Deja que tú me cuentes…

Por Frank Padrón

La noticia tan esperada llegó: se reinician las funciones en algunas salas capitalinas. El Centro Cultural Bertoltd Bretch resultó uno de los pocos elegidos para ese gozo que tantos espectadores habituales al teatro aguardábamos experimentar de nuevo, hace tiempo.

Con las imprescindibles medidas sanitarias y el número limitado de público que las condiciones actuales exigen, el Café Bretch estrenó el espectáculo Tres voces, tres vidas, con Ruhandy Través, Ernesto Lugones y Ricardo Martínez, este último director general del grupo Para contarte mejor, todos con la dirección artística de César Cuten, de la compañía Rita Montaner.

Dedicadas las funciones a un integrante del colectivo recientemente fallecido, el actor Benny Seijo, estas permitieron enfrentarnos a un recorrido por la cuentística contemporánea tanto foránea como insular. Partiendo de autores tan disímiles, pero con más de un punto estilístico y conceptual en común, la puesta “leyó” relatos de Alejo Carpentier, Jeann Penn, Silvia Schujer, Enrique P. Díaz, Ganar Hovland, Ernesto Lugones y Ana Ofelia González, entre otros.

Protagonizando unipersonales en bloques de tres o cuatro textos, los actores sin embargo interrelacionaron entre sí, aunque es un aspecto que pudieran explotar más como quiera que muchas de esas narraciones tienen más de un personaje que, si bien asumen ellos mismos, pudiera enriquecer dramática y escénicamente la representación.

Con un racional y pertinente uso de la música (Silvio Rodríguez) y una discreta, pero eficaz iluminación, los narradores discursan en torno a los más diversos temas partiendo de sus —casi todos– célebres referentes.

La sabiduría infantil, la sensibilidad canina, las peculiaridades actuales del erotismo virtual, la paternidad como profesión, las relaciones literalmente estrechas entre literatura y erotismo, la magia fuera del escenario, o un arte poética sobre el propio oficio del aeda, fueron algunos de esos ítems.

Ricardo Martínez logra desdoblamiento y redondeo sicológico en la asunción y proyección de caracteres bien diversos, a los que solo debe conferir, en ocasiones, una mayor energía escénica.

A su colega, Ruhandi Través no le acompaña un timbre precisamente fuerte, por lo cual debe perfeccionar la dicción y los matices en las inflexiones, pues afortunadamente no carece de simpatía y pericia en el aprovechamiento espacial.

Ernesto Lugones, quien también es autor de uno de los textos interpretados, se luce con un repertorio de modulaciones tanto vocales como gestuales y un certero uso del espacio escénico.

Rubro este último en general, acierto del espectáculo todo, que a falta de programa de manos quizá debiera al final mencionar autores y títulos referenciados, o también mediante una voz in off antes de comenzar.

Esperamos nuevas incursiones de Para contarte mejor en la narrativa cubana y universal, y así compartir desde la escena vivencias y experiencias de literatura, teatro y vida.

 

Fotos cortesía del autor

 

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