Cantando otro Réquiem por Yarini

Por Frank Padrón

Las nupcias entre las tablas y la pantalla grande son antiguas, difíciles, contradictorias. Obras adaptadas, biopics sobre actores y/o dramaturgos famosos, teatro dentro del cine son algunas de esas estrechas relaciones que han arrojado notables –o fallidas- experiencias.

Lo mejor, a mi juicio, como ocurre con otro referente ilustre y preferido –la literatura- tiene lugar cuando del hipotexto (la fuente primigenia) se genera un hipertexto (la nueva obra) suficientemente atractiva y auténtica como para sustentar valores propios, al margen del grado de “vampirización” que ha llevado a cabo respecto al  original.

Es lo que ocurre, a mi juicio, con el filme Los dioses rotos (2008), de Ernesto Daranas, que este mes pasará en copia remasterizada nuestra TV dentro de uno de sus espacios.

Escrita y dirigida por Ernesto Daranas, realizador con una considerable producción cinematográfica (Conducta, Sergio y Serguei…) y tomando como referente sobre todo uno de esos textos que focalizan el famoso proxeneta cubano Alberto Yarini y Ponce de León (la pieza teatral Réquiem por Yarini, de Carlos Felipe, escrita en 1958). Los dioses…sigue a Laura, una profesora universitaria que investiga sobre el tristemente célebre personaje, asesinado a balazos por sus rivales franceses que controlaban el negocio de la prostitución en La Habana a comienzos del siglo XX. Interesada en demostrar la vigencia del legendario personaje, se adentra en una de las zonas más complejas de la realidad habanera contemporánea.

Daranas nos entrega un curioso ejercicio intertextual e intergenérico donde se mezclan varias líneas y registros: partiendo de la tragedia griega como base, recibimos un collage, con mucho de pastiche, en el que hallamos unido a la ficción el “falso documental” –en sus variantes de cine-encuesta y material de archivo-, el thriller erótico, la denuncia social, el melodrama, el noir y el costumbrismo, con no poco de video clip y hasta publicidad. Sin embargo, el resultado es de una coherencia y una lucidez encomiables.

También lo conceptual abarca un registro amplio: a la marginalidad, la prostitución, los antivalores del machismo y el patriarcado que nos ubican en un contexto específico –la Habana a partir de los años 90- retrotrayendo la historia que alimenta el hipotexto –ubicado, como decía, en los inicios del siglo XX también en la capital. La cinta emplaza males universales como la violencia, la superficialidad en las elecciones o el sexo que más allá de su condición de potencial económico implica relaciones de poder, sin olvidar pese a todo, virtudes que florecen en el lodazal que significa el escenario donde tienen lugar los hechos.

Nos enfrentamos a una historia que, pese a las complejidades de su trama y subtramas, muy bien relacionadas en sus puntos de giros y clímax,  consigue atrapar al espectador desde  los minutos iniciales en un guion que descuella por su solidez, y al que no obstante hay que señalarle cierto aire moralizante, demasiado explícito en algunos de sus diálogos con tono  sentencioso, así como el inevitable toque  de refinamiento estético con el que, quizá en el deliberado esfuerzo por trascender los tópicos del pintoresquismo, los abismos clasistas y la estética de solar, ha impregnado el director su puesta.

Puesta que, por otra parte, se apoya en rubros muy bien desarrollados como la dirección de arte, la decisiva edición, la música y la fotografía, sin olvidar por supuesto, las actuaciones: pocas veces el cine cubano ha logrado tal equilibrio entre desempeños individuales y de equipo, teniendo en cuenta sobre todo la complejidad y riqueza de roles que se emparejan con sus pares de la tragedia clásica, en los trabajos matizados e intensos de Silvia Águila, Carlos Ever Fonseca,  Héctor Noas (Premio Caricato de la UNEAC 2009 por su trabajo aquí), Ania Bu, Amarilys Núñez, Mario Limonta, Isabel Santos y Patricio Wood, dentro de un amplio elenco.

Filme que sin dudas representa la vanguardia del cine cubano en lo que va de siglo XXI, Los dioses rotos, premio dela Popularidad en el festival de la Habana, significa también otro feliz matrimonio entre cine y teatro.

 

En Portada póster de la película. Tomado del sitio digital Que tengo pa’ ti