Del deporte en la escena cubana

Por Vivian Martínez Tabares

Los Juegos Olímpicos Tokio 2021 acaparan la atención de buena parte del orbe y, a tono con esa atmósfera global, que nos alivia un poco del agobio pandémico, vale la pena recordar la presencia del deporte en la escena cubana.

Un dramaturgo que desde 1988 ya no está con nosotros, Jesús Gregorio Fernández, dedicó dos de sus más importantes piezas teatrales al deporte y a relevantes personajes cubanos en esas lides: el corredor de fondo Félix Carvajal, conocido como el Andarín Carvajal y el púgil Eligio Sardiñas Montalvo, famoso como Kid Chocolate, protagonistas respectivos de las obras Cómo, cuándo y dónde halló la fortuna el Andarín Carvajal, ganadora del Premio David de la UNEAC para autores noveles en 1978, y ¡Chocolate campeón!, que mereciera el Premio José Antonio Ramos, también de la UNEAC, apenas tres años después, en 1981.

Jesús Gregorio nació en Artemisa en 1939 y se formó en la Academia Municipal de Artes Dramáticas de La Habana a finales de los años 50 y luego en el Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional de Cuba, bajo la guía del argentino Osvaldo Dragún y la mexicana Luisa Josefina Hernández. Fue entre nosotros un autor singular que también incursionó en la dirección teatral y en particular en el teatro musical, a partir de un interés deliberado por crear un musical alejado de los patrones comerciales de Broadway y de superar la frivolidad con que suele asumirse el género. Su visión, marcada por el gusto por el teatro latinoamericano y caribeño, se enfocó en historias cercanas a nuestra identidad cultural. De ahí que adaptara y llevara a escena piezas brasileñas como Arena cuenta Zumbí, Vida y muerte Severina, Roda viva —y fue un activo promotor y traductor de la dramaturgia de ese país en Cuba— y, con gran éxito, la puertorriqueña La verdadera historia de Pedro Navaja.

Esa vocación ligada al teatro popular está presente en piezas suyas como El hacha de oro, El apartamento y Lola permuta —esta última sería la base para el guion de la puesta en escena de La permuta y del filme Se permuta—, Canción para un día de julio, y en guiones de espectáculos creados para el Teatro Lírico Nacional o el Teatro Musical de La Habana como Lo mejor del bufoSiempre la zarzuelaTelones del ayer. Fue también la que lo movió a interesarse por las figuras del Andarín Carvajal y Kid Chocolate, dos hombres de extracción humilde que, a partir de su gran arrojo, llegaron a ser destacados deportistas que llegaron lejos a pesar de las adversidades.

En la tragicomedia Cómo, cuándo y dónde halló la fortuna el Andarín Carvajal, el dramaturgo parte de una investigación histórica sobre la figura del corredor Félix Carvajal (1875-1949) y recrea su patética historia, al aprovechar sus dotes para las carreras de largas distancias y su empeño para entrenarse en solitario en muy precarias condiciones económicas. El deportista había sido colaborador del Ejército Libertador, lo que lo había llevado a viajar fuera de Cuba y a regresar como parte de una expedición política. En 1904, persiguiendo el sueño de participar en las Olimpiadas de Saint Louis, en los Estados Unidos, fue capaz de vencer obstáculos económicos y de clase para llegar a los juegos sin ningún tipo de apoyo. En plena competencia de la maratón, sucumbió al hambre y a la tentación y se detuvo al pie de un árbol a comer manzanas, lo que lo indispuso físicamente y provocó que llegara segundo a la meta. Tristemente, luego se supo que el ganador de la medalla de oro había cometido fraude al valerse de un vehículo automotor para hacer una parte del trayecto de la competencia. El dramaturgo representa la dura lucha del hombre por lograr su objetivo, las gestiones infructuosas por obtener apoyo, y las sucesivas derrotas, que sin embargo no hacen mella en su espíritu.

Chocolate campeón, también en clave tragicómica, recrea con crudo realismo momentos de la vida de Eligio Sardiñas Montalvo (1910-1988), desde su juventud en Cuba, cuando en el popular barrio del Cerro soñaba con el camino de la gloria deportiva, y el camino que lo llevó a convertirse en la gran figura del boxeo, notable por su velocidad extraordinaria, héroe popular para los cubanos y admirado referente para la población negra de los Estados Unidos, a la vez que erigido en sex simbol masculino, en modelo para artistas visuales, y que fuera considerado uno de los hombres mejor vestidos de su tiempo.

Una treintena de personajes cercanos al protagonista, su familia, sus vecinos, el entrenador o episódicos ligados al deporte y la vida pública, periodistas, policías y coristas, entre los cuales aparece el cantor argentino Carlos Gardel, acompañan a Yiyi, como le llamaban de niño al campeón que llegaría a ser Kid Chocolate, a lo largo de su trayectoria vital, y el engañoso camino que le estaba deparado por su condición de negro y pobre, víctima de la explotación de empresarios corruptos y del encandilamiento del éxito. La trama se desarrolla a lo largo de dos asaltos, en clara recreación de la estructura de las peleas sobre el ring, y con eficaz combinación entre los diálogos, la música y la coreografía.

Otro dramaturgo cubano, contemporáneo nuestro, el matancero Ulises Rodríguez Febles, nacido en 1968 y muy prolífico en la escritura dramática, además de ser un exitoso novelista y un activo promotor e investigador teatral, toma la figura del deportista canadiense Terry Fox, baloncestista que al perder a los 18 años la pierna derecha, a causa de cáncer, se dedicó a luchar contra esa enfermedad por medio del ejercicio deportivo. Fox creó el Maratón de la Esperanza, con el que corría kilómetros de una costa a la otra de Canadá en buscar de ayuda para la investigación contra la letal enfermedad, un evento que luego se ha extendido a más de sesenta países como un símbolo de tesón y humanismo.

El artífice de Huevos, El concierto, Saxo, Criatura de isla y Yo soy El Rey del Mambo, concibe al personaje del Liebre, protagonista de Corriendo con Terry Fox, que quiere ser campeón olímpico a pesar de que la enfermedad lo ha condenado a una silla de ruedas, y el ejemplo del canadiense, que se le aparece y dialoga con él, es un incentivo para seguir dando con tenacidad su propia batalla por la vida. Así, el dramaturgo indaga también en la condición humana y en la fuerza, la voluntad y la resistencia que acompañan a un corredor en su soledad y en busca de alcanzar una meta física o de cualquier otra naturaleza. Y así, su personaje principal afirma: “Quiero que me vean corriendo, siempre corriendo. Correr contra uno mismo es la única libertad posible. (…) Nunca me rendiré”.

Estas obras teatrales que desarrollan las contradicciones de hombres empeñados  en llegar más alto, más lejos, más fuerte, en moverse más rápido y en hacer el acto más audaz, se articulan con la naturaleza contradictoria del teatro para componer fábulas y crear seres complejos y de gran interés humano. Publicadas todas, las dos primeras por Ediciones Unión, y la última por Ediciones Matanzas, pueden convertirse en estos tiempos de aislamiento en gratas lecturas para los amantes de las tablas.

En portada: Imagen perteneciente a la promoción de la obra Kid Chocolate, monólogo del actor y director Jorge Enrique Caballero.

 

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