Artes Escénicas Cubanas: ¿Quién Le Tiene Miedo Al Check In?

En el siglo XXI valorar el arte, decir lo que está bien o está mal, es un rompecabezas que no pocas veces desemboca en el abismo de nunca acabar. La experimentación y sus credos en las artes escénicas han encontrado vocabularios eclécticos que nos han devuelto propuestas de teatro y danza afincadas en postulados híbridos.

Cuba encuentra su espacio en medio de esa mixtura escénica con un amplio sistema de instituciones, en las que la mayoría de las agrupaciones recibe una subvención a través del presupuesto del estado, lo que implica que se cubren los salarios de los artistas y de los técnicos, las producciones, el pago de derecho de autor; entre muchos elementos que componen la compleja armazón de llevar una obra a la escena. Las subvenciones son rectoradas y administradas por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE), las instituciones nacionales y los consejos provinciales de las artes escénicas en cada territorio, según el caso. En las instituciones, un consejo asesor, integrado por artistas de reconocida ejecutoria y prestigio, analiza y recomienda las mejores prácticas de apoyo a la creación.

El CNAE tiene la responsabilidad de tener una programación balanceada y variada para todo tipo de audiencia. Es su obligación logar que el panorama de las artes escénicas en el país sea diverso y tenga miradas con estéticas diferentes.

Por otro lado, se mantiene una rigurosa observación sobre los precios de las entradas a los teatros, por lo que asistir a una función de las artes escénicas continúa siendo una opción asequible económicamente para el cubano. Sin embargo, la programación presenta un gran desbalance en sus propuestas, con obras de alta calidad y otras que dejan mucho que desear. Cuando encontramos un buen título en cartelera todo está perfecto, pero cuando nos topamos con propuestas de dudosa calidad, con problemas técnicos elementales, salen a la superficie varias interrogantes: ¿Quién es responsable de lo que se muestra en el circuito nacional de teatros?, ¿cómo se decide cuándo una obra debe estar en cartelera y cuándo no?, ¿es posible sacar una obra de la programación por su mediocridad?

El Consejo Nacional de las Artes Escénicas celebra su aniversario 30 en este 2019. Concebido como institución que vela por el desarrollo de varias especialidades, el CNAE está llamado a reorganizar sus catálogos en todo el país. Con esta premisa, un grupo de especialistas desarrolló un amplio programa de visitas de marzo a septiembre de este año. Bajo el nombre de Taller de Intercambio con la Creación Escénica (TICE), la experiencia abarcó todas las manifestaciones que se reúnen al amparo del CNAE.

Yamina Gibert, directora de Desarrollo Artístico de esta institución, explica que el nombre surgió con la intención de que la visita metodológica que necesariamente debe realizar el CNAE a sus agrupaciones, se convirtiera en un verdadero taller de creación escénica con cada grupo existente en el país. Fue la manera, no solo de conocer el repertorio de los grupos, sino de establecer un vínculo directo con los creadores de todas las especialidades. Según Gibert, el TICE también sirvió para que los especialistas más jóvenes ganaran en experiencia, pues algunos se enfrentaban a esta práctica por primera vez.

Rafael Pérez Malo, vicepresidente que atiende el área de Desarrollo Artístico expresó sobre este particular:

“Yo creo que este Consejo perdió el diálogo crítico con el creador, el diálogo no paternalista. Actualmente, por lo general, el acercamiento al creador por parte de la institución es laudatorio y, en buena medida, así es también por parte de la crítica. Es nuestro deber y obligación rescatar el diálogo crítico con la creación. Y, como pasó tanto tiempo sin hacerse, hay reticencia a aceptar cualquier opinión que se le dice a un creador sobre su trabajo.Reconozco que es una práctica compleja porque es difícil, terminando un espectáculo, ofrecer una opinión que siempre va a estar permeada por la subjetividad de quien la emite, por la formación de esa persona, por sus gustos, lo que ha leído, su acervo cultural en general. Pero es algo que debemos hacer.”

En todos los casos, durante las visitas, las agrupaciones tuvieron la oportunidad de decidir qué iban a mostrar. Podía ser una presentación con público, un ensayo, o una obra en proceso. Así se dio la posibilidad de intercambiar con los grupos y comprobar de cerca en qué condiciones estaban, en el momento que llegaba el equipo del CNAE a cada provincia.

En ese recorrido surgieron, como es natural, muchas opiniones a favor y en contra de esa práctica. Un gran número de creadores consideraron que no debían ser juzgados en un momento en que la institución hacía mucho tiempo no realizaba ninguna visita metodológica, otros recibieron el TICE como la oportunidad de superación e intercambio.

Yamina Gibert explica que una buena parte de los artistas lo tomaron como algo necesario y agradecieron en reciprocidad, los consejos oportunos sobre los espectáculos que fueron vistos. La especialista opina que en el recorrido por el país primó el intercambio con la sugerencia eficaz, su equipo no tuvo una actitud impositiva. Gibert considera que fue un proceso de enriquecimiento mutuo, en el que los especialistas expresaron sus opiniones sobre las propuestas observadas y los artistas explicaron cuáles fueron las intenciones de los procesos, desde el punto de vista conceptual y escénico.

Por su parte, Pérez Malo sostiene que hay que retomar el papel de la institución frente a la creación artística.

“Cuba, como cualquier país, tiene desniveles en los resultados artísticos. Hay creadores que tienen una obra mucho más sólida y sobre la cual el diálogo tiene un por ciento más elogioso que crítico. Estos son generalmente los asentados, los que verdaderamente deberían estar en los catálogos. No podemos dejar de mirar la hipertrofia que tenemos en los catálogos. En estos momentos, los proyectos tienen una duración indeterminada en el tiempo. Ese nunca fue la intención de la política de proyectos desde 1989. La lógica debiera ser que un proyecto nace en enero y muere en diciembre. Si hay resultados, la institución tiene la libertad de prorrogarlo, y eso también se ha perdido. Los creadores se han olvidado de cómo surgió el funcionamiento del esquema de proyectos. Eso tiene que ver con la falta de sistematicidad de la institución. El CNAE dejó de hacer estas visitas y perdió el diálogo”

Habría que preguntarse en las condiciones actuales cuál es el sentido práctico de ese esquema, en medio del enorme volumen de agrupaciones de las artes escénicas, que superan las 400. Muchas de ellas ni siquiera cuentan con las condiciones materiales necesarias para realizar su trabajo. La institución tiene como reto el análisis riguroso de esta situación, a la que se suman los problemas de calidad ya mencionados.

Pérez Malo opina sobre la realización del TICE:

“Creo que el carácter del Taller de Intercambio con la Creación Escénica no tiene como objetivo polemizar de mala fe con el creador. La idea es tratar de concebir una atmósfera adecuada, para que asuma la visita de los especialistas del Consejo como un proceso natural, que entienda que la institución tiene el derecho y la obligación de saber qué se proponen los grupos con su trabajo, conocer en qué momento están los procesos de nuevos montajes y dar opiniones, que pueden ser utilizadas o no por los creadores, pero la institución organiza la discusión de proyectos cerca de fin de año con esos objetivos: ver cuáles han sido los resultados en un año y la proyección hacia el futuro más inmediato”.

El equipo de trabajo del CNAE cuenta con dramaturgos, teatrólogos, directores artísticos, profesores, son personas que de alguna forma están insertos dentro de la práctica escénica, por eso en el recorrido se pudo dar un diálogo entre creadores.

Uno de los puntos más significativos en este recorrido del TICE tuvo que ver con los estados de la documentación que avala a los artistas para realizar su profesión dentro de los catálogos del CNAE. Muchas personas que hoy se encuentran ejerciendo en las agrupaciones de las Artes Escénicas en el país, no poseen títulos ni evaluaciones. Resultó característico que la mayoría de los artistas que se encontraban en esta situación coincidían con los grupos que tenían resultados discutibles. El problema apunta también a una selección deficiente de los artistas que ingresan a las instituciones.

Los integrantes del Departamento de Desarrollo Artístico del CNAE pudieron visitar todos los proyectos de las Artes Escénicas que se comercializan por la resolución 70 de 2013 del Ministro de Cultura, en los polos turísticos del país. Uno de los indicios que abundan es que muchos directores de esos espectáculos ni siquiera son artistas, son individuos que se agenciaron la dirección de algunos grupos convirtiéndose en una suerte de empresarios, que no tienen capacidad de  proponer nada a nivel de la creación.

El análisis de la labor de las agrupaciones que trabajan para el turismo ofreció también matices interesantes. En Varadero se pueden encontrar muy buenas agrupaciones de magia. Existen allí propuestas de las artes escénicas que superan muchas de las producciones artísticas que se presentan hoy para el turismo en La Habana, lugar que siempre ha servido de referencia.

Esta suerte de check in al interior de las Artes Escénicas Cubanas arrojó una lista de problemas sobre los cuales el CNAE se está pronunciando de inmediato. Lo primero que aparece frente a dificultades que son obvias es una justificación del creador ante la falta de un resultado artístico, porque no tienen local de ensayo o escasean luces para el teatro. Y es que en todas las provincias no tienen que haber por fuerza agrupaciones escénicas en todas sus especificidades. Tener determinada cantidad de agrupaciones artísticas no puede ser una meta. La lógica apunta a que los territorios deben reforzar aquellas manifestaciones que en verdad cuenten con talento para que puedan desarrollarse. En este sentido, los consejos técnico-asesores tienen que jugar su papel en las provincias, y exigir que se promuevan las obras de mejores resultados en sus territorios.

El vicepresidente, Rafael Pérez Malo, explica que entre los principales problemas recurrentes, se encuentra la inestabilidad en los colectivos por un éxodo permanente entre grupos o entre provincias, y hacia el exterior. Esto se observa más en la danza pero también existe en el teatro. Solo esta razón bastaría para no seguir multiplicando la cantidad de agrupaciones sin resultados artísticos.

En algunos lugares fueron detectadas violaciones en la contratación de personas que no tienen los requisitos; irregularidad en la creación de proyectos que no han sido aprobados por el CNAE; igualmente es habitual tropezar con un repertorio guiado por un líder artístico que sabe lo que quiere, pero con un colectivo con mucha falta de pertenencia al proceso de creación. Esto lleva al facilismo y el acomodamiento por parte de los creadores, que a veces viene signado por las difíciles condiciones en que trabajan; hay poca investigación y desinterés por saber qué obras cubanas se están publicando.

En paralelo existe un fenómeno que es significativo. Hay directores que se consideran genios y lo hace todo en una puesta en escena: los diseños, el texto y su versión, la banda sonora, etc. El teatro ha demostrado, a través de la historia, que se enriquece cuando se nutre de muchas disciplinas, y en un momento en que se le está dando importancia a la especialización, se necesitan miradas diversas que puedan aportar a la obra.

Como curiosidad del recorrido se encontraron grupos que tradicionalmente hicieron teatro para adultos, que hoy han decidido hacer teatro para niños. En algunos casos es evidente que no han ignorado  las normas que rigen una especialidad tan delicada como esa. Esto es un fenómeno que está ocurriendo en todo el país, y no siempre el resultado es bueno. Muchos lo hacen para cumplir con un plan de funciones, pero no porque nazca de un proceso orgánico que se identifica con una línea estética de un líder o de un colectivo. Siempre hay excepciones, y en este caso fue grato ver los espectáculos de teatro para todo tipo de público realizado por Teatro de los Elementos, en Cienfuegos, y Teatro de la Rosa, en Villa Clara.

Específicamente en el teatro de títeres y para niños, la directora de Desarrollo Artístico observa que se han ido perdiendo la especialización titiritera, la manipulación, los detalles del montaje y su cuidado. Hay grupos de teatro guiñol que se encuentran en una situación deplorable, son colectivos que se han quedado en una suerte de limbo representando obras de hace 20 años, sin aportar nuevos títulos a su repertorio. En Holguín, por ejemplo, actualmente no existen propuestas teatrales interesantes ni para niños ni para adultos, el teatro se encuentra en un momento sumamente delicado.

Según afirma la especialista Yamina Gibert, en el recorrido se observó la falta de periodicidad de la evaluación artística, el envejecimiento de los repertorios activos, obras generadas por grupos que sus líderes artísticos fallecieron y persisten en propuestas que han perdido vigencia en su estética con puestas en escena que poco aportan al espectador; serios problemas técnicos de actuación, un gran número de actores con talento pero sin preparación académica, carencia de directores escénicos con preparación para enfrentar obras de envergadura, falta de exploración y pobreza en la selección del repertorio.

Por su parte, en las agrupaciones danzarias se repiten muchos de estos problemas y se suma la falta de rigor en el entrenamiento, propuestas coreográficas con exploraciones pobres en el movimiento, estancadas en vocabularios básicos para una agrupación de danza que supuestamente ostenta el título de profesional.

Gibert reconoce que en la visita del TICE no solo se fue a inspeccionar y argumenta:

“Fuimos consejeros de repertorio, de la conveniencia de tener una línea artística o no, a partir de la capacidad de respuesta de los integrantes de una agrupación. Puede haber equivocaciones y desacuerdos, por toda la carga subjetiva que tiene una práctica como esta, pero como se trabajó más en las cuestiones objetivas y en los problemas técnicos de las obras, tratábamos de estar siempre en sintonía y llegar a un consenso”.

En medio de tal paisaje en las artes escénicas en el país, se impone la pregunta de cómo surgirán nuevos proyectos. Sobre este particular, el vicepresidente Pérez Malo argumentó:

“Creo que la institución sí tiene que apostar por los creadores que generan proyectos, y debe abrirle puertas si son propuestas interesantes, llamativas, pero luego está en la obligación de darle seguimiento, evaluarlo y decirle, muy sinceramente, cuáles son los resultados, y si esos resultados tienen posibilidades para que el proyecto continúe. Ese papel de mediador en la creación artística ha faltado por la institución.

“Desde 1989, cuando surge la posibilidad de la existencia de proyectos diferentes a las grandes compañías, principalmente de danza y teatro, se crea una estructura para que los proyectos tuvieran dinámicas disímiles, y que no se pareciera a lo que se observa hoy en el panorama de las Artes Escénicas Cubanas, donde hay un grupo de colectivos con un nivel alto y una masa enorme de proyectos de dudosa calidad y sin resultados artísticos respetables”.

Ello quiere decir que no se logró el resultado previsto. La balanza se inclina hacia una buena carga de elementos negativos. A pesar de ello en el país existe un grupo de colectivos que se mantiene creando con altos estándares artísticos, reinventándose su trabajo a cada momento, desarrollando encuentros o sumándose a ellos, para mantenerse en una dinámica de creación que les permitan conservar y ampliar sus audiencias. Eso se logra con permanencia y calidad en las propuestas, abriendo espacios de promoción, aprovechando cada momento donde su trabajo pueda ser visible.

Hoy tenemos un cincuenta por ciento o más de integrantes del movimiento profesional de las Artes Escénicas que no procede de la enseñanza artística, son personas que no pasaron por una selección. Ello no quiere decir que no haya personas con talento que puedan insertarse en nuestros catálogos, porque para artistas que surgen fuera de la enseñanza también hay espacio. Asimismo, hay grupos que se han convertido en escuelas y gradúan estudiantes casi todos los años, o han creado sus propias unidades docentes. Son agrupaciones que reciben estudiantes en sus salones de forma permanente, que se han convertido en escuelas y referencia para la enseñanza en nuestro país.

Subir la varilla para elevar la altura de los espectáculos es una medida que no puede esperar más. Cuba es referencia internacional en muchos aspectos de la cultura, y sus Artes Escénicas han marcado pautas a nivel internacional. Mantener un buen nivel es una obligación del CNAE, que hoy reorganiza su estructura y revisa sus catálogos en todo el país, función que forma parte natural de su misión dentro del Ministerio de Cultura.

Redacción Portal Cubaescena

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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