Eduardo Sandoval: a todo trombón en el Teatro Martí

Por Isachi Durruthy Peñalver

Uno de los mayores aciertos de Eduardo Sandoval es su manera particular de aunar energías capaces de edificar nuevas perspectivas para el trombón como instrumento solista.

Estas credenciales del joven instrumentista y compositor ya habían alcanzado notoriedad con su segunda producción discográfica Más trombón que nunca, licenciada bajo el sello EGREM y presentada al público, por primera vez, en el Teatro Martí el pasado año.

El álbum, que contó con la producción de Alain Pérez, resultó ganador del Premio Cubadisco 2016 en la categoría de Jazz y además estuvo pre nominado a los Latin Grammy.
Su regreso al histórico coliseo de la calle Dragones estuvo marcado por una interesante propuesta para el fin de año: un concierto de trombones cubanos.

Más que protagonista, Sandoval deviene ente unificador de una congregación de jóvenes trombonistas egresados de la Escuela Nacional de Arte y del Instituto Superior de Arte, así como prestigiosos exponentes reconocidos dentro del panorama sonoro de la Isla, entre los que no podríamos dejar de citar a los maestros Alberto Batista, Ivanovich Garzón, Ariel Grillo y Osley Patridge.


Llama la atención la matizada selección del programa. Desde el sorprendente cuarteto ejecutante de la obertura de Guillermo Tell de Gioachino Rossini, pasando por la ensoñación nostálgica del Humoresque de Anton Dvorák hasta el sublime cierre colectivo con Hallelujah de Leonard Cohen se dibuja un panorama enriquecedor, dinámico, ascendente a nivel emotivo y cautivador en su afán de demostrar las múltiples potencialidades expresivas del instrumento. En tal sentido la diversidad de formatos en cada tema reafirma esa intención multiforme: las transiciones de dúos a cuartetos, pasando por octetos hasta la gran amalgama final fluyeron con gran acierto.
Uno de los grandes méritos de este concierto es haber resaltado el talento emergente de nuestras escuelas de arte, los alegóricos villancicos Joy to the World y Jingle Bell, ejecutados por los pequeños Denzel Patridge y Sibiel López, de sólo 14 años, fueron muy celebrados por el público. Igualmente fue ponderado el papel de las mujeres, no solo en el nutrido grupo que distinguimos en la orquesta, también disfrutamos de una seductora versión de Summertime, standard de George Gershwin, por un octeto de alumnas con un alto potencial interpretativo.
Los invitados especiales Cucurucho Valdés, al piano, y la cantante Luna Manzanares, brindaron emotivos momentos musicales, con las piezas Lucas y Victoria y Amor, respectivamente.


Más allá del notorio papel del trombón en la historia de la música popular cubana, Eduardo Sandoval ha sabido detectar y consolidar con paso firme su visión renovadora del instrumento en la escena musical contemporánea. Heredero del prolífero camino experimental trazado por el maestro Juan Pablo Torres (1946-2005), en su horizonte convergen variadas fuentes que no se disputan el protagonismo sino que son asumidas como parte de una genuina libertad creativa y una personalidad extrovertida, diáfana y en extremo comunicativa en la escena.

El jazz, la timba, la música clásica, la profunda huella de los ritmos afrocubanos le aportan a este joven una coherencia y versatilidad que no dudamos continuará in crescendo en los próximos años.

Fotos Buby Bode

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