ACOSTA DANZA: UN AÑO DESPUÉS

Por Mercedes Borges Bartutis

En la sala García Lorca del Gran teatro de La Habana Alicia Alonso, la compañía Acosta Danza presentó su Temporada de Primavera, con un programa que trajo algunas reposiciones y un estreno. A sala llena, en su primera función, los jóvenes bailarines demostraron cuánto han madurado en este año, en el que han tenido la posibilidad de conocer estilos diversos, de coreógrafos bien diferentes, un entrenamiento que se convierte en un verdadero lujo para cualquier intérprete.

La noche la abrió El cruce sobre el Niágara, obra de la cubana Marianela Boán que está cumpliendo 30 años en este 2017, demostrando cuán actual puede ser una creadora como ella, que legó a la danza cubana muchas de sus obras más hermosas. En esta ocasión el elenco de El cruce sobre el Niágara estuvo integrado por Carlos Luis Blanco y Alejandro Silva, dos intérpretes que han crecido y se han convertido en piezas fundamentales para Acosta Danza, y lo demostraron en El cruce… con una mixtura muy particular. El contraste de sus colores dio un toque exclusivo a una obra que, generalmente, es interpretada por bailarines con cierto parecido físico. Alejandro Silva ha ido borrando los límites que encontró en un inicio con los intérpretes contemporáneos, para convertirse en un artista lleno de matices. Por su parte, Carlos Luis Blanco muestra una mesura que le permite bordar sus movimientos y demuestra cuánto ha madurado como artista, dejando a un lado los excesos que habitualmente “ensucian” las ejecuciones de los bailarines de danza contemporánea.

Con el estreno en Cuba de Belles letters, de Justin Peck, coreógrafo residente del New York City Ballet, Carlos Acosta deja su clara la intensión de querer conformar un repertorio actual y diverso. La pieza es un neoclásico lleno de dinámicas y formas, que trae en el protagónico a un Mario Sergio Elías en un tope bien alto de sus posibilidades, caminando por el justo medio de las tendencias en que se mueve la compañía.

Por su parte, la pieza Twelve trajo el sentido lúdico y de riesgo de un grupo de intérpretes que se ve, le gusta divertirse en escena. Esta obra se incluye en la llamada danza-deporte, es un trabajo de Jorge Crecis, que ya se había presentado en la temporada anterior y que ahora llega con mayor dominio y seguridad de los bailarines en la escena.

Anadromous es el título que Raúl Reinoso, bailarín y coreógrafo de Aosta Danza, viene perfilando desde hace un tiempo. La coreografía ha ido mutando y hoy muestra un resultado más interesante. Es una pieza pequeñita y concentrada, que permite colocarla en cualquier programa de la compañía. Esta vez muy bien defendida por los bailarines Gabriela Lugo y Luis Valle.

Como un “lobo misterioso” apareció, en el escenario, el propio Carlos Acosta, casi al final de la función, en el famoso solo Two, de Rusell Maliphant. Su presencia en el escenario, como siempre, hizo el delirio de un público que lo sigue venerando. Él mismo es resultado de un recorrido de mixturas y

Cerró la función De punta a cabo, una pieza de Alexis Fernández, que fue incluida en la Temporada Premier de abril de 2016, y que ahora muestra una compañía donde se aprecian los matices y la madurez del elenco, pero que sigue siendo una pieza menor en el repertorio de esa formación.

Acosta Danza cumple su primer año. Es una compañía joven que se abrió un espacio en el paisaje de las artes escénicas cubanas. Un año después, la agrupación sigue dando pelea y rebate los pronósticos de que sería un fracaso, porque solo era un capricho de su director, el bailarín y maestro Carlos Acosta, un artista que ha demostrado querer mantenerse trabajando en Cuba y que nos ha regalado un montón de momentos fabulosos.

 

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