DE BUENAS INTENCIONES ESTÁ LLENO EL CAMINO AL FRACASO

Por Maritza López González

Cuba espectacular, una propuesta que por estos días ha estado en cartelera en el Café Brecht, y protagonizada por el grupo Assen Dance Habana, se distancia del tema que propone su título. En primer lugar y sin poner en tela de juicio el adjetivo de “espectacular”, resulta una recopilación de géneros musicales fusionados, y por tanto, poco definidos. Entre ellos el porciento de música cubana y su protagonismo están en desventaja. Como consecuencia de esto sucede lo mismo con el lenguaje danzario. Esto hace injustificada la utilización de Cuba como referente. Por el contrario, confunde al espectador que espera una puesta en escena muy cubana y no satisface sus expectativas al respecto.

El término “ecléctico”, referido en las notas del programa, no es el adecuado. El eclecticismo es una mezcla de estilos y en este caso no hay estilos definidos ni musicales ni danzarios, es solo una combinación aleatoria de imagines y sonoridades sui generis, poco sustanciales pero efectistas, que en ocasiones sorprenden con  arreglos musicales  interesantes.

Las coreografías realizadas, según criterio del creador, parten de la técnica danzaría conocida en Latinoamérica como Jazz. Por momentos, desarrolla diseños espaciales y corporales que pueden ser atractivos, pero muy elementales para una compañía profesional que se autodefine como el “Jazz Ballet de Cuba”. El resto de la obra se pierde en recursos inconexos, manidos y grandilocuentes que propician la sobreactuación del elenco danzario, elemento que es asumido con mucha fuerza y pocos recursos.

El diseño de vestuario no favorece la puesta ni aporta al objetivo de mostrar una “Cuba Espectacular”, (es en ocasiones vulgar y poco creativo). Algunos accesorios elegantes, en su concepción, resultan inapreciables.

La utilización de las luces como recurso escénico es pobre y las imágenes de video y fotografía solo logran integrarse por momentos con lo que sucede en el escenario, al punto de ser innecesarias, en muchas ocasiones.

Valdría la pena señalar la búsqueda de otros derroteros y la reinterpretación  del género de “espectáculo musical”. Nos identificaron y nos representaron en el mundo como cubanos con mucho decoro, siempre proponiendo nuevos destinos y lecturas; y no reinterpretando nuestro acervo cultural festinadamente. Este tipo de espectáculos tiene sus reglas. Es necesario conocerlas, para poder violarlas o violentarlas. Hay que hacerlo con base y no por simple esnobismo.

Ojala su creador analice el resultado, sea autocrítico y logre encaminar sus esfuerzos en una mejor dirección. No dudo de la pasión, traducida en las notas del programa: “Es difícil para nosotros describirte algo que no se hizo con palabras sino con sentidos, algo que solo fue creado para celebrar el orgullo de ser cubano con la única ambición de hacerte feliz, con esa felicidad que es nuestra divisa y en definitiva la que nos va a inmortalizar”.

Aprecio el largo recorrido para lograr tan compleja puesta en escena, pero tristemente de buenas intenciones está lleno el camino hacia el fracaso.

 

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