Cuba es Cultura, ayer, hoy y cada día

Cada 20 de octubre es tradición en la isla celebrar el Día de la Cultura Cubana en tributo a la fecha en que se cantó por primera vez en 1868 La bayamesa, el Himno de Bayamo, nuestro Himno Nacional. No por lejano resulta un hecho enterrado en el tiempo, a buen tino el poeta Pedro Felipe Figueredo, Perucho, compuso los versos que serían, junto a la orquestación de Manuel Muñoz Cedeño, expresión máxima de los ideales que forjaron la nación y la nacionalidad cubanas traducidas en partitura y canto enérgico.

Repasar criterios en torno a la cultura cubana involucra el necesario reconocimiento de las múltiples expresiones heredadas de la España colonia, África esclava, así como el acervo que nos dejaron los habitantes del archipiélago antes del proceso colonizador. También significa que tenemos un cúmulo innegable de influencias heredadas a partir de los procesos migratorios, es por ello que coexisten expresiones franco- haitianas, chinas, hindúes, inglesas entre otras que aportaron al “ajiaco” al que se refirió Don Fernando Ortiz.

Está precisamente en esta simbiosis de múltiples culturas la conformación del conjunto de saberes, tradiciones, valores, convicciones, expresiones artísticas y otras aristas que integran la macro definición de cultura cubana.

De los estandartes que encaminaron los procesos culturales en Cuba tenemos a Félix Varela y José de la Luz y Caballero, quienes desde la reforma del pensamiento y la enseñanza incorporaron principios éticos, morales y espirituales en un contexto donde se gestaba la lucha contra la injusticia y el yugo colonizador. El Doctor Amando Hart Dávalos expuso que “nuestra cultura parte de la mejor tradición intelectual y política del siglo XIX cubano cuyo más alto exponente fue José Martí.”
Martí, el más universal de los cubanos, se convirtió en ese pilar fundamental de los ideales y convicciones de una país-isla que solidificó su cultura, resultado de la concreción e identificación del pensamiento anticolonial e independentista con el empuje de la canción libertaria que acompañó a los cubanos al combate. “La ignorancia mata a los pueblos, y es preciso matar la ignorancia”, escribió el apóstol para referirse a la importancia del conocimiento, a la salvaguarda de la identidad. La ignorancia lleva a la pérdida de todos los valores, de la soberanía.

Clarísimo lo tuvo Martí y así lo heredaron jóvenes de la estirpe de Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, José Antonio Echeverría y otros líderes estudiantiles que durante la instauración de la república neocolonial continuaron la búsqueda constante de la soberanía, que es la más grande lucha por la preservación y desarrollo de la cultura cubana en su más amplio espectro.

A cien años del nacimiento del apóstol fueron también los más jóvenes quienes portaban este ideario como una guía para no perder el camino y protagonizaron acciones que dieron el puntapié definitivo a la colonización americana. La constante entrada de lo foráneo, que en algún momento intentó suplantar lo autóctono, cuajó en impulso para el surgimiento de estas expresiones populares que han quedado como lo parte de nuestro saber cultural.

Significó la Revolución cubana en 1959 la mayor victoria y la honra a esos símbolos, ideales y próceres que fueron la puja por la libertad de todo un pueblo. Fidel Castro Ruz, fue ese gran pilar para la cultura cubana. Tempranamente llevó a cabo la mayor gesta cultural del siglo XX en el país, La Campaña de Alfabetización fue la gran derrota a la ignorancia de la que habló José Martí, siendo Cuba la pionera en una revolución cultural de este tipo. “No le decimos al pueblo cree, le decimos lee”, expresó Fidel, quien tuvo la visión de que sin cultura no hay libertad posible y que identificó desde el inicio que la cultura era lo primero que había que salvar.

La Revolución plantó las semillas del arte, la ciencia, el deporte y del desarrollo intelectual, un país que piensa es un país que no se doblega. Fue el líder histórico, por el momento crucial que le tocó vivir, quien llevó a vías de hecho todos los anhelos patrios que comenzaron en el criollo que se identificó en este suelo que le pertenecía, ese suelo que nos sigue perteneciendo a todas y todos.

Pasados los primeros 21 años siglo XXI, en una Cuba que ha cambiado en su demografía y en sus estructuras de pensamiento, enfrenta la cultura grandes retos. En el contexto socioeconómico actual marcado por la globalización, la constante sobrexposición de la información y códigos que llegan a través de los medios digitales, una era donde la digitalización es el espacio de comunicación y el internet dicta verdades y posverdades la propensión es a la pérdida de los valores autóctonos. Se hace necesario entonces pensar y accionar en torno a la salvaguarda de la cultura cubana y la identidad como cimientos de la nación.

Ir sobre lo autóctono no significa hacerlo desde el enclaustramiento de patrones-fórmulas. La ley de la dialéctica impone el cambio. Idear nuevas maneras parecidas a los tiempos que corren es la garantía de conectar realmente con las nuevas generaciones, establecer ese diálogo poseedor de un sentido y significado, que responda a la idiosincrasia cubana incluyendo tanto los elementos populares tradicionales como las expresiones más contemporáneas.

Se hace vital, además, reconocer y alejar la pseudocultura fabricada inevitablemente a partir de elementos ajenos traen consigo la pérdida irreparable de la memoria cultural. El entramado de elementos que tenemos incorporados y que son la matriz de lo que somos y como nos proyectamos al mundo nos hace únicos. Cuba es la cultura de los que la habitaron, los que la soñaron digna, de los que batallaron y son los pilares de este suelo que sostiene a los once millones de habitantes que están dentro y de los que están por todas partes.

Cuba es la cultura de hoy, tecnológica, la cultura que ha incorporado otros lenguajes que no se desconectan del acervo tradicional riquísimo. Cuba es la cultura del mañana, de un mejor país “con todos y para el bien de todos”, la patria, la humanidad.

Redacción Cubaescena

Ilustración: Massiel Teresa Borges

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