La dirección del proceso artístico-pedagógico en escuelas formadoras de bailarines

M. Sc. Lídice Garrido Arredondo[1]

Las escuelas de danza y ballet, responsabilizadas socialmente con la formación de artistas profesionales en Cuba, existen y se preservan en la sociedad cubana no solo por sus aportes incuestionables al arte danzario, sino más allá de esto, por su contribución a la preservación de la cultura nacional, al incidir activamente en la salvaguarda de la memoria histórica, el patrimonio artístico y las tradiciones danzarias propias, y la defensa de la identidad cultural desde la formación integral de los bailarines.

Como instituciones especializadas, las escuelas de danza y ballet tienen el encargo social de formar integralmente bailarines y profesionales de la danza en general, con elevado desarrollo artístico, técnico, pedagógico y humanístico, y una formación ciudadana que les permita no solo ser excelentes bailarines, coreógrafos, regisseurs, maîtres, profesores especializados o maestros de escuelas, sino también hombres y mujeres comprometidos con el desarrollo de la danza en Cuba, la defensa de nuestra cultura y tradiciones danzarias, y la preservación de las técnicas cubanas de ballet, danza moderna y danzas folklóricas.

Pero, ¿cómo asumir y llevar a feliz término esa responsabilidad social, si no siempre se cuenta con el claustro ideal, capaz de -o por lo menos dispuesto- a enfrentar las complejidades psicopedagógicas de los estudiantes, la enseñanza aprendizaje de las asignaturas de la especialidad y la escolaridad, la organización de los procesos internos de la escuela de danza o ballet?

La realidad esbozada me permite identificar como problema científico: ¿Cómo contribuir a la preparación de los artistas de la danza para la dirección del proceso artístico-pedagógico en sus diferentes esferas de actuación profesional? El objetivo de este trabajo es: analizar las potencialidades y limitaciones de la Pedagogía de la Danza para la formación de un artista capaz de dirigir el proceso artístico-pedagógico en sus diferentes esferas de actuación profesional.

La formación pedagógica de los artistas de la danza transcurre simultáneamente con su formación técnico-artística, en un sistema de influencias complejas que se producen en lo que la Dra. C. Hortensia Peramo (2011) definió como el campo artístico-pedagógico. Las especificidades de este proceso, fundamentalmente en las escuelas de arte (pp. 18-24), así como la complejidad del mismo, que no es puramente artístico ni propiamente pedagógico, sino una articulación dialéctica de lo artístico-pedagógico (pp. 25-35) —aun cuando la mayor parte de los egresados se desempeñan profesionalmente en las prácticas artísticas—, aparecen fundamentadas en la obra de Peramo, con énfasis evidente en la responsabilidad social de la academia de arte[2] dada en la formación de un determinado tipo de artista.

En el caso específico de las escuelas de danza y ballet, el tipo de artista que demanda la sociedad está representado en un bailarín o coreógrafo de alto nivel técnico-artístico y pedagógico, capaz de  desempeñarse también como regisseur, maître, profesor especializado o maestro de escuela en las instituciones del Sistema Nacional de Enseñanza Artística, las compañías e instituciones del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, las compañías e instituciones del Instituto Cubano de la Música, y las instituciones del Consejo Nacional de Casas de Cultura (MES, 2019, p. 8), entre otras.

Las escuelas de danza y ballet enfrentan dinámicas propias en sus procesos formativos, que abarcan desde la higiene en la confección de los horarios docentes y la distribución del fondo de tiempo para los entrenamientos —cuestión de evidente complejidad porque requiere del maestro un significativo esfuerzo físico e intelectual—, la preparación teórica especializada y la formación general, hasta la necesidad de espacios propicios para el aprendizaje artístico y técnico, humanístico y de la creación danzaria, el control y educación de las prácticas alimentarias, o la atención particularizada a estudiantes con necesidades educativas especiales.

Los estudiantes de las escuelas de danza y ballet son niños, adolescentes y jóvenes con aptitudes psicosomáticas para el arte coreográfico, seleccionados en rigurosos procesos de captación, y decantados en los años de estudio o los pases de nivel[3], para lograr, al final del proceso, un artista de la danza con amplias potencialidades para desempeñarse en los ámbitos artístico y pedagógico, en las esferas de actuación profesional antes mencionadas.

Lo expresado anteriormente hace que los estudiantes de danza y ballet centren sus esfuerzos y atención en los entrenamientos artísticos que los preparan para su desempeño como bailarines, en ocasiones sin recibir suficientes influencias educativas que los orienten vocacionalmente hacia otros roles que también la sociedad demanda. En este sentido, el sistema de influencias artístico-pedagógicas debería encaminarse hacia esa preparación metodológica y humanística con mayor énfasis, además de centrarse en las habilidades profesionales de un bailarín de danza contemporánea, folklórica o ballet, necesarias para vencer los ejercicios de pase de nivel elemental y medio.

La formación pedagógica de este bailarín está más orientada hacia una Didáctica General, a veces distanciada de la práctica de los entrenamientos y el hacer artístico, y por ende, orientada hacia la apropiación de determinadas pautas metodológicas para la enseñanza de la danza o el ballet en clases especializadas, sin trascender hacia la planeación de las actividades artísticas y pedagógicas, la organización de otros ámbitos como los departamentos y cátedras, el funcionamiento de las sub-direcciones artístico-pedagógicas o la dirección de la escuela de danza o ballet.

En el caso específico de las escuelas de ballet existe la tradición de un perfil profesoral, que enfatiza especialmente en la metodología de la escuela cubana de ballet, centrada en la enseñanza de los pasos y las maneras de impartir la técnica del ballet en Cuba. Lo óptimo sería poner a dialogar esta metodología particular tan delicada, con los presupuestos teóricos, metodológicos y prácticos de la Pedagogía y la Didáctica General, como ciencias capaces de ser lo suficientemente flexibles para singularizar y expandir la formación integral de ese profesional, a partir de los modelos concebidos en los planes de estudio.

En el nivel universitario, los saberes pedagógicos, didácticos y metodológicos asociados a la enseñanza de la danza, tienen el encargo de completar esa formación del artista para la dirección del proceso artístico-pedagógico en las instituciones formativas, a distintos niveles, pero esa aspiración no siempre se evidencia en los resultados de la práctica laboral y el desempeño profesional de los egresados, cuestión que se ha tratado de resolver a partir del Plan de Estudio E de la Licenciatura en Arte Danzario, y que el tiempo y la práctica nos irán trazando los derroteros del perfeccionamiento.

Las escuelas de danza y ballet son instituciones donde los bailarines egresados de nivel medio o superior, ejercen como maestros de su propio perfil danzario; pero ya se ha hecho referencia a algunas de las limitaciones de estos profesionales para la dirección del proceso artístico-pedagógico en escuelas formadoras de bailarines. A esto se suma que las escuelas de danza y ballet gestionan un claustro muy heterogéneo, que incluye profesores y maestros de la formación general, personal especializado para las asignaturas teóricas de la danza, y maestros o creadores de la vanguardia artística para los entrenamientos danzarios, lo que hace más compleja la organización docente.

En las actuales circunstancias sociales y culturales del país, agravadas por años de depresión económica, el bloqueo imperialista, el robo de cerebros y la dimensión cultural de la guerra no convencional, todo esto muchas veces unido a la ubicación geográfica de algunas escuelas y las limitaciones actuales en el transporte, hace que se torne más difícil la gestión del claustro, así como su estabilidad y superación, en aras de optimizar el proceso artístico-pedagógico para alcanzar resultados superiores.

La gestión y superación del claustro se une a las limitaciones señaladas en la formación pedagógica de los bailarines —necesidad no siempre concienciada—, y constituye así un reto para los decisores en las escuelas de danza y ballet, aspecto este que puede ser enfrentado desde los fundamentos y herramientas metodológicas ofrecidos por la teoría de la dirección educacional, pero adecuados a las especificidades del campo artístico-pedagógico y sus procesos particulares en las escuelas formadoras de bailarines, algo aun insuficientemente sistematizado y fundamentado desde el punto de vista teórico, y por tanto, limitado a la empiria y algunas iniciativas individuales de cuadros de dirección, metodólogos y maestros.

A todo lo anterior se suma que las escuelas formadoras de bailarines requieren un personal de servicio y de apoyo a la docencia diferente al de otras instituciones educativas, que incluye a músicos, cantantes, bibliotecarios especializados, etc., capaces de insertarse a la dinámica del proceso artístico-pedagógico, en los diferentes espacios físicos del edificio escolar, también con características que lo distinguen de las escuelas dedicadas a la enseñanza general, de otras escuelas de arte y de los locales y salones de ensayos, clases y entrenamientos en las compañías danzarias.

La gestión de los recursos humanos y materiales necesarios para el proceso artístico-pedagógico en la formación de bailarines, así como el acondicionamiento de salones y espacios áulicos de acuerdo con las edades y el desarrollo somático de los estudiantes, ajustándose a los requerimientos higiénicos de los entrenamientos danzarios y el proceso de enseñanza aprendizaje de las asignaturas teóricas de la especialidad y la escolaridad, unidos a la distribución de los horarios docente y de vida, y la necesidad de garantizar un ambiente institucional propicio para la creación danzaria, el desarrollo emocional y las relaciones interpersonales, son retos que impone la institución formadora a sus maestros y directivos, que requieren ser atendidos científicamente desde los presupuestos teóricos y metodológicos de la Pedagogía de la Danza y las didácticas particulares[4], ahora complejizados por la nueva normalidad impuesta por la covid-19, y el hecho de ser la danza un arte colectivo con todos los riesgos pandémicos asociados.

Ante esa problemática social esbozada, que tipifica y determina el proceso artístico-pedagógico en las instituciones formadoras de bailarines en Cuba, he acudido a la Pedagogía de la Danza y las didácticas particulares, con el objetivo de encontrar fundamentos teóricos, metodológicos y prácticos indispensables para la dirección de estas instituciones, de modo que se cumpla el encargo social determinado en las políticas cultural y educacional trazadas por el Partido y la Revolución, más aun cuando la dirección del país nos convoca a dirigir los procesos formativos y sociales desde la ciencia.

Es oportuno precisar que no siempre se dispone de un cuerpo teórico sistematizado de las experiencias y resultados de la Pedagogía de la Danza en el contexto cubano. Estas ciencias todavía están centradas en las experiencias prácticas individuales y la oralidad, y no ofrecen suficientes conocimientos y habilidades profesionales pedagógicas para formar artistas de la danza capaces de asumir la dirección del proceso artístico-pedagógico en escuelas formadoras de bailarines, en los niveles elemental, medio y superior.

Más allá de esto, la Pedagogía de la Danza y las didácticas particulares, básicamente sustentadas en experiencias individuales de maestros y artistas de la danza, no recoge en su cuerpo teórico y metodológico suficientes conocimientos ni métodos para la dirección educacional, la organización escolar, la investigación educativa, las didácticas particulares de las asignaturas teóricas de la danza[5], y aun más, las didácticas de las asignaturas generales, que no están lo suficientemente contextualizadas, desde la profesionalización del contenido, en la formación del profesional de la danza.

Sin dudas, se está ante una problemática social que requiere ser atendida por la Pedagogía de la Danza y las didácticas particulares, y sin embargo estas ciencias no se encuentran en un estado del desarrollo investigativo que les permita afrontar los retos que le impone la cotidianidad en la formación académica del bailarín, su deficiente preparación para dirigir el proceso artístico-pedagógico en las escuelas de danza o ballet, y menos aun en otros espacios profesionales como son las compañías danzarias.

En el terreno de las tecnologías que debían ser aportadas por artistas y pedagogos del arte danzario, debo señalar que, aun con las iniciativas individuales sistematizadas y a veces generalizadas en la práctica, y las experiencias pedagógicas registradas, no se han concebido suficientes instrumentos, herramientas de trabajo, estrategias, verdaderamente forjados sobre bases científicas, que trasciendan el empirismo y la práctica improvisada en su concepción y aplicación.

Las limitaciones en la ciencia y la tecnología para enfrentar los problemas y retos sociales a la formación del bailarín, genera innumerables consecuencias que se aprecian en el funcionamiento de las escuelas de danza y ballet, como son la inestabilidad de los claustros, las limitaciones en la preparación artística y pedagógica para dirigir los procesos, las dificultades en el aprendizaje y el desarrollo integral de los estudiantes, el enquistamiento de las prácticas pedagógicas, entre muchos otros que patentizan la necesidad de enfrentar esas realidades desde la ciencia y la tecnología, pero eso impone redimensionar, reconfigurar y hasta componer el exiguo y disperso cuerpo teórico y metodológico de la Pedagogía de la Danza y las didácticas particulares, en diálogo sistemático con los aportes de la Pedagogía y la Didáctica General, las didácticas de otras disciplinas y manifestaciones artísticas, la Filosofía de la Educación, la Sociología de la Cultura, la Psicología Pedagógica y del Arte, y otras áreas del saber humano.

Fuentes Bibliográficas

Alonso, Alicia. (2010). Diálogos con la danza. La Habana: Editorial Letras Cubanas.

Alonso, Fernando. (1988). Trayectoria de la enseñanza   del   ballet en Cuba.  En Anuario de la Enseñanza Artística.  No. 2.  Ciudad de La Habana: Editorial Pueblo y Educación.

Alonso, Fernando.  (1996). La formación del bailarín.  En Cúpulas (4): 53-56. Ciudad de La Habana: Instituto Superior de Arte.

Balbuena Gutiérrez, Bárbara. (2010). La Facultad de Arte Danzario: logros y nuevos retos en el quehacer artístico-pedagógico de la danza en la Universidad de las Artes. En Cúpulas (1) Nueva época. La Habana: Instituto Superior de Arte.

Bosh Fernández, Aurora.  (1998). El Maitre de Ballet. Una experiencia de la Escuela Cubana.  Tesis en opción al título de Doctor en Ciencias sobre Arte.  Instituto Superior de Arte, La Habana.

CNEART (Cuba). (s/f). Programa de la asignatura Didáctica General.

Guerra, Ramiro. (1999). Coordenadas Danzarias. La Habana: Ediciones Unión.

Guerra, Ramiro. (2000). Una metodología de la Danza moderna. Ciudad de La Habana, Instituto Superior de Arte. Colección Estudios teóricos.

MES (Cuba). (2019). Plan de Estudio “E” Carrera Arte Danzario, 103 p.

MES (Cuba). (2019). Programa de la disciplina Estudios Psicopedagógicos de la Danza. En Plan de Estudio “E” Carrera Arte Danzario, pp. 57-64.

Peramo Cabrera, Hortensia. (2011). El campo artístico-pedagógico. Ciudad de La Habana: Ediciones Adagio, 239 p.

Romero Otaño, T. (2006). Escuela cubana de Ballet: el método y la clase.  En Acalán (41): pp. 25-27. Universidad Autónoma del Carmen, México.

Saá Bello, R. de. (s/f). Didáctica y Metodología del Ballet. Nivel elemental. Texto en proceso editorial. La Habana: Coedición Cúpulas-Adagio.

Universidad de las Artes (ISA). (s/f). Programa de la asignatura Pedagogía de las Artes del Movimiento. Documento digital inédito.

[1] Directora de la Escuela Nacional de Danza y profesora de la Facultad de Arte Danzario de la Universidad de las Artes (ISA).

[2] Esto nos lleva a plantearnos el problema de la relación entre currículo e ideología, entre proyecto formativo e ideología que trasciende lo artístico para implicar lo social. (…) (Peramo, 2011, p. 25)

[3] Examen que permite transitar desde una educación vocacional en el Nivel Elemental, a una formación profesional en el Nivel Medio de la Enseñanza Artística. Este ejercicio profesional acarrea conflictos psicológicos y sociales que condicionan y muchas veces inciden sobre los resultados.

[4] Entiéndanse en ellas las didácticas de las prácticas danzarias o metodologías específicas para la enseñanza aprendizaje de las técnicas cubanas de danza moderna, danza folklórica y ballet.

[5] Las asignaturas teóricas de la danza han sido regularmente impartidas por profesionales de vasta experiencia en los ámbitos de la teoría, la historia o la crítica de la danza, y las escuelas no han sido lo suficientemente efectivas al gestionarles una preparación didáctica consistente, indispensable para enfrentar el proceso de enseñanza aprendizaje. Incluyo en esta aclaración, la enseñanza universitaria de la danza.

Foto de portada cortesía de Ernst Rudin

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