A PARTIR DE UNA SANTA NUESTRA

Entrevista a Yunier Corrales Díaz, director del Grupo de Teatro Callejero Medioambiental (TECMA) y Alejandro García, actor y director artístico de la pieza Santa Nuestra.

Por Carlos Gámez

La inspiración para los espectáculos viene de muchos derroteros. En ocasiones puede llegar de la re-escritura de otros que fueron éxito, durante un período en la evolución de los grupos. Con TECMA sucede así, a veces re-montar, ampliar, re-descubrir, nos trae una conversación para conocer su historia y proyectos futuros.

 

¿Cómo surge TECMA? ¿Hay un ambiente especial que lo propicia?

Somos un grupo de graduados en la Escuela de Instructores de Arte, que un día a través de CEPRODESO (Centro de Promoción para el Desarrollo Sostenible) y los cursos que organiza el Centro Martin Luther King, comenzamos a interesarnos por sus temas y formar parte de la Red de Educadores Populares de él. De hecho, hemos participado en los eventos que se hacen en Pinar del Río.

TECMA nace bajo la ideología de los padres de CEPRODESO, horizontal en busca de la igualdad, de la lucha contra la violencia de la mujer, y otras acciones que contribuyen con la sociedad. Pertenecemos, a nivel nacional, a la red de educadores populares, y a nivel provincial quizás una red más extensa, con varios enlaces a niveles latinoamericanos de la red de educadores populares medioambientales. En Pinar del Río, cada dos años, se organiza un evento latinoamericano que en esta fecha reúne líderes de movimientos sociales. Han participado invitados desde Colombia, de la lucha por la paz de la LAZARET, e incluso otros movimientos que están en pos del agua, del medio ambiente, pero también tocando temas sociales.

De esa fuente nace TECMA, de ahí comienza una línea de trabajo, desde el rescate de los materiales desechables que se pueden reutilizar bajo un concepto ético muy bello, donde cualquier objeto se puede transformar en pos del arte, en pos de la puesta. También el grupo se va nutriendo de estos talleres para enfrentar la vida, al público. Unido a esto la contribución de maestros que no teníamos en Pinar, y lo que había era algo más pequeño a nivel epidérmico que no alcanzaba otros horizontes. Así empezamos a investigar, a participar en eventos como El Callejero, de Matanzas, Habana Vieja Ciudad en Movimiento y nos acercamos a Gigantería. Empezamos a beber de la tradición cubana, latinoamericana, y siempre tuvimos el interés de trabajar estas temáticas, pero sin quedarnos en el “deber ser” bueno, “hay que cuidar el planeta”, “hay que cuidar el agua”; sino también tocando temas más profundos y haciéndole ver al público que hay algo más allá que el arte para transformar, para convertir, y tratamos de separarnos de ese tabú que hay del teatro callejero como un arte simple, carnavalesco, anarquista.

 

¿Crees que la visualidad de TECMA es algo vital? ¿Siempre ha sido igual? Pensaron en ella como algo definitorio más allá de otras ideas que pudieran preocuparlos.

Hay que hablar como algo imprescindible de la ayuda que nos dio el grupo Gigantería. El grupo siempre tuvo esa línea estética de rescatar, de usar elementos desechados para darle una visualidad diferente, atractiva, y con esto trasmitirle al público a través de diferentes códigos: la danza, la música en vivo. Es importante destacar la prioridad que se le dio a lo grandilocuente. Algo que siempre nos ha caracterizado es que todo lo hacemos arriba de los zancos, cosa que no nos reduce, pues también hacemos performance y cosas en el piso, hacemos danza, arte circense, variedades con fuego. Tenemos un repertorio relacionado con el arte en las calles.

La línea del grupo ha ido evolucionando, hemos ido buscando otra base estética, sin traicionar ese concepto de aprovechar lo desechado. Hay algunos espectáculos en los que esto se complejiza, como Santa Nuestra, una obra que quiere resaltar la visualidad para mostrar una imagen cercana a estos orishas del panteón yoruba en todo su esplendor.

 

¿Creen ustedes que el espectáculo Santa Nuestra, se ubica de manera coherente en la dramaturgia de su repertorio?

Santa Nuestra es un espectáculo que mutó, ha cambiado, desde la danza de siete integrantes, organizado por uno de los actores que es graduado de danza, para luego ilustrar los patakíes; de llevar la historia popular a la escena, hasta contar algo más. Una historia que no se quedara en mostrar los bailes y que la gente dijera: ¡Qué bonito esta gente en zancos!

En estos momentos TECMA es un grupo que intenta renovarse, por la situación geográfica de Pinar del Río, una provincia semiactiva. TECMA comienza a pensarse desde la activación de las calles, porque nuestro local está en la arteria principal de la cuidad, así en el mismo trayecto de montaje, la sociedad se va acercando al local y es partícipe. Este espectáculo se nutre y toma de inspiración Mar Nuestro, de Alberto Pedro, además de combinarlo con el proceso creativo que ya habíamos adelantado con el espectáculo Orishas.

Asumimos que era importante centralizar la figura de Oshun y no verla sólo como santa patrona de Cuba, como deidad. La puesta no la piensa como una santa de Cuba, como una santa patrona, sino como una deidad y punto. Nosotros sentimos la necesidad de mostrar que hay algo más allá de Oshun, más allá de la puta, de la mujer fácil; hay también una mujer apasionada, piadosa, benevolente, pero también irancunda, valiente, en resumen una Mujer.

 

¿Tiene esto alguna relación con que ustedes pertenezcan a la Red de Educadores Populares?

Sí lo creo, de hecho me parece que ya forma parte del espíritu del grupo. No creemos tampoco que siempre estaremos en la misma cuerda y estamos ya en la cima porque nos falta mucho por decir y por hacer. No nos interesa ahora mismo el arte vacío que sólo es trapo y lentejuela, con una visualidad muy bella pero que no transforme a ese público ante el que estoy actuando. Para desde ahí pensar una Cuba mejor, revolucionaria. Qué cosa puede ser transculturación y desde ahí vamos hacia el arte, sin traicionar nuestros principios y para decir lo que queremos de manera sincera y sin ofender a nadie. Es un espectáculo que trata un tema religioso y tratamos de mediar entre el arte y la religión; pero de igual manera no es una demostración religiosa, es una demostración artística. Nuestra Oshun no se parece a la del panteón yoruba, quizás ella nos está mirando desde arriba ahora sonriendo por eso.

 

¿Cómo se relaciona la visualidad de este espectáculo con el resto del repertorio?

No creo que el grupo haya desechado su línea. La belleza de este espectáculo no es la misma de otros que hemos trabajado con materiales desechables. Esta imagen está relacionada con la propia estética de la religión yoruba. Detrás de la belleza de este vestuario, relacionada con los altares, con la cultura religiosa, hay un pensamiento, la manera de plantear una preocupación, y la prueba de que el grupo ha seguido evolucionando, una visualidad más grande que Orishas, el espectáculo desde el que Santa Nuestra partió, desde la purpurina, el velo y la saya corta para las chicas.

 

¿Por qué venir al Callejero? ¿Crees que es una plaza importante?

Yo creo que es una deuda con el arte callejero, porque últimamente se está introduciendo en muchos programas de Casas de cultura el arte de calles, pero venir al Callejero significa ver cómo va en Cuba, y en otros países del mundo, porque ya hay participación extranjera. Y desde ahí compararnos. Creemos que venir al Callejero es un compromiso y una oportunidad, pero más bien de cofradía, de un gremio que a veces estamos dispersos.

Creo también que el Callejero tiene que repensarse, replantearse ciertos puntos: hacia dónde voy, cómo verdaderamente veo el festival, con qué objetivos cuento. Porque a veces con querer abarcar podemos perder, a veces también una curaduría acertada, y también investigativa, porque hay grupos que están naciendo ahora mismo y que sería interesante darle la oportunidad.

 

¿Algunos proyectos futuros que quieras compartir con nosotros?

En estos momentos estamos encausando Hércules, un texto de María Laura Germán, y con dirección artística de William Quintana, ambos del Portazo; es como un puente, Matanzas-Pinar del Río, saltándonos La Habana. Es un musical farcesco, con una cuota buena de cubanía y su buen mensaje subliminal; seguimos el teatro de calle pero en este momento nos alejamos quizás más de lo itinerante, del zanco, nos acercamos más al público y a lo que es la tarima y el cabaret.

 

 

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