CIRCUBA 2017: EL MARAVILLOSO ACTO DE PASAR EL BATÓN

Reflexiones sobre la más reciente edición del Festival Circuba y su repercusión en los escenarios cubanos.

Por Leonardo Estrada e Indira R. Ruiz

Cuenta mi abuela que hasta su natal Santiago de Cuba llegaba allá por los años cuarenta, un circo ambulante donde podía verse de todo, “desde un chivo bailando sobre una plancha de zinc caliente, hasta una rumbera”. Después de que el circo se marchaba, ella hacía de su vestido un traje de cola con el que bailaba en medio de una arena imaginaria, soñando con convertirse en artista.

Más de cincuenta años después, mi madre me llevaba a la Carpa del Circo ahí donde lo hubiere, en un viaje que describe como toda una aventura. Atravesar la ciudad montadas en dos o tres guaguas en medio del verano no puede ser menos que un gran acontecimiento.

Sin embargo, mis recuerdos al respecto son más bisoños. Cuando llegaba de regreso a mi casa de Centro Habana, recuerdo que  siempre intentaba ponerme los pies sobre la cabeza, o caminaba sobre una suiza extendida en el suelo, con una sombrilla abierta en la mano, imaginando que abajo aguantaban la respiración todos. Yo también quería ser una artista. Mis peluches eran entonces los perros que montaban bicicleta y bailaban vestidos con sayas y pantalones. Mi espacio de juegos se tornaba así en un mundo donde todo era posible, donde, de pronto soñar era un acto lícito, y agradablemente desafiante. Como mis ídolos circenses, yo desafiaba la gravedad, los límites del cuerpo, y todo aquello que constituyera una barrera para el ser humano. El circo de mi infancia era un derroche de luces y brillo, de vestuarios, con ejecutantes cercanos a las apariciones que pueden hacer ante nosotros, ángeles. Mi mirada de niña convertía a aquellos hombres y mujeres en semidioses inalcanzables, con poderes extraordinarios para saltar, girar en el aire, doblarse sin morir, sostener pesos exorbitantes, hacer malabares, cruzar aros ardientes… en fin.

Este año he regresado al circo después de varios sin asomarme a la Carpa Trompoloco. El Festival Circuba, que reúne cada año una amplia selección de artistas internacionales se extendió desde el 25 de junio al 2 de julio, y luego emprendió una gira por todo el país. Esta edición además de celebrar el Aniversario 49 del Circo Nacional de Cuba, estuvo dedicada a homenajear a las familias circenses protagonistas de una sólida tradición de trabajo que se remonta en Cuba al siglo XVIII. Durante las galas recibieron reconocimientos integrantes de las familias de Los Montalvo, Los la Rosa, Los Araujo, Los Martín, Los Muñoz, Los Mesa, Los Arias, Los Palillos, Los Modéjar, Los Cruz Quiñones, entre otros veteranos artistas que a lo largo de los años han dedicado todos sus esfuerzos a ennoblecer este arte de todos. Además fueron reconocidas las nuevas generaciones de artistas circenses que siguen el camino trazado por las grandes figuras y maestros.

De entre setentaiocho competidores internacionales y veinticuatro cubanos fueron otorgados disímiles premios en el marco de este Festival. Gran sorpresa fue tener en arenas cubanas, luego de más de treinta años sin este número a los funambulistas de la Troupe Kuznetsovs del Studio Arena de Bielorrusia. Con un número que destilaba tradición, el grupo de jovencísimos volatineros se llevó no solo el Grand Prix Circuba 2017, sino el Premio Carpa de la Popularidad que otorgó el público y de entre los premios colaterales nacionales, los otorgados por la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y por Escuela Nacional de Circo de Cuba. Este acto fue uno de esos momentos con los que contó Circuba que cortó el aliento del público. Ataviados de blanco los Kuznetsovs desanduvieron la cuerda fija de diferentes maneras: desde recorridos de una sola persona ayudada solo por contrapesos, torres humanas de tres personas, en patines, con los ojos vendados. Cada fragmento más trepidante que el anterior, no en vano el público ovacionó este número demencialmente.

Otorgado por el Jurado, la Carpa de Oro, fue para el número Bambú aéreo de la Escuela de Artes del Circo de Vietnam, que también se alzó con el Premio Colateral Entretelones del Consejo Nacional de las Artes Escénicas. El número es la historia de dos bailarinas que danzan etéreas desde el suelo hacia las alturas de la carpa atadas ora por la cintura, ora por la cabeza o por los pies a una caña de bambú  que situado a varios metros de distancia está en constante movimiento circular. El listón deviene el crecimiento de estas artistas: ellas deben domeñarlo sutilmente mediante peligrosos giros acrobáticos que se suceden de menor a mayor complejidad. El recorrido artístico de Bambú Aéreo semeja un ciclo de vida. Apreciamos un principio donde los movimientos nacen, crecen debido a los obstáculos, y luego un retorno, cuyo viaje finaliza en el estado de quietud inicial.

La Compañía Havana de Cuba, se llevó también la Carpa de Oro por su Cama elástica con levitores, además de alzarse con los premios colaterales internacionales otorgados por el Black Pool Tower Circus del Reino Unido y  la Asociación cultural peruano-cubana “Salseros por excelencia”, concedido por la excelencia artística.

El Premio Carpa de Plata recayó sobre Barras Fijas también de la Compañía Havana, a la vez que sobre Mano a mano del Dúo Vitalys de Perú. Este último es un número de acrobacias sobre el suelo donde estos atléticos hombres pusieron a prueba su fortaleza descomunal haciendo diferentes figuras de fuerza hasta su número final donde una torre de dos hombres unidos por sus cabezas baja y sube unos seis escalones, poniendo a prueba la fortaleza de uno y el equilibrio del otro. La Carpa de bronce, de conjunto con la Carpa de la Imagen fue para la artista rusa Anastasia Khleskina, quien cautivó con sus Telas Aéreas. Por su parte la ejecución de Pulsadas y contorsiones de la joven cubana Melissa fue merecedor de la Carpa de Bronce además de la de Interpretación Femenina, así como del premio colateral del Zippos Circus del Reino Unido y de la Asociación cultural peruano-cubana “Salseros por excelencia” como Artista Revelación.

También fue la Carpa de Bronce a los Malabares tradicionales de Christopher Atayde de México junto con un reconocimiento por parte de la Compañía Havana.

El artista Dayro Camilo Enamorado, integrante de la Compañía Havana cautivó a muchos con su número Mástil Aéreo. Para él fue no solo la Carpa de Interpretación Masculina sino los premios otorgados por el Festival de Circo de Albacete “al más difícil todavía”, por la Agencia Clave Cubana a la Excelencia Artística, por la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), por Vando Martinelli, y por Sol Meliá. Apenas con veintidós años de edad, este joven artista se ha probado como excelente portador de la tradición circense cubana. La Carpa Artista Revelación fue esta vez para Monociclo de los cubanos Rosanna y Giovany, así como los reconocimientos de la Universidad Mesoamericana de Puebla, México y de la Compañía Havana. La argentina Carola Serrano, fue a su vez, merecedora de la Carpa de la Crítica “Antonieta César in memoriam”  y de una Mención Especial del Jurado por su número Trapecio.

El Circo Nacional de Cuba como Institución recibió los reconocimientos públicos de la Asociación Gremial de Empresarios y Artistas Circenses de Chile, del Circo Atayde Hermanos de México y de la Asociación cultural peruano-cubana “Salseros por excelencia”.

La distinguida Compañía Havana que a lo largo de los años ha hecho conocer a Cuba a nivel internacional, recibió, a su vez el reconocimiento de la Revista Arte por excelencias por el conjunto de actos presentados durante Circuba, donde tradición circense y cubanas se mezclaban en números técnicamente elaborados a la vez que musicales.

El jurado decidió mencionar de manera especial la participación de los artistas mexicanos Alij Ivette con su Onda Aérea, Alexis Aquino ejecutante de Ligas Aéreas, y Antonio Magaña con la Red Aérea. También de México sobresalió Cristian Alejandro en su número de Malabares tradicionales y Cintas Aéreas de Amadeus López. Este último mereció el Premio Colateral de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Por su parte, los artistas colombianos Perla y Jade, las siamesas protagonistas del Aro giratorio, y Mauro y Mary  con su número Bambú Aéreo fueron reconocidos junto a los artistas cubanos del Circo Nacional de Cuba que protagonizaron el Columpio Acrobático y el excéntrico musical Guachipilín.

Circuba: El espectáculo

Siempre hay público frente a la Carpa Trompoloco. Se trata de un espacio para todos, de la salida familiar, de enamorados, de jóvenes intelectuales, de aquellos que van en busca de diversión. Las gradas, los palcos se llenan de chiquillos y adultos cuya capacidad de asombro es la misma, cuyos sueños, tras cada presentación van hacia el infinito hacia lo imposible de hacer en esta vida, hacia lo posible de lograr.

La experiencia empieza justo a la entrada, las largas colas, el bullicio, los mostradores donde se expenden toda suerte de chucherías -¡y a qué precios!-, el corre-corre de todos, trepar a las gradas, desde dónde se ve mejor, Mira, allí están los arneses de seguridad, y aquí están los columpios amarrados. Las luces. La vacilante música de fondo y al fin…comienza “El Circo”.

Sabemos que una estructura competitiva como la de las jornadas Circuba no permite demasiada imbricación entre los números, los cuales aislados se presentan en sucesión. Sin embargo, varios detalles técnicos del espectáculo llamaron nuestra atención sobre el fenómeno que pudiera llegar a ser el Circo, sobre todo pensando en las potencialidades de un espectáculo tan completo como el que se nos propone desde este Centro Cultural.

Por ejemplo sería interesante la constatación de una dramaturgia que estructure los números, que los organice, y también, la construcción de una historia general que los aúne. Asimismo, un acercamiento a la dramaturgia del actor que disponga de una verdad escénica en torno a los roles que caracterizan e interpretan los artistas, que más que solo ejecutantes, sean un personaje escénico en su totalidad. La concepción como un espectáculo, con pequeños guiños teatrales, pudieran ayudar a incrementar el nivel de ficción que siente el público asistente. Entender el papel del maestro de ceremonias, más allá del de un simple anunciante sería un excelente comienzo; hacer recaer sobre esta figura parte del drama, de la “pelea escénica”, la comicidad del espectáculo, daría un giro de ciento ochenta grados a la concepción del mismo. Un maestro de ceremonias en el circo no debe estar exento de cualidades espectaculares, aunque sean mínimas, además de una vis cómica y presencia escénica. Recordemos, por ejemplo que uno de los shows del Ringling Brothers and Barnum & Bailey Circus, tenía como guía escénico al payaso Bello, quien no solo conducía la “acción” de manera silente, era además acróbata, excéntrico musical y protagonista de una historia donde buscaba incansablemente el amor, pasando por los diferente “espacios” donde ocurrían  otros números circenses. Tan simple como seductor.

En la parte cubana vista hay ejercicios que tienen extraordinario potencial, pero que parecen detenidos en el tiempo, según sus construcciones. Por ejemplo, en la ejecución de Melissa en Pulsadas y Contorsiones puede verse un verdadero talento que reside en su capacidad para ejecutar, para salir de las situaciones extremas. Sin embargo, el fragmento final donde tenía que bajar y subir una escalera apoyada en muletillas de mano devenía monótono, ya que el ejercicio se circunscribía solo a eso: “subir y bajar”, sin más estrés, sin más drama que la demostración de su propia fuerza física. Era este un ejercicio que en general evolucionaba, en cuanto a la complejidad, pero su estructura es un tanto trillada y esto atenta contra el interés del auditorio.

En el número intermedio de los payasos Petunio y Cantaleta, una vez más un archiconocido número, “dividir el auditorio en dos partes y hacerles gritar para apoyar a uno u otro personaje”, queda en una mera repetición de la fórmula. La idea es positiva –incluir al público en una “pelea de payasos”-, pero la manera de llevarla a la práctica falla, precisamente por no contar con una buena dramaturgia, con ideas creativas en torno a la técnica. Resulta vital que exista un verdadero director de escena que construya un camino para los actores, amén de las improvisaciones que puedan surgir ya fuera de los ensayos.

Por otra parte, la estructura del circo como espacio debe asimismo renovarse. Existen aún  espectáculos que obedecen a una frontalidad innecesaria, a una concentración de la acción en el “mismo centro”, desechando las posibilidades proxémicas de la arena en su totalidad, olvidando que el circo es justamente “círculo” y no teatro frontal. Esta disposición escénica atenta muchas veces contra la composición del número, los tiempos y los espacios de la acción. De igual manera, el público que no está sentado “de frente”, al no tener una buena visión se pierde de un buen ángulo para distinguir con claridad todas las partes del número, y esto provoca que en ocasiones tenga que “hacer magia” para ver y peor, que en otras se pierda totalmente le interés.

Queda la pregunta: ¿Qué pasará con el circo en tales asuntos próximamente? ¿Tendremos que esperar a un nuevo evento para mejorar estas zonas endebles? ¿No existen en Cuba directores de escena  capaces de llevar a buen término un espectáculo magno como este?

Si el circo es escena y puesta en escena, por qué no crear un camino asociativo entre directores, dramaturgos y críticos con los artistas circenses y demás profesionales de este universo espectacular. Sería beneficiosa una alianza.

Sirva también la posibilidad que nos brinda el Circuba de ver a artistas internacionales, para observar las tendencias que fuera de la Isla existen. Una rara mixtura entre tradición circense y urbanidad, hacen que el rostro de un milenario arte ya esté mostrando renovación. Varios de los números presentados en concurso mostraban una caracterización de personajes-ejecutantes como gente de la calle. Las vistosas mallas de acróbatas se han cambiado por chalecos, pantalones a la moda; en ocasiones, las plumas exóticas como tocado se han convertido en  modernos side cuts

El circo es un arte que desde el los albores del hombre, con más y menos recursos, con fines diversos, ha tenido como punto de mira el divertimento. Se trata de un espacio donde “lo imposible” no existe, a la vez un espacio de juego Pero el divertimiento no debe ser nunca el pretexto para un arte endeble, lleno de fisuras, composiciones o temáticas trilladas. El circo, es vida, es el arte de todos, hagámoslo de la mejor manera posible.

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