Ballet Folclórico de Camagüey, 30 años como portadores de las entrañas del pueblo

Por Kenny Ortigas Guerrero

Reinaldo Echemendía Estrada recuerda con nostalgia aquellos inicios del Ballet folclórico de Camagüey a principios de los años noventa. Tras una convocatoria de la entonces directora Provincial de Cultura en Camagüey Zenaida Porrúa Obregón y el impulso también de Aurelio Horta Mesa el subdirector provincial, se comenzaba a gestar la que se convertiría en una de las principales compañías de danzas folclóricas del país. En la génesis de todo se afianzaban profundos estudios investigativos de diversos procesos de la cultura popular tradicional como por ejemplo: la evolución de Los Cordoneros de Camagüey, el Bembé de Florida, los congos y también los bailes campesinos de la provincia.

El acercamiento a las raíces de las culturas ancestrales que han formado parte de todo el sincretismo y el proceso de transculturación de la isla, arrojaban material suficiente para engrosar todo el pensamiento ideo estético que sería la base de las acciones creativas del colectivo, así nació el primer espectáculo Cordoneros. El maestro Echemendía se propuso firmemente ir más allá del simple coqueteo con disímiles rituales llevados a escena a través del filtro artístico, sino que hizo de cada montaje un testimonio fidedigno de las estructuras identitarias y religiosas que sedimentan el complejo entramado de la nación cubana.

El abordaje de temas como la migración en Oddí Oché, la marginalidad en Bedoya soy, la muerte en San la Muerte los Muertos y los trances espirituales en un estadío de psicodelia, parte distintiva de muchas de sus obras, han sido sistemáticos dentro de su repertorio, abriendo un camino en cada representación al estudio minucioso de cada elemento expresivo que se pone en escena, cargado de una simbología que es capaz de provocar emociones extremas en cada uno de los espectadores.

El Ballet Folclórico y el teatro han estado unidos inseparablemente, dramaturgia espectacular, interpretación cabal de los bailarines-actores que asumen los trazados metafóricos de esos performers que danzan movidos por historias finamente hilvanadas, son consecuencia del trabajo consagrado de años. Recordar ese clásico del teatro cubano que es María Antonia, de Eugenio Hernández Espinosa, desde la recreación del Ballet Folclórico de Camagüey es acercarse a un concepto esencial dentro de su estética, que lo constituye la teatralización del folclor. Como antecedente se encuentra el espectáculo Iku Lopi Ocha, al que en una de sus funciones en el Teatro Principal de Camagüey, asistió Eugenio y tras la presentación convidó a Echemendía a escoger alguna de sus obras teatrales para convertirla en un espectáculo teatral danzario. Con María Antonia, la compañía experimenta el ascenso a un escalón superior en cuanto a concepción espectacular y dramatúrgica, pues exigió a cada artista la capacidad no solo de bailar, sino también de caracterizar personajes.

El montaje y representación de obras, constituyen solo una fracción del quehacer del Ballet Folclórico de Camagüey. Ha sido generador de eventos y jornadas culturales, que aglutinan a lo que más vale y brilla en el campo del folclor cubano, y lo sitúan en un puesto cimero por la defensa de los valores más auténticos de la cubanidad. Un logro meritorio, es haber organizado los Festivales OLORUM (expansión, luz, proyección), donde participan agrupaciones representativas de toda la isla y se ejecutan acciones teóricas, clases magistrales, talleres teórico prácticos, etc.

Es importante resaltar, que Echemendía no discrimina a nadie por tener una formación profesional o empírica. En estos eventos se da la oportunidad de que todas las expresiones vinculadas a la cultura popular, también tengan un espacio. Lo que debe primar en todo caso es la calidad y entrega. Momento especial para esta agrupación, lo significó el participar en el Primer Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos en la Habana, pues la catapultó dentro del panorama nacional de la danza.

En el año 1996 el Ballet Folclórico atravesó por uno de sus peores momentos, la crisis devenida del período especial casi trae consigo el desmembramiento de la compañía. Algunos de sus artistas decidieron enfocar sus vidas en otros trabajos, algunos de ellos alejados del arte, otros se propusieron crear sus propios proyectos. No obstante la obstinación y resiliencia impregnaron de nuevos bríos a los sobrevivientes y con la guía certera de su director salieron airosos de los avatares.

Otras tierras han sido testigos de la obra del Ballet Folclórico de Camagüey, su arte ha llegado hasta Portugal, España, México, Francia, Italia, Egipto, Marruecos, Colombia…entre otros tantos. En el 2021, cuando ya cumplen 30 años, se sostienen con aires renovados y la inyección de jóvenes bailarines egresados de la enseñanza artística. A ellos les corresponde sostener el prestigio alcanzado con sudor y talento. Reconocimiento también a los fieles que han permanecido y a los que aun ya estando fuera del grupo siguen respetando y colaborando desde el arte. Que el arribo a los 30 años sea incentivo para nuevos retos, para la conquista y realización de sueños. Que por encima de todo continúen siendo portadores de las entrañas del pueblo.

Foto: Archivo Cubaescena

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