El curador: visión crítica y reflexiva

Por Roberto Pérez León

En el siglo XIV el “curador” fue la persona que cuidaba a menores y a aquellas fuera de su sano juicio. Dos siglos después el “curador” empezó a asociarse con los museos, bibliotecas, zoológicos y lugares acondicionados para exponer. Era el curador quien mostraba, cuidaba y controlaba todo aquello que no estuviera en condiciones de administrarse por sí mismo.

La curaduría en el arte contemporáneo desde su casi única visibilidad en las artes plásticas ya alcanza hoy todas las manifestaciones artísticas. Existe el curador en música, literatura, cine, artes escénicas.

Como mediador cultural el curador debe proponer un proyecto que se inserte en el panorama cultural, que deba ser viable económicamente, cónsono con el desarrollo ideo-estético de la actualidad para que motive socialmente.

La ampliación del trabajo curatorial tiene una de sus causas más relevantes en el hecho de que los productos artísticos se han visto favorecidos por las nuevas tecnología, se han democratizados; y, esto ha incidido en los mecanismo de percepción y recepción pues los públicos han crecido.

La educación artística es un compromiso, un contrato social establecido por todos entre todos. En la medida que se generaliza la educación artística los cenáculos de los iniciados en el privilegio de la percepción estética se diluyen y pierden hegemonía.

El gran público al intervenir en el carácter procesual de la expectación del hecho artístico modifica el mismo carácter del suceso creador. La incorporación de la sensibilidad del gran público al circuito social del consumo del arte tiene repercusiones sociales.

Pensar el arte es disfrutarlo no solo porque se entienda o no una obra sino porque dejamos que la obra intervengan en nuestra emocionalidad y racionalidad hecho este que labra la vida social e individual.

Antes de la llegada de esta nueva percepción y del incremento del mercado del arte quienes se ocupaban de promover a suerte y verdad las obras eran los promotores, gestores, gerentes o sencillamente el mismo público.

¿Cómo debe llegar la obra al público apartándonos de los mecanismos de gestión, divulgación, propaganda y todas las actividades que van más allá de lo artístico?

Es el curador el terciario entre la obra y la gente. ¿Pero qué hace considerar a un curador esto y no aquello?

El curador viabiliza la recepción del discurso artístico en la medida que sea capaz de concebir la mostración, la exhibición, la puesta en forma de un determinado producto artístico que, por su consideración, merece ser sometido al tiento de los espectadores.

Todo evento artístico desde el surgimiento de la primera idea hasta su realización y ejecución social debe contar con una especializada curaduría con el consecuente apoyo de otras disciplinas que estructuren el proyecto curatorial.

La labor del curador se enriquece con un mecanismo que le permita la gestión de los públicos a los cuales quiere convocar y a la vez, en algunos casos, formar por lo que no pueden obviarse aspectos meta-artísticos.

El curador interpreta el discurso artístico dentro del contexto sociocultural donde tendrá lugar la mostración o exhibición.

La calidad y pertinencia de la información con que cuente un curador le permitirá tomar decisiones para encontrarse e incidir en el discurso cultural local y su lugar en la cultura global. Pero un curador no es un productor de significados, sus posicionamientos general conocimiento y sensibilidad. Así el trabajo curatorial ha tenido un giro educacional al tratarse de una acción donde interviene la experiencia y el conocimiento; y, donde, a través de la indagación y de la investigación, se llega a relevantes vectores de significación.

La audacia como ejercicio creador, más allá de la acumulación de observaciones, forma parte de esa investigación donde al objeto, que no está esperando para ser escogido, se llega también de manera indagatoria, conjetural y refutativa. El objeto final de la investigación es concebido desde una mirada orientada hacia la cultura y sus actuantes fuerzas en la reflexión social y artística.

Ahora bien, el trabajo curatorial al contener y satisfacer demandas culturales específicas es un ejercicio crítico a tener muy en cuenta a la hora de la concretización de la obra por parte de los públicos.

La curaduría no tiene nada de esencialismo, todo lo contrario está sujeto a las contingencias.

El enfoque crítico es su característica más relevante. La función crítica se enmarca dentro de la manera de entender lo artístico como agente activo en la valoración y reflexión de la cultura en el contexto de la praxis social.

Sin duda podemos hablar de un giro curatorial. Actualmente el  arte contemporáneo se sostiene desde la reflexibilidad alrededor de prácticas interdisciplinares donde las artes performativas tienen un rol transformador en cuanto al trabajo del curador que tuvo que salirse del museo e incluir en su espacio el espectáculo escénico y sus particularidades.

Ya sabemos lo complejo y diverso de las artes escénicas sobre todo por la exigencia misma de su existencia más allá del creador y lo creado en estos tiempos de pandemia que han dado lugar a una suerte de mutación obligada a través de las nuevas tecnologías de información y comunicación y sus implicancias en los códigos del teatro y su percepción.

La situación epidemiológica planetaria se ha impuesto. La praxis teatral se ha visto intervenida por un agente que aunque estaba dentro de los presupuestos de la teatralidad no constituía una imposición. La nueva materialidad a la que ha tenido que recurrir el teatro con el uso de las nuevas tecnología de información y comunicación al incorporar el ciberespacio como  medio productor y difusor ha impactado en la praxis curatorial.

El desarrollo de las prácticas curatoriales actuales con especificidades de mostración y recepción deben contribuir a la modelación y problematizan de la experiencia estética tanto del productor como del espectador desplazando más allá de lo artístico a la misma estética. La labor artística de una buena curaduría permite que los creadores escénicos perciban que sus obras están situadas en la debida dimensión a la vez que el curador disfruta del inmanente proceso creativo. Evidentemente curar para el teatro no se sostiene solo desde el punto de vista teórico.

La puesta en escena es una realidad objetual dinámica, una construcción metodológicamente no estructurada, una acción orgánica procesual que se inscribe entre los ejercicios culturales siempre en ampliación.

El Festival de Teatro de La Habana 2021 al prometer una experiencia estética y artística no común entre nosotros ha contado con una curaduría que, en el contexto de la pandemia planetaria, permitirá la relación teatro, política, sociedad y sus activaciones desde la expresión digital que ya sabemos es decisoria en la heteronomía y autonomía del arte contemporáneo.

La narrativa del Festival estará determinada por la curaduría. La generación del relato del Festival irá dirigido a la comunidad de espectadores digitales frente al entramado de las propuestas de los grupos participantes que serán las que estructuren el discurso de intersubjetividades que tiene su sustrato en la decisión curatorial como acto creativo, como hipótesis poiética.

En Portada: La pasión de King Lear, Teatro El Público. Foto: Yuris Nórido

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