antes de despedirse, el joven actor bebe el poco vino que queda en la copa, recoge sus pertenencias y asegura que son muchas las veredas que le faltan por andar.

 

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