El alma del clown

Hace más de un año que no veo en físico a mi familia de Teatro Tuyo. Nos hablamos, intercambiamos recuerdos, sueños, anécdotas y hasta problemas cotidianos, pero los kilómetros se imponen y cuando vea a mis sobrinos Jean Paul y Victoria, de seguro yo estaré un poco mas viejo y ellos en plena florescencia.

Ayer 16 de abril, Teatro Tuyo ha colgado en el canal You Tube un regalo enorme, de esos que no se van, porque tienen el aroma intangible del arte. Ya Ernesto Parra, ese mago del Oriente cubano, y un hermano para mí, me había comentado de su proyecto de puesta en escena CLOWNSICOS.

Hace rato compartimos la pasión de unir música y teatro, sea de figuras o del género clownesco. Ya lo había logrado a plenitud con Teatro Tuyo en Superbanda Clown, ese espectáculo irrepetible. CLOWNSICOS es otra cosa. Ya dije que era un regalo. El que se da así mismo Parra, desde el agradecimiento infinito a sus artistas inspiración (y agradecer es un acto sanador), y el que nos entrega a los televidentes o internautas, en mi caso ahora, desde una sensibilidad entendida, acogida, recreada y defendida de manera excelente y profesional por el equipo de realización audiovisual al mando de Dalgis Román.

El cubano Erdwin Fernández y su payaso Trompoloco, aparece en escena intenso e ingenuo desde dos canciones de Francisco Gabilondo Soler, más el vivir, no digo el actuar, del propio Ernesto Parra, acompañado por la eficaz Aixa Prowl, en una breve y hermosa aparición que mucho le hubiera gustado a Nilda Collado, lo sé. Luego toca el turno del mimo francés Marcel Marceau y su eterno Bip, siempre tierno y frágil, en la piel de Alejandro Batista, que se ha hecho gigante en Teatro Tuyo, como creador y como ser humano. Ernesto saca del recuerdo a Ferdinando y parece como si todo el pasado volviera en un acto de magia. El payaso alemán, desde el absurdo bondadoso, saluda en la pantalla y luego se esfuma para dar paso al gran Charles Chaplin, revivido en Alejandro Batista el propio día de su cumpleaños (16 de abril). Cierra el homenaje Oleg Popov, el payaso Sol. Si de alguien tiene influencia reconocida Parra es de este ruso que nunca aceptó morirse, hasta que se derrumbó prácticamente en escena en 2016, de ochenta y tantos años. Ernesto lo encarna y lo disfruta como el actor maduro que él mismo es, más allá de sus dotes para escribir o dirigir maravillas como CLOWNSICOS.

Pongo un punto y aparte para hablar de los músicos. Cada pieza que se escucha, en arreglos estremecedores y originales, aún siendo versiones de partituras existentes casi todas, están interpretadas con un buen gusto y una pasión que se enlaza con lo exquisito. Clarissa, Carlos Manuel, Carlos Enrique y Ridel, a los que se suma la cantante Eylen Rojas, para terminar el bordado teatral y sonoro del montaje, nos invitan a volar de manera sublime en las nubes, justo en tiempos donde la ignorancia, la estupidez y lo faciloide se empoderan de una manera increíble, produciendo una especie de pseudoarte donde pocos arriesgan en pos de gustar y ser aceptados, siguiendo el camino de la cultura global, de la subcultura, tan parecida a la basura. Nada en el alma y menos en la cabeza.

Cuando en el final, y para conformar las imágenes más hermosas del concierto de gala que es CLOWNSICOS, aparecen los estudiantes de la Escuela Nacional de Payasos, junto a los infantes de la Compañía Infantil de Teatro Tuyo, en medio de un teatro vacío y lleno a la vez de ARTE, nos damos cuenta que hemos viajado al pasado mediante una exhaustiva investigación que lanza preguntas al futuro desde el presente, en medio de una pandemia devastadora y cruel.

CLOWNSICOS, es el producto donde a sus 22 años, Teatro Tuyo con Ernesto Parra a la cabeza, como un padre de familia, más que como director o pedagogo, abre su alma de clown en flor, tan parecida a la de Trompoloco, Bip, Ferdinando, Charlot o su querido Popov.

¡GRACIAS A TODOS!

Tomado del muro de Facebook de Rubén Darío Salazar Taquechel. Premio Nacional de Teatro 2020